miércoles, 31 de diciembre de 2014

Capitulo 179

Sonrei y largue una carcajada cuando ella cuenta uno de sus chistes horribles, malísimos, pero que me hace reír muchísimo. Muerdo mi labio inferior y me revolea un almohadón como la mayoría de las veces hace, se ve que se les hizo costumbre como a mi también se me hizo costumbre devolvérselo de la misma manera y que riamos las dos.
Suena el timbre y las dos hacemos un gesto de sorpresa exagerado para que volvamos a reír y que yo al fin, me levante a atender.
― Cállate Agostina –le digo y ella no para de reírse.
Al abrir la puerta me encuentro con dos morochas: una alta, otra baja. Las dos me miran divertida y yo rio nuevamente, la risa de Agostina no cede.
― Hola chicas –le digo con alegría, con mi sonrisa y las abrazo: primero a Lali, después a Zai – Pasen
― ¿Cómo estás? Muy divertidas al parecer –dice Lali con una sonrisa después de saludar a Agos que ya se había calmado después de un ataque de risa.
― Vos tenes que escuchar los chistes horribles que me cuenta –le digo a las dos y Agos ríe un poquito más.
― Son geniales boluda – “- Hola hermosa, ¿Cómo te llamas? – María de Los Ángeles ¿y vos? Juan de New York” –Y es ella la que ríe solamente, miro a las chicas y se están mordiendo el labio inferior a punto de reírse. Que yo largue una carcajada y ellas rían al final.
― ¡Es malísimo! –dice Lali y yo asiento.
― ¿Qué pescado hace shshshsh? –pregunta divertido.
― No sé –dice Zai.
― ¡El pescado frito! –dice divertida logrando las carcajadas de nosotras tres.
La idea se me ocurrió hoy temprano en la universidad, habíamos quedado con Agos que salíamos a cenar, pero se me ocurrió hacer la cena en casa y también invitarlas a ellas dos, como sabía que Agos le iba a poner buena onda para levantar mi día, el cual, no fue demasiado fácil, seguí con el plan de hacer la cena.
― ¿Vos, como estas? –me dice Zai en la cocina. Ella me ayuda con condimentar una ensalada, mientras las chicas siguen charlando en el comedor. La miro y levanto mis hombros.
― Que se yo –murmuro- lo bueno es que sé que con ustedes me despejo un poquito –le sonreí.
― ¿La Pepi? –Me pregunta – la hubieras invitado, sabes que no jode.
― Le dije, pero prefirió juntarse con sus amigas –le sonrío y ella también me sonríe y me abraza un poquito.
― A ponerle onda –deja un beso en mi mejilla y yo solo asiento.
Resumiendo el resumen: más peleas de mis papás.
La cena ya está lista y por eso las chicas me ayudan a poner la mesa, es cuando me siento a comer, que suena mi celular y bufo.
― ¡Como te tienen! –dice Lali y yo rio.
Pedro.
Me quedo helada.
― Hola –digo suavemente.
― Hola, Pau.
― ¿Cómo estás? –le pregunto.
― Yo bien ¿vos? Me conto Gas lo que paso con tus viejos –muerdo mi labio inferior- ¿necesitas compañía?
― Vinieron Lali, Zai y Agos a cenar –le dije y un silencio se formó – gracias Pepe por llamar.
― No de nada –me dice y yo muerdo mi labio inferior – nos vemos.
― Nos vemos –y finalice la llamada.
Tres pares de ojos me miran con odio y me pregunto que hice para que me miren así.
― ¡Vos te das cuenta que te llamo y vos le cortaste el rostro mal! –me dice Agostina, sacadisima y yo muerdo mi labio inferior.
― ¿Qué queres que haga?
― Mínimo un “cuando se vayan las chicas veni y tomamos un café” –dice Lali
― ¡Sos lenta! Llámalo, hace algo –dice Zai.
― Despues le mando un mensaje –me miran, sin creerme nada- ¡Enserio!
― Más te vale. –dice Zai a coro de Agos y yo rio para asentir.
Cerca de la una, Lali y Agos deciden irse y por eso es que las acompaño hasta la puerta para que cuando la cierre Zai este ya con su cartera colgando de sus brazos.
― ¿Ya te vas? – le pregunto y ella asiente con su sonrisa.
― ¿Me llevas? –me pregunta y yo asiento.
Voy por mis ojotas (porque andaba descalza), encuentro las llaves del auto de papá, porque además de llevarla a Zaira tenía que devolverle el auto, agarro mi cartera y salimos las dos, para el auto.
Un camino escuchando Tan Biónica y cantando alguna que otra canción, para que cuando lleguemos a su casa, ella me deje un beso en mi mejilla.
― Nos vemos mañana –afirma y yo asiento. Mañana nos juntamos en casa de ella con las chicas, si, con Romí y Cele también – Te portas bien eh –me dice y señala con uno de sus dedos.
― Siempre –le sonrío, la abrazo un poquito y ella baja del auto.
Cuando está por cerrar la puerta le toco bocina en son de saludo y salgo para casa. Al dar la vuelta paso por casa de Pedro y cuando dirijo mi mirada me lo encuentro a él sentado en el cordón, entonces freno, bajo el vidrio y le sonrío tiernamente.
― Hola –le murmuro con mi sonrisa y él también sonríe chiquito.
― ¿Qué haces acá? –me pregunta.
― Acabo de dejar a Zai en su casa… Iba para la mía a dejarle el auto a papá –y él asiente- ¿estás bien?
― Si –pero no se le nota que está bien.
Miro para un costado por un momento y vuelvo la mirada a donde esta él
― Despues voy para la plaza –le digo y me mira- ¿vas?
Me mira por un momento y asiente. Sonrío y acelero un poquito para retomar el camino a casa.

