23 de enero 2014, Bueno Aires, Palermo.
De tardecita, sonreíste al ver tu casa y que a los segundos,
te estés bajando del auto de tu familia.
Lo primero que hiciste fuiste sacar la ropa a lavar que
usaste estos cuatro días allá, para que después te recuestes en tu cama, para
adormilarte un poco. Necesitabas descansar un poco, después de cuatro horas de
viaje, en el cual no pudiste pegar un ojo, necesitabas de tu cama.
Fue cuando la vibración de tu celular tan molesta te
despertó con una llamada de Zaira, y te diste cuenta que ya era hora de cortar
la mini siesta que hiciste.
― ¿Hola? –Tu voz de dormida
― ¡Pau! –Su emoción –Decime por fis que ya llegaste –Y
sonreíste. Te refregaste tus ojos y suspiraste.
― Sí, hace un ratito, lo que pasa que llegue, saque la ropa
a lavar, y me acosté. ¿Cómo estas negrita?
― Que morcita. Todo bien, estamos todos en casa, ¿queres
venir?
― Eh dale, báncame que me duche así me despierto un poco
–Rieron.
Hace cinco días que no la vez, como a todos los chicos,
menos a Pedro, que a él hace como más de una semana que no se ven, porque él se
fue con su familia a pasar unos días a aquel campo que fuiste invitada, y vos a
los dos días te fuiste junto a tu familia a pasar unos días en Mar de las
Pampas, lugar sencillo, pero muy lindo, y en verdad, la pasaste muy bien junto
a tu familia, sin dudas son los mejores.
Decidiste salir de tu cama, para perderte en el baño, y que
te duches, para después salir, y una vez ya lista, avisar que ibas para lo de
Zai.
― ¡Pau! – Nori, y que te abrace, que la abraces - ¿Cómo
estas mi amor?
― Hola Nori, muy bien, ¿vos? –Sonreíste.
― Bien, acá, planchando un poco –reíste – contame, ¿Cómo les
fue? ¿Cómo la pasaron? Llame a tu mamá pero ni bola
―Re bien, todo hermoso… Mamá estaba haciendo lo mismo que
vos, planchando, no le da mucha bola al celular
― Me imagine… Los chicos están en el patio, pasa tranquila.
― Dale, permiso Nori.
Llegaste y los vistes, todos en una ronda sentados en el
pasto, tomando mate y comiendo.
― ¡Buenas! –Y sonreíste.
― ¡Al fin! –Dijo Thiago con una sonrisa – Hola Pochi –Y que
sonrías.
No sabes porqué pero estas un poco movilizada en verlos,
capaz, porque en unos días te vas y no sabes hasta cuando lo vas a volver a
ver, hasta cuándo va a ver reencuentro.
Saludaste primero a la dueña de la casa, con un abrazo
enorme, y después al resto hasta llegar a Pepe y que se sonrían, para
abrazarse. Hace mucho no se veían, y se extrañaron.
― Hola feíto –Dejaste un beso en su mejilla - ¿Cómo estás?
― Bien, te extrañe –Y se sonrieron, para darse un besito
chiquito.
― Yo también –Murmuraste para ver a tus amigos, y que los
estén viendo, y que rían, divertidos - ¿Qué hacían?
―Tomábamos mates –Dijo Cele - ¿Cuándo llegaste Pau? ¡Estas
re negrita! –Y que rías.
― Es verdad, un colorcito tenes –Estuvo de acuerdo Rochi.
― Llegamos a eso de las cinco, pero entre que ordene un poco
la ropa, se hicieron las seis, y me acosté un ratito, hasta que me llamo Zai
― ¿Qué tal Mar de las Pompas? –Pregunto Thiago, para que
rían el resto.
― Es muy lindo, posta… Nada que ver con Pinamar o Mar del
Plata, es muy sencillo, y da una paz, les juro… ¿Y ustedes, que hicieron?
