Caminar
lentamente porque mi cuerpo (y mente) me lo ordenaban, además de que en mis
oídos se escuchaba una linda canción, un tanto lenta, por eso mis pasos también
se amoldaban a la canción, a todo.
Salía
de casa para la de Agos, ahí nos juntábamos a almorzar junto con Juampi y Sabi,
la dueña de la casa nos adelantó por el grupo que tenemos los cuatro que nos
iba a preparar unos tacos, obviamente que todos nos pusimos de acuerdo de que
no sean mexicanos. Por eso es que después de pasar por uno de los quiosco,
compre una gaseosa y de paso una cajita de mis cigarrillos y seguí camino para
casa de la morocha, que solo quedaba a unas diez cuadras, pero como el sol no
picaba no me molestaba hacerlas. Y mucho menos con uno de los lindos temas que
tiene U2 como lo es “ordinary love”. Al llegar a casa de la familia de Agos,
fue ella quien me atendió con su sonrisa y un pequeño abrazo el cual respondí
con el mismo gesto y con una mordedura en su mejilla, en demuestra de cariño,
para que ella grite, me pegue y yo rími― Amas que
te muerda –le digo y ella muerde su labio, sobrándome y que yo vuelva a reír-
¿los chicos?
― En el
comedor, porque ellos si son puntuales no como vos –y le sonreí.
― Es que
los importantes siempre llegan tarde.
― Por eso,
no sé cómo te da la cara –y yo reí.
― Te odio –
ahora ella ríe y me abraza.
Me
encuentro a mis otros dos amigos en el comedor, uno enfrente del otro muy
divertidos, riendo e intentando seguir con la charla pero como su risa es tan
grande…
― Ah bueno
–digo, y ellos se dan cuenta de que llegue. Para que larguen otra carcajada -
¿Qué tengo?
Y
vuelven a reír, miro a Agos que tampoco entiende nada pero los mira con una
sonrisa.
Es
obvio que se están riendo de mí.
― Nos
estábamos acordando cuando una vez en la casa de Fabri vos te quedaste encerrada
en el baño y en realidad le habíamos echado llave a la puerta –explico Sabi y
ahora es Agos quien se contagia de las risas que todavía no ceden,
contagiándome a mí.
― ¡Forros!
– Dije divertida- no lo pase bien –y ahora reímos los cuatro- encima ustedes
estaban en el patio y me había dejado el celular –muerdo mi labio inferior y
ellos ríen más- ¿la pueden cortar?
― Esperen
¿ustedes se acuerdan el día que Fabri se disfrazó de mina y quería encajarle un
beso a Juampi y vos pusiste una cara de asco? –conto Sabi y ahora reímos
nosotros, Juan también se contagió.
― Lo peor
que me lo iba a dar porta boluda –dice él y reímos.
― Pobre
Fabri ¿Cómo le vas a correr la cara? –dije y me quedo mirando con asco. Yo
largue una carcajada y las chicas se contagiaron.
―
Tendríamos que ir –dice Agos – los extraño
― Si, posta
–dice Sabi- bueno yo lo vi hace un mes, pero también los extraña… Y Santi
también.
― Hay que
organizar para ir, aunque sea un fin de semana –digo y ellos asienten.
Despues
de ponernos un poco de acuerdo para ir uno de estos fin de semanas a visitar a
nuestros amigos que quedaron allá, en Rosario, la dueña de la casa, la
cocinera, Agos, se levantó para traer la comida a la mesa. Que el primero nos
sirviera ella, pero que “después se arreglan ustedes” declaró, insinuando en
que el próximo taco lo armábamos nosotros.
― ¡Un
aplauso para mí que me salieron buenísimos! –dice Agos y se aplaude.
Nosotras
nos la quedamos mirando divertidos y ella nos dirige una mirada de odio para
que nosotros riamos y la aplaudamos fuerte.
― Enserio
que están riquísimos Agos –dice Juampi –se merecen el cielo estos tacos –dice
exagerado
― Yo me
merezco el cielo que por suerte logre entender el tema que nos evalúan en dos
putas semanas –dije yo sonriente.