~~

Me siento y enseguida mi cuerpo se apoya en el tronco de este árbol, el cual, cuando iba caminando hasta el mismo me di cuenta lo lindo que es, suspiro.
Llegue primera, y me surge el miedo de que no venga, de que se arrepienta. Y no quiero seguir pensando en eso, por eso me robo todos esos pensamientos para que otros aparezcan y sean peores.
La voz temblorosa de mi hermana nuevamente en mi oído cuando yo no podía soltarla y ella me pedía que no lo haga, otra vez esa paz que tontamente había pensado que ya brindaba se disparó. Todo fue rápido, me alegre de haber estado ahí, fue hoy al mediodía. Los gritos fueron peores, escuchar a mamá que ya tenía un abogado para empezar los papeles de divorcio me hicieron temblar, pensé que era un sueño, un sueño feo pero no, estaba ahí, encerrada en mi cuarto con mi hermana, ella lloraba, yo, como la mayoría de las veces intentaba no hacerlo, para que después, una vez sola… explote.
Me sobresalte cuando un brazo rodea la parte de arriba de mi espalda y al encontrármelo ahí al costado sonriéndome chiquito, sonrío, todavía con mis mejillas mojadas, y apoyo mi cabeza en su hombro.
No entiendo porque siempre esta cuando lo necesito, no entiendo, pero me gusta que sea así, me gusta que él sea así.
Él me gusta.
― Gracias –le murmuro. Levanto mi cabeza un poco, manteniendo la distancia él solo me sonríe chiquito.
― Me gusta estar cuando estas mal –me dice, también murmurando y yo muerdo mi labio inferior.
Es tan, tan, tan lindo.
― A mi también me gustaría estar cuando vos me necesitas – le digo- para hacerte bien como vos a mí.
Sus ojos son lo más lindos del mundo, se clavan en los míos y puedo jurar que solamente existimos nosotros dos.
― Siempre me haces bien –me murmura, acaricia suavemente una de mis mejillas y yo cierro mis ojos, para abrirlos al instante.
La distancia cada vez es más corta y algo que no sé exactamente lo que es me frena.
― Pepe…
― No quiero que hables –me dice divertido y yo rio un poquito- solo por diez minutos.
Sonrío y muerdo mi labio inferior. Nuestras frentes se encuentran y una sensación dentro de mí corre haciéndome sentir miles de cosquillas.
― Ya empezó a correr el tiempo –le digo divertida y él sonríe.
Sus dos manos están en mi mejillas y me repito mil veces que esto está mal, que él tiene novia, que no puedo hacer esto, que esto ya me lo hicieron y que me acuerde ese momento en el que me entere, pero también quiero pertenecer estos diez minutos en silencio, dejándome llevar por él, por Pedro, aquel que me conoce de pe a pa y yo también lo conozco, y puedo jurar que está a punto de besarme.
Me obligo a poner mi mente en blanco y solo dedicarme a sentir cuando sus labios rozan los míos, y siento una especie de corriente que me hace sonreír y unir por completo mis labios con los de él. Formar un beso lento, lleno de dulzura, de reencuentro, experimentar lentamente nuestras bocas como si fuera la primera vez. Que por un momento paremos de besarnos para mirarnos, sus ojitos brillan y muero de amor.
Su sonrisa es hermosa, por eso yo le sonrío tontamente y es él quien vuelve a unir sus labios con los míos, a morder suavemente mi labio inferior y que yo le de paso para experimentar este beso con más intensidad. Me amarro a su cuello y no quiero soltarlo más, me siento tan bien en sus brazos, besándolo como nunca, como antes.
Besos más pequeños surgen cuando nuestros pulmones ruegan por un poco de aire y nosotros (o al menos yo) ruego porque este beso sea eterno.
Terminamos con nuestras frentes encontradas, con mis ojos cerrados y una sonrisa. Al verlo también me encuentro con su sonrisa y muerdo mi labio inferior.
¿Puede ser tan lindo?
― Que esos diez minutos sean eternos –me dice divertido y yo rio para volver a besarlo, a fundirme en un beso eterno.
O eso es lo que quiero.

