Respiraste hondo, y reíste nuevamente, era necesario
respirar. No podías parar de reír, recordando lo lindo que lo habías pasado allá,
en Mar del Plata, con todos tus amigos, con Pedro. Habías disfrutado muchísimo de
ellos, lo habías pasado lo mejor posible, compartiendo, riendo, y evitando los
roces que podrían llegar a surgir, porque claro, no siempre reinaba la paz
entre ustedes. Lo más importante es que pudiste disfrutarlos, teniendo en
cuenta que cuando llegarías a Buenos Aires aquella paz y diversión no iba a
durar mucho, no. Lo sabemos todos.
Llegaron hoy a la mañana, después de cuatro horas de viaje,
las cuales aprovecharon para dormir, anoche habían hecho una cena de cierre y
se quedaron hasta tarde compartiendo y riendo, todos juntos.
Fue necesaria aquella cena, se mezclaron muchos
sentimientos: alegría, amor, y melancolía, porque bien en claro tienen todos
que la llegada a Buenos Aires iba a cambiar muchas cosas, vos, junto a Zaira
iban a estar a full con el tema de la mudanza, vos seguramente te vas unos días
con tu familia a pasar unos días en algún lado, y a la vuelta tuya, vos ya vas
a estar mucho más a full con la mudanza, con la universidad, pero siempre haciéndote
un tiempo para tus amigos, y para Pedro.
También, estos días que te tomaste, para generalmente,
pasarla bien con todos tus amigos, con la excusa de que hayan cumplido un mes
de novios, con Pepe, y su escapada a Miramar, aquel juego divertido, y poder
disfrutar de él, de su amor, de su risa, de sus besos, de sus chistes malísimos,
de él en general, de él y su esencia.
‒ ¡Pochi, a comer! –Grito tú papá, Miguel, quien estaba muy
contento de que hayas vuelto, te extraño muchísimo, aunque te llamaba todos los
días, y competía con tu mamá a ver a quien más les daba bola. Patéticos, muy de
padres.
‒ ¡Voy! –Y cerraste la notebook, para salir de tu cuarto al
comedor, y que tú hermana junto a tú papá ya estén sentados esperando la comida
quien al instante de que te sientes fue servida por tu mamá.
‒ ¿Quién cocinaba allá? –Pregunto Delfi.
‒ Nos turnábamos entre las chicas… Pero la mayoría de las
veces Romí conmigo, y a veces nos ayudaba Thiago, que cocina muy bien, posta –Y
la sonrisa de tu mamá.
‒ Es divino Thiago. – Lo ama, enserio.
‒ ¿Y cómo durmieron? Me imagino que vos dormiste con algunas
de las chicas, ¡Me llego a enterar que Pedro durmió con vos, y lo mato! –Tu papá,
¿Quién si no? Que rieran todos, incluso tu mamá, es que es gracioso cuando tú
papá esta en papel de celoso.
‒ Ay, papá. Dormimos Zai, Cele, Ro y Romí en un cuarto,
Thiago y Lali en otro, y Pedro con Gas en el futon del living jajajajaja, imagínatelos,
compartiendo cama.
‒ ¡Para! Hablando enserio, pobre Pedro boluda, compartiendo
cama con su amigo cuando la novia está en el cuarto de al lado, un poco lentos,
pobre cuña –Delfi, la cara de tu papá y que rieran ustedes tres, mujeres, que
disfrutaban de los celos del pobre Miguel.
‒ ¿Ya es un poco tarde hacerme el duro con Pedro, no? –Y que
rían, ahora todos.
Y siguieron compartiendo el almuerzo, vos contando un poco
de tu viaje, y ellos disfrutando que hayas vuelto, porque te habían extrañado…
Y vos un poquito, en el fondo también.
Tu tarde se basó en lavar ropa, ir a visitar a Luz y que te
encuentres con su hermosa pancita que poco a poco iba creciendo, y que después
de que te llegue un mensaje de Pedro que te esperaba en su casa a merendar con
los chicos, salgas para su casa.
‒ ¡Holaaa! –Su alegría de que hayas llegado y tu risa.
‒ Hola Pepito lindo –Y que lo abraces por el cuello para que
lo beses dulcemente - ¿Cómo estás?
‒ Bien, ¿vos? Pasa, ya llegaron los chicos.
‒ Lo bueno se hace esperar, llegue re tarde, obvio.
‒ Siempre tan colgada mi novia –Y que sonrías para dejar un
beso en su mejilla y que juntos lleguen al patio donde se encuentra el resto de
tus amigos, luciendo sus trajes de baño.
‒ ¡Buenas! ¡Llego la alegría del grupo! –Te agrandaste un
poquito y Thiago te amago con una bombita de agua.
Bombitas de agua… Que linda tarde te esperaba.
Y claro que fue linda, te divertiste tanto, tanto, que reíste
toda la tarde, el buen humor de todos, la buena vibra y que se lleven tan, tan
bien.