― Yo, que
te lo explique –salta Sabi.
― No, yo
que lo entendí desde un principio –Juan.
― ¡Un
aplauso para mis tacos! –dice Agos y reímos.
Ayudaba
a Juan a levantar la mesa, mientras Sabi y Agos lavaban y secaban los platos,
cuando me llega un mensaje de Lali:
“Pochi,
¿Cómo estás? ¿Vas a lo de Gas a tomar mate? Te paso a buscar si queres”
Frunzo
el ceño, en realidad no me había dicho nada, tal vez, no quería que vaya.
“Hola La,
todo bien ¿vos? No me aviso nada Gas de que vaya. Capaz porque va Thiago”
― Polet, ¿no me sacas los platitos
de aquel mueble? Así servís el postre –me dice Agos guiñándome el ojo.
― ¿Yo tengo
que servir?- le pregunto, fingiendo indignación y ella asiente gritando un
“obvio”- tan injusta la vida –digo, divertida para que ella ría.
“Thiago
va, pero me dijo que te avise también… ¿Qué hacemos? ¿Te busco?”
Levanto
la mirada y me encuentro a Juan mirándome atento, levanta una ceja y yo muerdo
mi labio.
― Me
invitaron a ir a tomar mate a lo de Gastón, pero va Thiago –le digo y él suspira.
― Es el
momento de que vayas y hables con él –me dice- ¿toda la vida vas a estar así?
–Me encojo de hombros
― Me da
miedo –le murmuro y él ríe un poquito.
― Dale
tarada. Hace una cosa, si estas incomoda me llamas y te busco, total ¿no queda
cerca de casa? –me pregunta y asiento con una sonrisa, él es todo.
― Bueno,
gracias –le sonrío nuevamente y le regalo un abrazo.
― ¡Postre!
–llega Agos y Sabi con unos platos con chocotorta.
“Dale,
estoy en lo de Agos ¿me pasas a buscar por acá?”
**
Nuevamente
me encuentro frente a ese edificio en donde se encuentra el departamento de mis
amigos, admito que mis nervios son inmensos, un poco menos de los que tenía
cuando también venia para el mismo departamento y me esperaban todos mis
amigos… que en ese momento no eran mis amigos, después de tantos meses. Hoy,
vuelvo para reencontrarme con ellos, después de un día sin vernos, pero también
me reencuentro con Thiago, aquel que desde esa tarde en donde festejamos el
cumpleaños de Gastón no volví a ver, y no era por simples casualidades si no
porque él no quería cruzarme. Se ve que hoy si, o cambio de opinión o no sabía
que venía.
Me
juego por la segunda.
Bajamos
con Lali de su auto, para cruzar esta angosta calle que nos separa del
edificio, para entrar al mismo y después “llamar” al ascensor.
Seis
pisos en silencio porque los nervios no me dejaban ni hablar.
― Que raro
que Thiago no vino con vos –le digo a la morocha que me sonríe.
― Vino a
almorzar con los chicos –me dice y mi cara cambia.
― La puta
madre –murmuro.
― Hey –me
dice Lali- sabes que Ro y Gas hacen un buen trabajo cuando se trata de
convencer –dice divertida y yo rio – va a estar todo bien.
― Vos más
que yo lo conoces –le digo y ella asiente. Hace una mueca.
― Va a
aflojar. Sos… o eras su mejor amiga –me dice y yo sonrío chiquito.
Llegamos
al depto. De mis amigos, y es ella quien nos recibe con su sonrisa y su
simpatía de siempre.
Al
entrar, me encuentro con Gas sentado en uno de los sillones, al lado está Pedro
y en otro se encuentra Thiago quien me mira y yo ya tengo mis ojos cristalinos.
Finjo
una sonrisa y me acerco a ellos.
― Hola –mi
timidez que hace que me tiemble la voz.
Es
Gastón quien se para recibirme.
― ¡Flaca!
–me dice con su sonrisa y me abraza. Él siempre me abraza en estos momentos. Yo
le sonrío – Mierda que son puntuales eh –me dice, también a Lali que se
encuentra detrás mío.