Continuara…
JusPauliter
SUS COMENTARIOS POR FAVOOOOOOOOORRR.
FELIZ COMIENZO DE AÑOOOOO.
Dedicadisimo a SJ son todito, por un año más juntas<3

Capitulo 178

Toco la puerta unas tres veces seguidas y murmuro un “dale la puta madre” por el calor que claramente no manejo. A los segundos la puerta se abre y aparece ella con su sonrisa chiquita que contagia la mía y yo solo atino a abrazarla.
Y que me abrace ella también se siente tan, tan, tan lindo. Suspiro y siento su olor y unas lágrimas aparecen sin permiso alguno y solo quiero abrazarla.
Murmurarle miles de veces “perdón” y ella no diga nada
Despues de unos minutos (no sé cuántos, tampoco me interesa) nos separamos y yo rio un poquito secando mis lágrimas. Ella también tiene lágrimas en sus mejillas.
Me invita a pasar a su casa y que asienta, me siento raramente tímida de volver a entrar a esta casa, la cual visite desde los tres años.
Me dice que me siente, que ella vuelve enseguida y yo le hago caso y me siento en uno de los sillones. Me pregunto si sus padres están en casa y de cómo sería de lindo volver a verlos, porque como si ellos tuvieran la culpa de nuestra pelea no los volví a ver, no volví a pisar esta casa, hasta ahora, y ellos cuando iban a casa yo no estaba. Me pregunto también si estarán enojados conmigo.
La veo volver con su equipo de mate y apoyar todo en la mesita ratona.
― Me conto Lali que hablaron –me dice y yo la miro. Asiento y me sonríe chiquito.
― Ella me dijo que me mande para hablar con vos –le digo y me mira con una sonrisa chiquita- sé que no tenías ganas ni de verme, supongo que hablaste con ella porque las últimas dos veces que hablamos… bueno, nada que ver a lo que paso ese día en el shopping –ella sonríe.
― Ro me lavo la cabeza un poquito –digo y yo muerdo mi labio con una sonrisa.
― Rocío es todo –le digo divertida- también hablo con Lali –muerdo mi labio y ella ríe.
― Me repitió miles de veces que necesitábamos esa charla, porque la amistad que teníamos era re linda… y creo que tiene razón –me dice y yo asiento.
― Si –le digo y asiento y suspiro y no sé muy bien por dónde empezar- estaba en otra en ese momento –comienzo- sé que me aislé, pero no es porque no confiaba en vos –una pausa- Zai, toda la vida fuimos mejores amigas, ¿Cómo voy a dejar de confiar en vos de un día para el otro? –le digo.
― ¿Por qué me lo dijiste ese día? Estabas tan enojada conmigo – muerdo mi labio y niego seguidas veces con mi cabeza.
― No sé –murmuro- ese día era para que me atropelle un auto y me deje de romper las bolas –le digo – trate mal a medio mundo… Marco un antes y un después –le digo- perdí a todos mis amigos ese día, y a vos, que sos o… fuiste como una hermana.
― Para mí seguís siendo como una hermana –me murmura- todos los hermanos pelean ¿no?-sonrío.
― ¿Tanto como nosotras? –pregunte y ella sonrío mordiendo su labio.
― No sé –murmuro- pero te juro que me das una bronca porque anoche me mentalice que me tenía que hacer la dura, de que te tenía que escuchar lo que seguramente tenías para decirme y la primer cosa que hago ¿Qué es? Abrazarte –dice y yo sonrío.
Silencio.
― ¿Me perdonas? –le pregunto y al instante muerdo mi labio inferior. Como cuesta ¿no? Pedir perdón.
― Obvio que si Paula –me dice y yo le sonrío y me tira con un almohadón por la cabeza para que ría.
― Estúpida, te amo –le digo y me acerco a ella para tirarme sobre ella y aplastarla, llenarla de besos en su mejilla y que riamos.
― Yo te odio mucho –dice ella mientras me abraza y yo rio- forra, forra. Lo que me hiciste llorar, creo que no llore tanto, ni con un tipo – la miro y muerdo mi labio inferior.
― Perdoon –le pido de vuelta y vuelvo a abrazarla- nunca más te hago sufrir ¿sí?
― Mas te vale porque me armo de matones y te cagamo’ a palo’ todo’ junto’ ¿ok? – y yo rio asintiendo.
― No vas a llegar a eso, lo juro –y me sonríe para pegarme y volverme a abrazar.
― Me tengo que ir –mordí mi labio inferior.
― ¿A dónde?
― Me junto a estudiar con los chicos… Pero después veni a casa, hacemos pijama party, porfis.
― Bueno –me mira con odio y yo rio – te odio, ya me abonadas.
― Tengo que estudiar… veni, y nos cebas mates.
― Noo, porque no voy a aguantar en silencio- y reí- nos vemos después.
― Te quiero muchísimo –le dije cuando volví a abrazarla.
― Yo también te quiero Pochi –deja un beso en mi mejilla- nos vemos después –asiento y salgo de su casa.
Para volver a la de mis padres, él me llevaba a casa en donde venían Agos y Juampi a estudiar.

