Sonrei y largue una carcajada cuando ella cuenta uno de sus chistes horribles, malísimos, pero que me hace reír muchísimo. Muerdo mi labio inferior y me revolea un almohadón como la mayoría de las veces hace, se ve que se les hizo costumbre como a mi también se me hizo costumbre devolvérselo de la misma manera y que riamos las dos.
Suena el timbre y las dos hacemos un gesto de sorpresa exagerado para que volvamos a reír y que yo al fin, me levante a atender.
― Cállate Agostina –le digo y ella no para de reírse.
Al abrir la puerta me encuentro con dos morochas: una alta, otra baja. Las dos me miran divertida y yo rio nuevamente, la risa de Agostina no cede.
― Hola chicas –le digo con alegría, con mi sonrisa y las abrazo: primero a Lali, después a Zai – Pasen
― ¿Cómo estás? Muy divertidas al parecer –dice Lali con una sonrisa después de saludar a Agos que ya se había calmado después de un ataque de risa.
― Vos tenes que escuchar los chistes horribles que me cuenta –le digo a las dos y Agos ríe un poquito más.
― Son geniales boluda – “- Hola hermosa, ¿Cómo te llamas? – María de Los Ángeles ¿y vos? Juan de New York” –Y es ella la que ríe solamente, miro a las chicas y se están mordiendo el labio inferior a punto de reírse. Que yo largue una carcajada y ellas rían al final.
― ¡Es malísimo! –dice Lali y yo asiento.
― ¿Qué pescado hace shshshsh? –pregunta divertido.
― No sé –dice Zai.
― ¡El pescado frito! –dice divertida logrando las carcajadas de nosotras tres.
La idea se me ocurrió hoy temprano en la universidad, habíamos quedado con Agos que salíamos a cenar, pero se me ocurrió hacer la cena en casa y también invitarlas a ellas dos, como sabía que Agos le iba a poner buena onda para levantar mi día, el cual, no fue demasiado fácil, seguí con el plan de hacer la cena.
― ¿Vos, como estas? –me dice Zai en la cocina. Ella me ayuda con condimentar una ensalada, mientras las chicas siguen charlando en el comedor. La miro y levanto mis hombros.
― Que se yo –murmuro- lo bueno es que sé que con ustedes me despejo un poquito –le sonreí.
― ¿La Pepi? –Me pregunta – la hubieras invitado, sabes que no jode.
― Le dije, pero prefirió juntarse con sus amigas –le sonrío y ella también me sonríe y me abraza un poquito.
― A ponerle onda –deja un beso en mi mejilla y yo solo asiento.
Resumiendo el resumen: más peleas de mis papás.
La cena ya está lista y por eso las chicas me ayudan a poner la mesa, es cuando me siento a comer, que suena mi celular y bufo.
― ¡Como te tienen! –dice Lali y yo rio.
Pedro.
Me quedo helada.
― Hola –digo suavemente.
― Hola, Pau.
― ¿Cómo estás? –le pregunto.
― Yo bien ¿vos? Me conto Gas lo que paso con tus viejos –muerdo mi labio inferior- ¿necesitas compañía?
― Vinieron Lali, Zai y Agos a cenar –le dije y un silencio se formó – gracias Pepe por llamar.
― No de nada –me dice y yo muerdo mi labio inferior – nos vemos.
― Nos vemos –y finalice la llamada.
Tres pares de ojos me miran con odio y me pregunto que hice para que me miren así.
― ¡Vos te das cuenta que te llamo y vos le cortaste el rostro mal! –me dice Agostina, sacadisima y yo muerdo mi labio inferior.
― ¿Qué queres que haga?
― Mínimo un “cuando se vayan las chicas veni y tomamos un café” –dice Lali
― ¡Sos lenta! Llámalo, hace algo –dice Zai.
― Despues le mando un mensaje –me miran, sin creerme nada- ¡Enserio!
― Más te vale. –dice Zai a coro de Agos y yo rio para asentir.
Cerca de la una, Lali y Agos deciden irse y por eso es que las acompaño hasta la puerta para que cuando la cierre Zai este ya con su cartera colgando de sus brazos.
― ¿Ya te vas? – le pregunto y ella asiente con su sonrisa.
― ¿Me llevas? –me pregunta y yo asiento.
Voy por mis ojotas (porque andaba descalza), encuentro las llaves del auto de papá, porque además de llevarla a Zaira tenía que devolverle el auto, agarro mi cartera y salimos las dos, para el auto.
Un camino escuchando Tan Biónica y cantando alguna que otra canción, para que cuando lleguemos a su casa, ella me deje un beso en mi mejilla.
― Nos vemos mañana –afirma y yo asiento. Mañana nos juntamos en casa de ella con las chicas, si, con Romí y Cele también – Te portas bien eh –me dice y señala con uno de sus dedos.
― Siempre –le sonrío, la abrazo un poquito y ella baja del auto.