― Hola Pepe
–le murmuro cuando estoy a pasos de él y me agacho para poder dejar un beso en
su mejilla, pero él en el momento que me agacho se levanta un poquito y ese
beso que como teoría iba a su mejilla fue a su comisura para sonreír un poco
sonrojada.
― ¿Todo
bien? –me pregunta y yo asiento.
Entonces
llega el momento de acercarme a aquel que me mira sin saber que decir o que
hacer.
― Hola –le
murmuro como la primera vez que nos reencontramos.
Él
se para y deja un beso en mi mejilla.
― Hola Pau
–me dice. Su voz es ronca y yo solo me limito a sonreír.
― ¿El
resto? ¿Zai, Cele y Romí? –pregunta Lali.
―
Supuestamente venían –dice Gas después de encogerse de hombros.
― Zai me
dijo que llegaba tarde –digo – tenía que pasar primero por lo de Joaquín
–sonrío.
― El amor,
el amor –dice Ro divertida, y me mira. Yo muerdo mi labio inferior – voy por el
mate – avisa y se pierde en la cocina.
Yo
veo un espacio libre al lado de Pedro por eso me acerco para ocuparlo. Del otro
lado, se sienta Lali y sonrío.
Suspiro
inconscientemente y Lali se ríe un poquito para pegarle suavemente en una de
sus piernas y que ella vuelva a reír.
― ¿Tuviste
día libre Pochi? –me pregunta Gas.
― Más o
menos –le digo y hago una mueca- tuve de ocho a nueve y media universidad,
después me volví a casa. Dormí y al mediodía nos había invitado Agos a almorzar
con los chicos así que si, es como si fuera libre –me sonrío- ¿vos?
― Tenia una
hora a las ocho, me quede durmiendo –me dice y yo reí.
― ¡Que
desastre! –le digo y él me sobra mordiendo su labio.
― Yo
prácticamente no tuve clase –dice Lali
― Y yo tuve
de ocho a diez y media así que no me quedo otra que ir –dice Thiago y sonrío.
― Despues salio cucharita hasta el mediodía –dice Gas, cargándolos.
― Cállate
¿queres? –dice Lali – Vos, Pepe ¿madrugaste?
― Si, pero
a acompañar a mi viejo a cambiar una camisa –rodeo sus ojos- cuando puedo
dormir no, se le antoja de que tengo que acompañarlo. – reímos los cuatro de
él.
A
los quince minutos, llegan el resto de las chicas, por eso Rochi propone irnos
para el patio, porque es obvio que el living es chico y que no entramos todos.
Esta
vez me siento al lado de Zai y de Gas el cual se encarga de cebar mate.
Enfrente mío esta Pedro y Thiago, parecería a propósito.
Las
charlas comienzan a surgir, y me siento cómoda con su compañía y sus preguntas,
no me invaden, no preguntan cosas incomodas y eso es lo que más disfruto…
después de dos semanas enteras donde las preguntas se volvían totalmente
incomodas. Ahora no, ahora hablamos un poquito de cada uno, de cosas importantes
y otras no tanto, haciendo que las risas aparezcan.
Me
siento bien, ellos lo hacen sentir bien.
Simuladamente
saco un cigarrillo y como están hablando de algo que no se y sobro le hago
señas a Pedro que también no está interesado en la charla que voy a fumar, para
que me acompañe. Enseguida me asiente y yo le sonrío.
Invito
también a Romí pero ella me dice que no, entonces me paro y enseguida se para
Pedro.
― Es
increíble que fumen juntos cuando siempre fue un tema de enojos –dice Lali y yo
rio divertida, Pedro solo se dedica a asentir.
― Pero ojo,
ella fuma Philip Morris- me dice, cargándome y yo largo una carcajada, me
ruborizo y le pego.
―
¡Estúpido! No me gustan los Marlbhoro
― Estoy con
vos, Pochi –Dice Romí y chocamos los cinco en el aire.