~~

― Quiere que vayamos de vacaciones a Villa Gesell –me dice ella sin poder ocultar su sonrisa de enamorada yo sonrío, feliz por ella. Se la ve tan bien- pero ahora que volvemos a ser amigas me parece que le voy a decir que no –dice divertida.
― ¡Ay, Zaira! –le digo y ella ríe – me va a odiar el flaco. Ya lo hace, no me digas nada.
― No –me dice y yo le sonrío –enserio- ¿Y vos? ¿Alguno dando vuelta?
― Nada –niego y ella levanta una ceja, asegurando que no me cree nada- Enserio –le sonrío.
― ¿Y Pedro?
― Pedro nada, supongo que con su novia –le digo y ella me sonríe divertida.
― ¿Celos? – me dice y yo negó.
― Nada que ver.
Y ella larga una carcajada.
Estamos las dos en mi habitación en mi cama, ambas sentadas como coligue con un pote de helado al medio y dos cucharas.
Nuestro “pijama party”
― ¡Jodeme que seguís enganchada! Ay me muero, chiquitos lindos –dice feliz y yo muerdo mi labio – ojo, seguro que Pedro esta igual. ¿Queres que le saque data?
― No Zaira –suena como un ruego- enserio –le sonrío- yo estoy bien así.
― Bueno, pero podes estar mejor –dice con una sonrisa y yo muerdo mi labio inferior, ella otra vez ríe – Ay, seguís hasta las manos – se levanta para abrazarme y dejar miles de besos en mi mejilla.
La amo.
― Como te extrañe, pendeja –le digo y ella muerde mi cachete para que yo le pegue en su brazo y nuevamente ria.
Esa risa tan contagiosa, que pertenece a esta mina tan buena persona.
No hay duda, es todo.

Continuara…
3/4
SE VIENE CHIQUITITASSSS

JusPauliter.