Entonces comenzó una charla muy linda: vos contaste lo bien
que lo habías pasado con tu familia, lo divertido que fue subirte a la “banana”
con tu papá y Delfi, que no saliste, pero conociste a dos chicas en la playa y
se ponían de acuerdo para ir a la playa juntas, que te encanto el lugar. Pepe
conto como le había ido en el campo, y te diste cuenta que estaba un poquito más
negrito, más lindo, dijo que necesitaba esa tranquilidad que solamente el campo
te la puede dar, y que había vuelto listo para empezar con todo con los
exámenes de ingreso a la universidad. Romí, Cele y Lali en cambio ya empezaron
con los estudios, ya que la primera semana de febrero se iban unos días de
vacaciones con sus familias. Gas y Thiago contaron que ya se están preparando,
pero que no hay mira de que viajen, y Rochi ya tiene todo organizado, porque
ella empieza la primera semana de febrero… Y no le queda nada.
Otros temas surgieron, y la verdad, estos te gustaron más,
el pensar en que solamente en una semana y media te vas a Rosario, sola, junto
a Zai, para que cuando terminen de instalarse, a la otra semana, ambas empiecen
con los estudios, y así sucesivamente, que no sabes cuándo vas a volver a tu
casa, a estar con el resto de tus amigos, a estar con Pedro. Tratas de
relajarte, te decís a vos misma que tenes que estar tranquila, y haces un
esfuerzo enorme.
Nora hizo unas pizzas riquísimas, para ustedes, quien
colaboraron y llevaron gaseosas y postre, cenaron en el patio, al aire libre,
mientras tus papás junto a los de Zai comían adentro.
― Hola –Te acercaste a él, quien charlaba con Gas de quien
sabe qué. Él te sonrió y te abrazo un poquito.
― Estas muy linda, y muero de miedo –Te murmuro al oído, y
reíste.
― ¿Por qué el miedo? –También se lo dijiste de la misma
manera, en su oído.
― Porque estas muy linda.
― Tendrías que estar feliz de tener una novia tan diosa como
yo –te agrandaste, divertida, para que él te sobre y rían juntos.
― ¿Vamos a casa después? –Te pregunto, después de que vos le
digas a Lali la hora: 00.30.
― ¿A qué?
― No sé, a estar un poco solos, te extraño.
―Si estamos acá, juntos, bobo –Le sonreíste, y acariciaste
su cara.
― Ok, está bien, si no queres.
― No es que no quiera –dijiste con una sonrisa – pero no
entiendo.
― Despues soy yo el que no entiende nada –Y reíste, varias
veces se lo dijiste. Te pusiste enfrente de él, para rodear con tus brazos su
cuello
― No das más de tarado –Lo besaste, dulcemente, por varios
segundos
― Es que acá no me puedo expresar –Dijo divertido, y vos
reíste- es verdad, a diez pasos los tengo a tus viejos, están los chicos… Y no
te puedo dar besos, tranquilo, no te puedo decir lo tan buena que estas, no
nada –Y que rías.
― ¿Te da vergüenza?
― Es incomodo
― Bueno –Y lo abrazaste - ¿Tus viejos no están?
― No
Media hora después, se están despidiendo de los chicos, de
tus papás y de los de Zai, vos le avisaste que ibas a lo de Pedro y que en un
rato volvías a tu casa, evitaste ponerte con vergüenza delante de las cargadas
de Oscar, papá de Zai, a Pedro, y de las mil cosas que le dijo tu papá, casi lo
matas.
Cuando llegaron a casa de él, vos te sentaste en el sillón,
y él fue a buscar unas cervezas, para que al ratito este nuevamente al lado
tuyo, vos apoyando tus pies en sus piernas.
― Que vergüenza hoy, con lo de mi viejo… Es un tarado –Y que
el ría
― Estabas bordo boluda… Igual, está buenísimo que se lo tome
así, y no de otra manera, me encanta la buena onda de tu viejo.
― Es divino, pero me hace pasar vergüenza con los papás de
Zai
― Peor Oscar, que se sumó.
― Si, malísimo –Y rieron juntos.
Para que el silencio invada devuelta, y que suspiren, no
sabiendo bien que hacer. Lo miras y él tiene fija su mirada en la nada,
entonces te acercas un poco, para dejar un beso sentido en su mejilla.
― Colgado, ¿en qué pensabas? –Sonreíste, y él también.
― En nada –Y levantaste una ceja – bueno, en cómo voy a
hacer para en tres semanas levantarme temprano, ya estoy sufriendo –Y que rías
de él, claro.
― Jajajaja sos un tarado. Es como empezar de nuevo la
rutina, con un poco de cambios de horario, pero es así – Y que el asienta – Lo
que pasa que vos no das más de morsa.