Nos
alejamos un poquito donde habíamos elegido la zona en donde fumaríamos, ya lo
habíamos hecho la primera vez que nos encontramos en casa de Ro y Gas.
― Préstame
el encendedor no sé dónde me quedo –dice Pedro y yo bufo.
― ¡Sos un
desastre Pedro! ¿Qué haces cuando te agarran ganas de fumar y yo no estoy? –le
pregunto divertida y él se encoge de hombros con el cigarrillo en la boca a
punto de prenderlo.
― Tengo una
excusa para buscarte –me dice después de expulsar el humo. Me mira con su
sonrisa y yo muerdo mi labio inferior, para pegarle suavemente en una de sus
mejillas.
― Basta.
–él me sonríe y larga una carcajada cuando ve que muerdo mi labio inferior.
― Así que
almorzaste en lo de Agos –me dice y yo asiento.
― Nos
invitó a Juampi, Sabi y a mí a comer tacos –le digo con una sonrisa.
―
¿mexicanos? – pregunta y yo niego.
― No, no me
gustan.
― No, a mí
tampoco. Que bien, yo también quiero tacos no mexicanos –dice y yo rio
divertida.
― No le voy
a decir que te invite si eso es lo que queres –le digo y el ríe un poquito.
― Yo no
dije eso –me dice y levanto una ceja- pero por ahí… podría pasarte la receta
¿no?
― No Pedro,
soy malísima para cocinar –le digo con una sonrisa.
El
bufa.
― Bueno
pero unos fideos con tuco sabes hacer –y lo miro con una sonrisa.
― No voy a
invitarte a comer, nene –le digo y él hace trompita, para que ría y le pegue
nuevamente en su mejilla.
― Sos mala
–me dice y yo le sonrío - ¿un MC? –muerdo mi labio inferior.
― Córtala.
–y el vuelve a reír. Yo tomo una pitada de mi cigarrillo que ya está por
acabarse.
― ¿Sabes de
que me acorde? –me pregunta después de varios segundos en silencio. Yo levanto
una ceja y ya me estoy sonriendo por su sonrisa que es contagiosa- del día ese
que fuimos a un Mc y de que tuviste que pagar vos porque te había dicho que no
tenía plata –me dice y yo rio, asintiendo y acordándome de esa vez.
― Boludo,
la vergüenza que pasamos.
― No, ¿Por
qué?
― La mina
nos miraba como si estuviésemos locos –reímos – que rata que eras, Pedro. Cero
caballero.
― ¡Hey!
Después compre el helado para llevar a lo de Ro creo que era que nos juntábamos
–dijo y yo asentí con una sonrisa.
― Que
tampoco sé cómo sobrevivió ese helado –digo y reímos acordándonos.
― Se había
largado a llover y vos fantaseabas con esa escena del beso en la lluvia de
Notebook –me dice y yo muerdo mi labio inferior.
― ¡No
fantaseaba nada! –le digo y larga una carcajada- yo solo te contaba y vos te
aprovechaste.
― Jamás me
aproveche de vos –me dice y lo miro, divertida.
Suspiramos
al mismo tiempo y un silencio se forma. Mi cigarrillo se acabó, por eso después
de apagarlo lo dejo en el cenicero y vuelvo la mirada a él que se encuentra con
la vista al cielo. Sonrío y vuelve la mirada a mí para también sonreírme.
― ¿Qué? –le
pregunto.
― Nada, veía
si había posibilidades de que se pueda repetir ese beso, pero hay un tremendo
sol y cero nubes –me dice y yo después de quedándomelo mirando muerdo mi labio
inferior y rio.
― Que
lastima ¿no? –le pregunto, divertida.
― Si –me dice-
aunque si queres lo podemos recrear sin lluvia –dice y yo rio y niego a la
misma vez.
― A mí me
gusta la lluvia –le digo. Sonrío y me alejo, yendo para la mesa en donde se
encuentra el resto de nuestros amigos.
**
― Pero si
tenes que ir para el otro lado boluda, ¿mira que me vas a llevar a casa? Me
tomo un taxi, olvídate –le digo a Cele y ella me sonríe.