Capitulo 177


Muerdo mi labio inferior tan fuerte que me digo para mi “¡para! Te vas a hacer mierda el labio flaca” es que no puedo controlar la bronca que me da esperar, no puedo controlar el hambre, y tampoco las ganas que tengo de llegar a casa.
Suspiro y camino para la esquina para ver si llega. Ya hace quince minutos que lo estoy esperando y seguro se olvidó de buscarme. Lo peor de todo es que me hizo perder el colectivo y seguramente tenga que volver a casa caminando, lo que significa caminar unas veinte cuadras con un calor que raja la tierra. Y con demasiado hambre
Ah, y ni cinco pesos en los bolsillos para aunque sea comprarme un agua. 
Es cuando escucho una bocina y me doy vuelta pensando que es aquel hombre que se dice ser es mi papá y que en este día es odiado por mí y por mi cuerpo. Por mí en sí. 
Y en vez de que sea mi papá es Pedro por eso frunzo el ceño y sigo camino, porque es obvio que la bocina no es para mí. Busco en mi mochila mi MP3 y dignada a que ya no me busquen, voy caminando a pasos lentos camino a casa.
Pero otra vez la bocina me sobresalta y no me deja escuchar en paz a Gustavo Cerati cantándome que puedo equivocarme, tengo todo por delante y debería sentirme bien. Suspiro y le pongo pausa para volver mi mirada a la calle y que este Pedro sonriéndome desde su auto. Yo levanto una de mis cejas y camino hasta este. 
― ¿Qué haces acá? –le pregunto por la ventana del acompañante, sin entender nada.
― Acabo de dejar a mamá acá a la vuelta… fue a visitar a una tía y te vi caminando.
― Ah –murmuro y le sonrío chiquito - ¿todo bien? – Lo vi asentir – yo tengo mucho hambre así que… voy a seguir –le digo haciendo una mueca, no me divierte mucho, en realidad nada de que él tenga auto y yo tenga que caminar veinte cuadras. ¡Veinte! 
Claro que él no tiene la culpa.
― Te llevo, dale –me dice y yo me quedo mirándolo- Dale, no pienso violarte ni nada –me dice divertido y yo sonrío ocultando una risa- Dale ¿o queres que te abra la puerta y que después te la cierre?
Y ahora rio para morder mi labio inferior y al fin, abrir la puerta, y sentarme al lado de él, que cuando subo la mirada después de abrochar mi cinturón él me esté sonriendo.
― ¿Vamos? –le pregunto y él vuelve a ponerse serio para asentir, y arrancar de una vez.
Lo veo prender la radio y empezar a tararear una canción, la cual no conozco pero sé que es del Flaco Spinetta y sonrío, aguanto mis ganas de reírme porque él sigue cantando malísimamente mal y él me mira porque sabe que en muy poco rio y claro que lo hago cuando el comienza a cantar el estribillo gritando y largo una carcajada enorme para que él se contagie divertido.
― Y hoy que enloquecido vuelvo, buscando tu querer no queda más que viento –entona- no queda más que viento –desentona y vuelvo a reír.
― ¡Basta! –le digo y él forma uno O enorme.
Pero sigue cantando, hasta que la linda canción termina y ya estamos a dos cuadras de casa las cuales se pasan enseguida.
Suspiro y sonrío.
― No entiendo como si te gusta cantar tanto no vas a aprender –le digo, y él me mira divertido.
― Ah, sos una copada vos eh –y yo lo miro sonriente- escúchame viva, mínimo un gracias de que te traje a casa  
― Te iba a agradecer –le sonreí- ¿queres pasar? –él negó.
― Tengo futbol en unos –miro su reloj y yo reí – cinco minutos –hizo una mueca  
― Que raro llegando tarde siempre –le digo y levanta una ceja 
― Culpa de…
― ¡Gracias! –le sonrío- la próxima te quedas a almorzar. Unos fideos blancos… con aceite.
― Mmm, paso –dijo divertido y yo reí un poquito.
― Desagradecido, maleducado –le digo y él me mira serio y yo rio, para acercarme y abrazarlo un poquito y que él también me abrace – Pepe… 
― ¿Qué? –murmura en mi oído.
― Yo sé que estos últimos días nuestros encuentros fueron… raros, incomodos –digo y hago una mueca porque a mí no me parecen raros o incomodos, pero estoy segura que para él si- y a mi también me pasa que no puedo estar lejos de vos- nuestras miradas se chocan- pero… quiero hacer o comenzar a hacer las cosas bien y si para vos es necesario que me aleje un poco, lo voy a hacer –le digo y le sonrío chiquito – lo menos que quiero es lastimarte o complicar tu relación con Cami –hago una pausa, nuestras miradas no se despegan – enserio te digo 
El asiente lentamente y me sonríe 
― ¿Pego el reencuentro con Lali, no? -dice divertido y yo rio un poquito- gracias Pau – me murmura- pero no te alejes –me pide- todavía puedo manejarlo 
Le sonrío chiquito y se acerca a mí para que yo, deje un beso sentido en su mejilla, bueno en realidad iba a su mejilla pero termino en su comisura.
― Chau –le murmuro y el solo asiente.
Bajo del auto y no soy capaz de volver mi mirada para él, no quiero, no.
Entro rápido al edificio y entro al ascensor que por suerte no tuve que esperarlo.
Cuando entro a mi departamento, dejo todas las cosas de la universidad en la mesa y tecleo un mensaje para mi papá: 
“ya llegue a casa, nos vemos a la noche” 
Suspiro recordando el enojo que me había dado de que no me haya buscado y de cómo se me había pasado cuando Pedro dijo que me llevaba y de cómo me reí cuando lo escuche cantar esa linda canción (que él arruino un poquito) y de cómo me sonrío cuando le dije de que si era necesario de que me abría del pasa si se complicaba las cosas con su novia, de cómo cuando me dijo que no me aleje, que todavía podía manejar las cosas sentí algo lindo en mi pecho y de cómo ese abrazo parecía ser eterno.
¡Es tan lindo! 