― Si, pensar que no voy a poder dormir todas las horas que
duermo ahora, ya me pone de mal humor –Y sonreís, negando, porque lo peor es
que lo dice enserio.
― Sos un desastre –Dijiste divertida y él te robo un beso,
para que vos sonrías.
― Un desastre muy lindo –Segundo beso robado.
― Y creído –Dijiste, para que él ría, y te robe el tercer
beso, en el cual vos te sumaste, y lo volviste más intenso, mas apasionado, más
de ustedes.
Que se sonrían en medio del beso, y que él se pegue más a
vos, abrazándote por la cintura, y vos enrollando tus brazos por su cuello,
para que el beso no se corte, y que suspiren en este, empeñados a que no se
corte, y que no lo logren. Que no lo logres.
―Espera –Un poco que te faltaba el aire.
― ¿Qué?
― Que… ¿Mira si llega alguien?
― No va a llegar nadie, enserio… Y si llega, que puede ser
Fede o mis viejos, los echo, otra vez no –Y que te sonría divertido, para que
vos te pongas colorada, recordando aquel encuentro que tuvieron en Mar del
Plata. - ¿Si? –Vos suspiraste.
― Si – murmuraste, y lo volviste a besar con toda tu
dulzura, para que él se una al instante y que se entorne más apasionado. Que se
paren, y sin cortar aquel beso, sigan abrazados, dando pasos para atrás,
tratando de llegar a las escaleras. Que rían ambos, cuando casi se caen, y no
habían subido ni uno, entonces que estén de acuerdo, para subir entre besos más
pausados, y por fin llegar al segundo piso.
Que sonrías, cuando sientas sus manos en tu espalda
atravesando la remera y que largues un suspiro, para que el beso se vuelva más
exigente, que el intente alzarte, para que casi caigan, que rían de los torpes
que fueron y que te vuelva a apoyar contra la puerta de su cuarto, para que
ahora si te pueda alzar y que lo estés rodeando con tus piernas su cintura,
sintiendo su cuerpo rígido.
― Tenia tantas ganas de verte – Te murmuro, contra tu cuello
mientras dejaba besos infinitos, y que vos sonrías, también, amando volver a
verlo.
La puerta se abrió para que vos vuelvas a tocar el piso con
tus pies, todavía amarrada a él, y que se choquen con la cama.
― Sos hermosa – Te dijo, acariciando una de tus mejillas,
para que vos vuelvas a besarlo.
― Te amo – Le dijiste.
El beso se volvió más exigente, acompañado con caricias
sobre la ropa, que terminaron en el cuerpo del otro, tocando ambas piel tibias.
Lo oíste gruñir cuando le mordiste su labio inferior para que sonrías divertida
y que te bese con toda la pasión acumulada.
Estas sin tu remera, con tus manos en su cintura, tratando
de desprender el botón de su bermuda, y cuando lo logras, te hace acostarte en
su cama, para que él se acomode arriba tuyo y que vuelvan esos besos
recorriendo parte de tu cuerpo, y que vos no te canses de acariciar su espalda.
Y que no te quepa más amor.
Acaricias su pecho con tus dedos, mientras escuchas sus
latidos que retumban en tu cabeza apoyada en pecho, justo en su corazón. La paz
que te invade es inmensa y te encantaría pasar el resto de los años así: en silencio,
con él, después de hacer el amor.
― ¿Estas bien? –Te pregunto cuando vos levantaste tu cabeza
para mirarlo, y que se te escape una sonrisa.
― Si –Él también te sonrió y lo besaste, despacito – Amo estar
así con vos –Sonreíste.
― ¿Así como?, ¿En bolas? – Negaste con una sonrisa- O
Abrazadisimos, dándonos besos –Dijo mientras te besaba y apretujaba contra su
cuerpo.
―Solos, en paz, ¿no sentís una paz enorme? Cuando estamos
los dos en silencio, abrazados…
― Si, te siento. Vos sos mi paz –Sonreíste – Mi paz, y huracán
–reíste.
― Te amo, sos hermoso
―Yo también te amo –Te beso dulcemente – mucho.
Le sonreíste, para volverte a abrazarte a él.
Continuara…
Necesitaba subir, no aguantaba massss! Jajajajajaja
Bueno, espero sus comentarios, y ahora si, nos leemos cuando
termine la otra historia, ya falta poquiiiito.
JusPauliter.