Cuando está por cerrar la puerta le toco bocina en son de saludo y salgo para casa. Al dar la vuelta paso por casa de Pedro y cuando dirijo mi mirada me lo encuentro a él sentado en el cordón, entonces freno, bajo el vidrio y le sonrío tiernamente.
― Hola –le murmuro con mi sonrisa y él también sonríe chiquito.
― ¿Qué haces acá? –me pregunta.
― Acabo de dejar a Zai en su casa… Iba para la mía a dejarle el auto a papá –y él asiente- ¿estás bien?
― Si –pero no se le nota que está bien.
Miro para un costado por un momento y vuelvo la mirada a donde esta él
― Despues voy para la plaza –le digo y me mira- ¿vas?
Me mira por un momento y asiente. Sonrío y acelero un poquito para retomar el camino a casa.
~~
Me siento y enseguida mi cuerpo se apoya en el tronco de este árbol, el cual, cuando iba caminando hasta el mismo me di cuenta lo lindo que es, suspiro.
Llegue primera, y me surge el miedo de que no venga, de que se arrepienta. Y no quiero seguir pensando en eso, por eso me robo todos esos pensamientos para que otros aparezcan y sean peores.
La voz temblorosa de mi hermana nuevamente en mi oído cuando yo no podía soltarla y ella me pedía que no lo haga, otra vez esa paz que tontamente había pensado que ya brindaba se disparó. Todo fue rápido, me alegre de haber estado ahí, fue hoy al mediodía. Los gritos fueron peores, escuchar a mamá que ya tenía un abogado para empezar los papeles de divorcio me hicieron temblar, pensé que era un sueño, un sueño feo pero no, estaba ahí, encerrada en mi cuarto con mi hermana, ella lloraba, yo, como la mayoría de las veces intentaba no hacerlo, para que después, una vez sola… explote.
Me sobresalte cuando un brazo rodea la parte de arriba de mi espalda y al encontrármelo ahí al costado sonriéndome chiquito, sonrío, todavía con mis mejillas mojadas, y apoyo mi cabeza en su hombro.
No entiendo porque siempre esta cuando lo necesito, no entiendo, pero me gusta que sea así, me gusta que él sea así.
Él me gusta.
― Gracias –le murmuro. Levanto mi cabeza un poco, manteniendo la distancia él solo me sonríe chiquito.
― Me gusta estar cuando estas mal –me dice, también murmurando y yo muerdo mi labio inferior.
Es tan, tan, tan lindo.
― A mi también me gustaría estar cuando vos me necesitas – le digo- para hacerte bien como vos a mí.
Sus ojos son lo más lindos del mundo, se clavan en los míos y puedo jurar que solamente existimos nosotros dos.
― Siempre me haces bien –me murmura, acaricia suavemente una de mis mejillas y yo cierro mis ojos, para abrirlos al instante.
La distancia cada vez es más corta y algo que no sé exactamente lo que es me frena.
― Pepe…
― No quiero que hables –me dice divertido y yo rio un poquito- solo por diez minutos.
Sonrío y muerdo mi labio inferior. Nuestras frentes se encuentran y una sensación dentro de mí corre haciéndome sentir miles de cosquillas.
― Ya empezó a correr el tiempo –le digo divertida y él sonríe.
Sus dos manos están en mi mejillas y me repito mil veces que esto está mal, que él tiene novia, que no puedo hacer esto, que esto ya me lo hicieron y que me acuerde ese momento en el que me entere, pero también quiero pertenecer estos diez minutos en silencio, dejándome llevar por él, por Pedro, aquel que me conoce de pe a pa y yo también lo conozco, y puedo jurar que está a punto de besarme.
Me obligo a poner mi mente en blanco y solo dedicarme a sentir cuando sus labios rozan los míos, y siento una especie de corriente que me hace sonreír y unir por completo mis labios con los de él. Formar un beso lento, lleno de dulzura, de reencuentro, experimentar lentamente nuestras bocas como si fuera la primera vez. Que por un momento paremos de besarnos para mirarnos, sus ojitos brillan y muero de amor.
Su sonrisa es hermosa, por eso yo le sonrío tontamente y es él quien vuelve a unir sus labios con los míos, a morder suavemente mi labio inferior y que yo le de paso para experimentar este beso con más intensidad. Me amarro a su cuello y no quiero soltarlo más, me siento tan bien en sus brazos, besándolo como nunca, como antes.
Besos más pequeños surgen cuando nuestros pulmones ruegan por un poco de aire y nosotros (o al menos yo) ruego porque este beso sea eterno.
Terminamos con nuestras frentes encontradas, con mis ojos cerrados y una sonrisa. Al verlo también me encuentro con su sonrisa y muerdo mi labio inferior.
¿Puede ser tan lindo?
― Que esos diez minutos sean eternos –me dice divertido y yo rio para volver a besarlo, a fundirme en un beso eterno.
O eso es lo que quiero.
Continuara…
JusPauliter
SUS COMENTARIOS POR FAVOOOOOOOOORRR.
FELIZ COMIENZO DE AÑOOOOO.
Dedicadisimo a SJ son todito, por un año más juntas<3