‒ La vuelta, la vuelta, la vuelta, la vuelta –Decía Lali con
un ritmito mientras vos con ella giraban en el mismo lugar, en el agua, sin
poder parar de reírse – Listo –Y pararon, para que todo lo que estaba alrededor
tuyo este dando vuelta y que te sientas un poco mareada.
‒ ¿Están demasiado al pedo, verdad? –Llego Gas para que
ustedes rían.
‒ ¡Juguemos un Marco-Polo!
Y que le resto se sume, y que sean unos nenitos de diez años
jugando al Marco-Polo, discutiendo por pavadas que siempre terminaban en risas.
Ahora, es exactamente las ocho de la noche y quedaron en ir
a cenar a algún lado, pero vos quedaste primero con Pedro por eso, ellos un
poco que los cargaron, pero al final los entendieron, y los dejaron solos. Vos
te estas secando el pelo, mientras el prepara unos mates, y que a los pocos
minutos él llegue con el equipo de mate al patio y se sienten en el juego de
sillas-mesa jardineras.
‒ ¡Que cara! –Se burló de vos y vos levantaste una de tus
cejas con una leve sonrisa – Estas muertita –Dijo divertido para que se siente
al lado tuyo y deje un beso en tu mejilla.
‒ Te mata el agua –Te justificaste y él sonrió
– Si estás
muy cansada dejamos la cena para mañana, y te vas a dormir.
‒ No –negaste -¡Me la re banco, como un macho! – Dijiste como
tal “macho” para que rían. Gran actriz.
‒ Bueno, macho… ¿Qué inventamos de cena entonces?
‒ Podemos hacer unos ricos tacos. ¿Queres? De pollo, papita
y todo… Yo te ayudo.
‒ ¿Estas segura? ¿Saldrá?
‒ Lo hice el otro día en casa de Zai.
‒ Bueno, confió en vos.
‒ Obvio –Lo besaste, robándole una sonrisa.
Despues de unos ricos mates, se pusieron manos a la obra,
como fue de improviso, tuvieron que salir a comprar algunas cositas, y nueve y
cuarto vos y Pedro cocinaban juntos, de fondo sonando Los Piojos, diciéndole que
en el poso más oscuro puede haber
felicidad.
‒ Mmm, está buenísimo –Dijo él – Enserio… ¡Que grandes Chefs
somos!
‒ Que receta escondida tenía yo –Dijiste, orgullosa, para
que él te sobre un poquito.
Ayudaste a limpiar, porque claro, en unas horas llegaban
Anita y Horacio, y en especial Anita, se iba a agarrar un infarto si les
dejaban el despelote de la cocina.
‒ ¡No hey! –Te quejaste cuando él te salpico con agua en la
cara – No ves que se me cae el maquillaje –Y que él te sobre, para que rían
juntos. - ¿Qué necesidad de molestarme tanto? –Estas apoyada en la mesada y el
acaba de cerrar el grifo de la canilla, para secarse las manos con un repasador
y que se ponga enfrente tuyo.
‒ Me encanta molestarte –Confeso.
‒ Novedad –Te cruzaste de brazos y lo miraste, expectativamente.
‒ Y a vos te encanta que te moleste.
‒ Novedad –Dijeron juntos, para reír, y que te abrace por la
cintura.
Ahora están en su cuarto, con la luz de su velador, el tiro
un acolchado al piso y están los dos, recostados en esté, el silencio reina,
mientras ustedes miran por la ventana como los árboles se mueven levemente por el
vientito que corre, sus manos están entrelazadas, y vos estas adormilada.
‒ ¿Me haces caricias en el pelo? –Le preguntaste.
‒ Te vas a dormir.
‒ Era la idea –Dijiste divertida y él rio
‒ Tonta, veni, acóstate en la cama, esto no es muy cómodo.
‒ No, mejor no, me voy a dormir, posta
‒ ¿Y?
‒ Que es malísimo, que me duerma, y vos te quedes solo
‒ ¿Quién dijo que me iba a quedar despierto? –Y que rías-
Durmamos un ratito.
‒ Bueno, pero si no me despierto por dos horas, más o menos,
despertarme –Ya están acostados, abrazados, acurrucados.
‒ Olvídate, dormís conmigo hoy.
‒ No, enserio, boludo
‒ Si, ya se, te aviso
‒ Enserio hey
‒ Si –Te beso un poquito – te amo – murmuro, para que vos sonrías.
‒ Yo también –acariciaste su mejilla, dejando un beso dulce,
y que cierren los ojos ambos.
Y que se duerman profundamente.
Y claro que duermas toda la noche con él…
Y no te molesto, obvio.
Continuara…
Buuuuuuuenas.
Aquí haciendo presencia.
Capítulo dedicado a Cande, espero te guste reina.
Espero sus comentariosssss.
JusPauliter.