~~

― ¡Pero si te dije que salía a las doce y media papá! – él suspira y se ríe un poquito 
― Yo te entendí que salías a la una y media –y yo muerdo mi labio inferior y rio un poquito.
Obvio que ya se me había ido todo el enojo.
― ¿Y te fuiste caminando? –pregunta mamá.
― No –murmuro– justo pasaba Pedro que había dejado a Anita en no sé dónde y me vio, entonces me llevo a casa – y la sonrisa de esta, y mi rodeo de ojos para que surjan la risa de ellos tres. 
Los había invitado a cenar a casa, porque desde que me mude solo dos veces habían venido y ninguna de esas dos se habían quedado a cenar, así que hoy temprano cuando fui al súper pensé en unas ricas pastas como menú de hoy.
Me había grabado en la cabeza lo mal que la había pasado este domingo, cuando Delfi me llamo llorando y de cómo me propuse a que nuestra familia se una nuevamente y llegue a ser como antes. ¿Buena manera de empezar con una cena, no?
― ¿Volvieron a ser amigos? –esta vez pregunta Pepi y yo me encojo de hombros.
― No sé si somos amigos, pero bueno… pasamos tiempo juntos, la pasamos bien y listo –dije sin más.
― ¿Y Juampi qué onda? O él no es el candidato –dice mamá y yo muerdo mi labio inferior.
― ¡No ma! Somos amigos nada más. Yo estoy bien así. 
― Hablemos del novio de Pepi –dice papá - ¿a ustedes les cayó bien? Porque a mí no –dice y yo rio divertida. Delfi muerde su labio inferior y mamá no para de reír. 
Sonrío. 
Se siente tan lindo verlos reír. 
Se siente tan lindo reír junto a ellos.