Ocho
de la noche y todos nos estamos yendo para nuestras casas porque mañana todos
volvemos a la universidad y no queda otra que madrugar. Por eso es que Cele se ofreció
a llevarme a casa, pero yo insisto en tomarme el taxi.
― Pero mira
que vas a gastar cincuenta pesos cuando te puedo llevar, boluda –me dice y yo
rio.
― Te llevo
si queres –y la voz de Pedro me sorprende por detrás, giro y me mira. Sí, me está
diciendo a mí – a mi si me queda de pasada- pero en realidad no, exactamente
para el otro lado- tengo que ir a buscar a Sonia al trabajo- y ahí entiendo.
― Em… bueno
–le digo – Gracias igual, Cele –me sonríe y planta un beso en mi mejilla para
despedirse - ¿Vamos? –le digo a Pedro y el asiente.
Otra
vez ese camino lleno de risas y gritos... que intentan ser cantos, pero pobre
Pepe, sigue creyendo que canta bien. Por suerte el camino era mucho más corto
de lo que es de mi universidad y a los pocos minutos llegamos a la puerta de mi
edificio.
― Bueno,
gracias Pepe –le sonrío y él también me sonríe.
― Prácticamente
me vas a tener que pagar la mitad del tanque –me dice divertido y yo rio.
― Vos te
ofreces, jodete. –su sonrisa.
― Hasta ser
buena persona cuesta –dice y vuelvo a reír- yo que vos lo valoro.
― ¿Tu idea
es hacerme sentir mal? –le pregunto divertida.
― ¡¿Cómo llegas
a pensar eso de mí?! Despues de todo –habla exagerado causando más de mi risa.
― Es verdad
–le sonrío y también me sonríe – bueno, bajo porque Sonia te está esperando –asiente
– Nos vemos Pepe.
― Nos vemos
–dice y se acerca para dejar un beso en mi mejilla, pero que antes de volver a
su lugar deje otro en mi comisura y que yo sonría.
― Eso es
maldad –le digo y él sonríe.
Vuelve
a mí para abrazarme y que yo también lo abrace. Que inspire su olor y que se
sienta tan bien.
― ¿Puedo? –me
pregunta y yo niego, entonces se separa de este abrazo, pero quedamos a poca
distancia, entonces, haciendo caso omiso a mi negación se acerca y une sus
labios con los mios suavemente.
Lo
miro por un segundo y vuelvo a unir nuestros labios, formando un beso el cual comenzó
lento y despacio para formarse más exigente y profundo. Que lo escuche suspirar
y que rodee su cuello con mis brazos, queriendo hacer más profundo este beso.
Fue cuando él intento ponerme en su falda que me di cuenta de lo que estábamos haciendo,
por eso, lentamente fui acabando este beso, para quedarnos mirando, con
nuestras respiraciones agitadas y nuestras frentes encontradas.
― Es imposible
no besarte –me dice y yo muerdo mi labio inferior.
― Pepe –le murmuro-
esto está mal
― Ya se –me
dice de la misma forma- pero no puedo, intento pero no.
Suspiro
y acaricio una de sus mejillas.
― Yo te
quiero para mí –Me dice y me quedo helada- intento todo el tiempo hablar con
Camila pero… siento que nunca es el momento –muerdo mi labio – y lo que más
quiero es volver con vos… perdón por decirte todo esto.
― Shh –puse
un dedo en su boca – Intenta hablar con Cami ¿sí? Ella se lo merece, se merece
que hables –asintió y me quedo mirando – también te quiero para mí –le murmure
y su sonrisa apareció- siempre.
Lo
bese suavemente por un momento, para dejar uno más cortito y separarme de él.
― Nos vemos
mañana. –le regale una sonrisa y baje del auto.
¡No
puedo más! Lo amo, lo amo, lo amo.
Continuara…
Necesitaba
este capítulo más que ustedes, creo jajajajajajaja.
Poco
a poco se van acomodando las cosas, como verán.
Comentennnnnnnn,
porfi.