― Si tuvieras un
clon ¿Qué harías?
Le pregunte
divertida y él me miro sonriente, no entendiendo muy bien a que iba esta
pregunta.
Mis dedos están
enredados con los suyos, mientras su pulgar no deja de moverse suavemente
dejando caricias pequeñas en mi piel. Nuestros pasos van a compás, parece que
nos pusimos de acuerdo en empezar con el mismo pie, al menos yo, ni lo pensé.
― ¿Me estas
queriendo decir que tengo un clon y recién me entero? –preguntó y yo largue una
carcajada. Negué con la cabeza y mordí mi labio inferior. Él un poco que se
contagia de mi risa, pero sigue sin entender a qué quiero llegar.
― Es una simple
pregunta –me limite a decir. Lo vi fruncir su ceño.
― Si tuviera un
clon… Seria genial, posta. Haría las cosas que yo, particularmente, no quiero. Por
ejemplo levantarme temprano esos días en que no quiero moverme de mi cama, ahí podría
ir él, o también seria genial que él estudie por mí, y yo podría estar viviendo
con vos.
― Y vos te recibirías
de larva, Pedro –dije, y esta vez fue él quien rio para, de alguna manera, la
cual no me di cuenta, abrazarme y ser capaz de dejar un beso dulce en mi
mejilla. Y que sonría, toda hecha una tarada.
― Pero estaría con
vos, vos tendrías que hacer lo mimo –reí, para morder mi labio inferior.
― ¿Falta mucho? –pregunte
casual, para que él negué con su cabeza y acelere su paso, obligando a que yo
haga lo mismo.
Después de un
almuerzo… bastante particular con la familia de Pedro, decidimos tomarnos el
primer colectivo que salía, para viajar rumbo a su casi ciudad natal: José Mármol,
la cual lo llena de recuerdos, recuerdos que quiere compartir conmigo, y eso se
siente lindo, importante.
Freno su paso
delante de una casa, y me dio a entender que ya habíamos llegado, cuando saco
una llave de su campera, para sin dudar mucho, abrir la puerta, y que se dé
vuelta para mirarme. Mi cara de terror inundaba el ambiente.
― ¿Qué pasa? ¿No
queres entrar? –me pregunto suave y yo sonreí chiquito.
― No es que no
quiera –empecé y su cara cambio, para mal, para decepción- pero me da un poco
de cosa entrar, y saber que está completamente abandonada –murmure.
― Pero no está
abandonada Pau.
― Pero no vive
nadie –dije con mi pequeña sonrisa.
― No –se limitó
a decir- Espérame.
El entro y el pánico
volvió a invadirme. No es que me de miedo de que este abandonada la casa, y que
por ahí haya espíritus o alguna de esas cosas, las cuales no creo, pero si me
da miedo de que, por el hecho de que no esté habitada, la usen para algunas
cosas, desagradables, y no los propietarios, sino cualquiera. Eso es lo que quería
explicarle, pero como verán, Pedro también es abarrotado y apenas me dejo
hablar que entro a la casa.
Escuche que
levanto las persianas, y a los segundos se encontró nuevamente conmigo, me extendió
la mano y yo se la agarre. Entramos.
Bueno, solo
puedo decir que me hice la cabeza. La casa es muy, demasiado hermosa, esta
amoblada, decorada, iluminada como si en verdad viviría alguien.
Me di la vuelta
para encontrarme con él y que le sonría, él también.
― Pensé que…
― No te traería si
estuviera completamente abandonada –me interrumpió y yo sonreí, para abrazarlo
y dejar un beso cálido en su mejilla. Otro en sus labios - ¿Queres conocerla? –me
dijo con su sonrisa, feliz de estar acá. Asentí y sin dudar me llevo a recorrer
toda la casa.
Su mirada estaba
perdida, y yo trataba de saber que estaba pensando, no se lo notaba que estaba
pensando en algo lindo, y eso me ponía un poco inquieta. Me acerque a él para
dejar un beso dulce en su mejilla, y que al fin me mire. Me sonría.
― ¿Qué pasa mi
amor? Estas re colgado. – Murmure y me encontré unas lágrimas en sus ojos, a
punto de salir. Mi cara cambio drásticamente - ¿Dije algo malo? –Pero esta vez sonrío
y negó. Lo atraje a mí, para abrazarlo y dejar un beso en su mejilla.
― Perdón –me murmuro-
yo sé que querías pasar una linda tarde, y todo, también era mi plan… Pero es
como que acá viví toda mi infancia ¿sabes? Y estar acá, y que ellos ya no estén…
Perdóname.
― Hey, Pepe –
hice que me mire. Ahora se encuentra recostado en una de mis piernas, nuestras
miradas no dejan de cruzarse y yo no sé muy bien que decir. – Te voy a decir
dos cosas. Una: me encanta que me hayas invitado para que venga con vos a
conocer Mármol y también está linda casa, se que es importante para vos, como
para mi también es importante que este yo acá, con vos –le sonreí – y también,
aunque no te entiendo, porque no lo viví, sé que debe ser difícil, horrible,
tener que haberte despedido de tus abuelos, y el hecho de que estés acá, como decís
vos… en su casa, donde creciste y viviste seguramente, miles de anécdotas no es
fácil –él asintió- y es obvio que te pongas así. No está mal llorar, pero si está
mal que te aísles y contengas todas esas lágrimas porque estás conmigo–le sonreí
y seque sus lágrimas.