Continuara…

2/4

JusPauliter

Capitulo 176

Otra vez me encuentro ordenando el departamento, como si tuviera hormigas en el culo porque tengo miedo de que llegue antes y yo todavía tenga el living y comedor hechos un asco. Suspiro y paso una mano por mi frente, el día de hoy, martes, es bastante caluroso, por eso cuando me dijo que en su casa no podía, a ver si íbamos a una plaza le dije que venga a la mía, dos y media de la tarde, un calor inmenso ¿está loca esta mujer? Repaso otra vez todo el departamento con mi mirada, y cuando veo que esta todo en su lugar sonrío, y por fin me doy el lujo de sentarme en uno de los sillones, tengo el celular en mano, con el cual me entretengo viendo fotos viejas del viaje y me acuerdo todo: porque saque esa foto, en qué lugar la saque, todo.
Todo allá era perfecto, no tenía ni un solo problema… se ve que tenía que caer en la realidad, y así lo hice, o la vida me obligo a hacerlo: amigos que llegue a pensar (y pienso) que me odian, un exnovio que tiene novia y se lo ve totalmente enamorado de está (como se me ve a mí de él) y por ultimo…unos padres a punto de separarse, aunque todavía tengo la remota esperanza de que así no sea, de que papá cumpla con sus palabras de anoche. Solo eso.
Mi celular vibra obligándome a cerrar “galería” para encontrarme con un mensaje de aquel número desconocido, pero que ahora aparece como “Lali”.
“estoy en un edificio pero me parece que le erre de edificio o toque otro botón que no da a tu departamento. ¡Socorro!”
Reí y enseguida teclee.
“Ahí bajo”
Baje esos cuatro pisos por ascensor y después de saludar a Luca (ahora sé cómo se llama el portero) abrí la puerta del edificio.
O se había equivocado de edificio o se había ido.
“¿Dónde estás?” le pregunto vía mensaje.
Voy caminando un poquito, en frente hay otro edificio y lo más esperado es que le haya errado y este enfrente. Claro que no me equivoque.
― ¡Lali! –le grito desde la otra cuadra y ella levanta la mirada y me ve, muerde su labio inferior y ríe a carcajadas, yo rio con ella.
― No, si a mí me pagan para ser boluda –dice mientras cruza la calle y yo no paro de reír.
― Bueno, casi, casi igual –le digo- podría haber sido peor –sonrío chiquito y una vez que está cerca mío deja un beso en mi mejilla - ¿Cómo estás? –le pregunto y ya vamos caminando para la puerta de mi verdadero edificio.
― Bien, ¿vos?
― Bien –y creo que no sueno muy convincente. Suspiro – espero que siga el portero abajo porque apurada no agarre las llaves.
― Ah, genial lo tuyo –dice divertida y yo rio y asiento.
Por suerte Lucas me ve y al instante me sonríe, para abrirme la puerta, yo le sonrío. Tiene más o menos la edad de Luis, mi anterior portero de aquel edificio que compartía con Zaira en Rosario, pero como él, como Luis no hay otro portero, es un dulce… Me acuerdo el día que le dije que estaba por irme de viaje (todavía no sabía qué me iba a volver para acá) se puso tan contento, que me abrazo y me dijo unas palabras re lindas, me conto que tiene una nieta de mi misma edad y que todavía se le sigue cayendo la baba como cuando nació, es muy buena onda, y le gusta charlar… Es obvio que nos íbamos a llevar bien.
Cuando el ascensor llego, dejo que entre primero Lali que sigue cayada para después entrar yo y que las puertas se cierren para dirigir esté al cuarto piso.
― ¿Hace mucho te mudaste? –pregunta cuando ya estamos en la puerta de mi departamento yo a punto de abrirla.
― Van a ser dos semanas –le dije y ella asintió.
― Es muy lindo –me dice y yo le sonrío en forma de agradecimiento.
― ¿Mates? –Pregunto y ella asienta- ponete cómoda –le digo cuando ya me estoy yendo para la cocina.
Prepare el mate, y puse el agua en la pava eléctrica, siempre le voy a agradecer a mamá de que me la haya regalado en su momento, es que cuando te acostumbras ya no hay vuelta atrás. Cuando se baja la perilla de esta misma, avisándome que el agua ya está para unos ricos mates, llevo en una mano el mate, en la otra la pava y las dejo en la mesa del comedor, para volver en busca de la azúcar y de unas masitas. Lali ya se encuentra en una de las sillas, por eso me siento enfrente de ella, y me cebo el primer mate para mí.
Carraspeo, me pongo incomoda, no sé cómo empezar, si ella quiere empezar ya a hablar o que es lo que planea. Nerviosa e impulsiva tomo una de las masitas y la muerdo, para en segundos termine ahogándome con una de las migas y que Lali en risas me ayude y se levante enseguida por un vaso de agua.
Que no pueda parar de toser, y de tampoco de reír.
― ¡Para! –Me dice divertida – no podes reírte ahogada –y ahora ríe ella por mi mueca- Toma agua –me dice seria, y le hago caso.
Y cuando se me va esa sensación horrible, largo una carcajada la cual contagia a ella.
― ¿Estas bien? –me pregunta y yo asiento hundida en mis risas, secándome unas lágrimas a causa de mi ahogo.