― Es que… hace
ya tres años que fallecieron, y no me tendría que afectar tanto, creo –sonreí.
― Esas son cosas
que no se pueden manejar Pepe, son sentimientos que por algún motivo, sin darte
cuenta los guardas, porque te hacen mal, o por el simple hecho de que no queres
recordar, no queres movilizarte –el asintió.
― ¿La estas
pasando bien? –Pregunta una vez incorporado, seguimos cerquita uno al otro, yo
sigo acariciando sus fracciones, secando alguna lagrima que quedo por su rostro
y él solo me mira.
― Estoy con vos
Pedro. Siempre la paso bien con vos –sonrió, sonreí.
― Pendeja
tierna, lo que te amo –dijo para que me abrace y termine con todo mi cuerpo en
el pasto, demasiado frio. Nuestras miradas otra vez se encontraron- Gracias por
venir, y por estar, y por escucharme, y por ser Paula, mi novia. Por todo –sonreí.
― Te amo mucho feíto
–murmure, para que nuestros labios se encuentren en un beso lleno de amor.
Hace mucho frio, por eso decidimos entrar a la
casa, y que el encuentre para hacer dos café, pero antes de instarnos, el vaya
por unas frazadas arriba, donde se encontraban los cuartos. Es inmensa esta
casa, seguramente a los abuelos de Pepe les gustaba invitar a toda la familia algún
fin de semana y pasarla en el patio hermoso que tiene. Pude darme cuenta que
este lugar era importante para él, porque además de que me lo conto, había
muchas fotos de él y de sus hermanos en el comedor y living de sus abuelos.
Fui llamada por
él desde arriba y me levante para subir las escaleras y encontrarme con él, en
realidad con una montaña de frazadas que tapaban su cara.
Mi risa se escuchó
y lo hizo contagiar.
― ¡Deja de reírte
y ayúdame Paula! –Me reprocho y mi risa fue más grande- Dale Paula –pero no podía
parar de reír y él ya se había contagiado. Dejo una frazada en una cama y me
miro. Reí más - ¿La podes cortar? –Me acerque a él y lo abrace por su cuello,
para dejarle un beso lleno de mi risa, y que el sonría, a punto de reír.
― Fue muy
gracioso verte tapado de frazadas –todavía no me podía calmar – Fue como venir
y digo, “este me quiere mostrar algo”, y encontrarme con vos y las miles de
brazadas –reí para que él se contagie
― Dale tonta –me
entrego una de las frazadas, y todavía riéndome un poco menos (si sigo riéndome
me mata, lo sé) bajamos las escaleras, para instalarnos en el comedor donde él
ya había prendido la estufa.
― Tuvimos que
hacer cola en el bañito de afuera, mi mamá gritándonos desde un costado que nos
apuremos, porque hacia un frio que rajaba la tierra. Y mi abuela alentándonos para
que volvamos a los charcos de barro –reímos fuerte los dos y yo negué con mi
cabeza.
― Me imagino lo
loca que se habría puesto Anita –volvimos a reírnos – ¡tu abuela una genia!
Mientras tomábamos
café y él su chocolatada y comíamos torta que había traído yo, él era el
encargado de contar algunas anécdotas con sus hermanos en casa de sus abuelos.
― A veces se ponía
en el mismo lugar que nosotros y terminaban retándonos a nosotros y a ella también
–reímos- en cambio el abuelo era el que controlaba un poco más las cosas, era
mucho más tranquilo, él era de contar grandes historias, que nunca sabias si
eran posta o puro verso –reímos.
― Sin dudas, los
abuelos son absolutamente todo –dije y él estuvo de acuerdo- deberían ser
eternos.
― Posta –dijo y sonrió
– deberían ser eternos. –nos miramos por un instante.
― Como mi torta –dije
divertida, para que no se corte la alegría y él rio, me acerque para abrazarlo
y hundirme en su cuello y que me abrace por mi espalda, dejando algunas
caricias. Que volvamos a mirarnos, y que sonriamos.
― Te juro que
con vos me caso –reí divertida – sos la más linda, ¿sos real? –reí nuevamente
para morderme el labio inferior y unirnos en un beso lleno de amor.
― ¿tus besos son
reales? - le pregunte en medio de uno.
― Lo único real
es el amor que nos tenemos –me murmuro – esté es el culpable, no tan culpable,
de volver todo lo que nos pasa, lo que sentimos real –sonreí y uní nuevamente
mis labios en los suyos.
― Te amo mi
amor.
― Yo también te
amo – murmuro.
Para dejarnos
llevar por besos dulces, llenos de amor, llenos de paz.
Llenos de “siempre
juntos”
Continuara…
Les quiero
contar algo: en el próximo capítulo la historia adelante un año y medio, lo que
tiene sus beneficios… y sus consecuencias.
Mañana seguramente
les traiga el capitulo y ahí si, pueden preguntar y demas.
Comenten porfi.
JusPauliter