― Ay dios, que boluda –digo y reímos las dos.
― Esto es ridículo –dice ahora ella ya sentada en su lugar. Yo la miro mientras le paso su mate – mi idea era hacerme la seria y tener una charla como se debe –dice con una pequeña sonrisa- pero primero soy yo, equivocándome de edificio - reímos las dos- y después vos te ahogas, nunca me paso esto –dice y yo largo una carcajada.
― Es malísimo –digo y ella asiente con una sonrisa.
El silencio se hace presente y ahora soy capaz de ponerme un poco seria, porque en verdad es necesario, así lo habíamos planeado las dos.
― Yo… -comienzo.
― Em… -dice a la misma vez que yo y reímos, así no se puede, enserio.
― Bueno, empeza vos –le digo y ella asiente con una sonrisa.
― Bueno que… en realidad no sé qué decirte. Solo… me pareció que era bueno venir a hablar para aunque sea… tener en claro lo que paso –dice y levanta una ceja, yo asiento- porque no sé cuánto paso, unos… ¿Ocho? ¿Nueve? Meses
― Ocho –murmuro.
― Ocho meses y todavía no entiendo muy bien lo que paso –me dice apenada- te juro que no sé qué paso.
Suspiro y asiento a la misma vez. Me tomo mi tiempo para al menos armar una oración coherente, pensar bien lo que iba a decir, porque hoy es necesario pensar lo que tengo que decir… Ay veces que no lo hago y me juega en contra, ¿nunca les paso?
― Ese día… fue uno de los peores que tuve –le digo en un tono bajo. Ella me mira – todo indicaba que ese día iba a ser una mierda, pero nunca pensé que iban a llegar ustedes para intentar… aunque ustedes no lo sabían, hacerlo hago mejor –dijo haciendo una mueca. Suspiro, recordar ese día no es lo mejor que me paso en la vida, pero “es necesario”, me lo remarco miles y miles de veces- cosa que obviamente no resulto –reí con ironía, ella me sonrío- ni me acuerdo porque estaba tan enojada con ustedes… el enojo era con Zaira, pero porque enserio que mi día había sido una mierda-asintió – ella me planteaba de que estaba alejada… de que de alguna manera buscaba algo para pelear siempre –digo y mis ojos se llenan de lágrimas- de que… de que le ocultaba cosas. Y en parte era verdad, en ese momento estaba en otra… no sé, era como que hacía poco había cortado con Pedro y sabes que cortamos por un tema de confianza que él no tenía… o no me tiene –ella asiente- y era todo lo mismo, todo un tema de confianza con Zaira, con Pedro, con ustedes que vivían reprochándome que no venía seguido y… me sature.
Seco mis lágrimas que ya están en mis ojos y ella me mira, no deja de mirarme.
― Supongo que eso paso porque te guardabas muchas cosas, en vez de venir y hablar con nosotros –dice y yo asiento.
― No estoy culpando a nadie, ni Zaira ni ustedes tenían la culpa –le digo- tenía muchas cosas en la cabeza… la universidad que me ofrecía un viaje y que no sabía qué hacer si ir o no, recién había cortado con Pedro y en gran parte por el viaje ese –ella asiente- Zaira que me reprochaba de que estaba cortada con ella y con ustedes –le digo- y no sabía qué hacer, no sabía qué camino tomar –le digo- me acuerdo que ese día como nunca le pedí a Fabricio que me de uno de sus cigarrillos, imagínate, yo odiaba los cigarrillos, me había peleado con Pedro por eso… estaba totalmente en otra, era otra –ella asiente.
― Esas son excusas –me dice- siguen siendo excusas… miles de veces me llamaste Pau, por boludeces, bueno, comparando lo que estabas viviendo en ese momento, las cosas por la que habíamos hablado y te había acompañado eran boludeces –asentí – tranquilamente podrías haberme llamado… si sabias que te iba a escuchar.
― Pero hacia un montón no hablaba con vos… creía que no solamente vos, si no el resto estaba enojada conmigo… por lo que había pasado con Pedro –ella suspira y asiente.
― Él también era nuestro amigo –dijo y yo asentí.
― ¡Por eso!
― Pero, Pau…También estábamos con vos, sabíamos que estaban pasando un momento difícil, íbamos a estar con los dos. Aunque en ese momento ustedes se odien o no se puedan ni ver… Nosotros seguíamos siendo los amigos de los dos –asiento y agacho la mirada.
― Eso es obvio –digo en un murmuro- en ese momento no lo vi –dije- estaba con tanta bronca que no lo vi –ella sonríe chiquito- y ya sé que pasaron un montón de meses y que seguramente… nada vuelva a ser como antes, nada va a volver a ser como antes –termino afirmando- pero, no se… pedirles perdón, fui un idiota y en esos seis meses que estuve en New York me dije a mi misma que tenia que disfrutar… sin pensar que tenia que volver y reencontrarme con ustedes, porque aunque no lo quiera, yo seguía siendo amiga de Gastón y Rocío, y era obvio que algo… todavía nos unía –dije haciendo una mueca.
― Yo no entendía nada, no sabía qué hacer, ni que decir… Lo de que vivíamos reprochándote era la posta, y por ahí no nos dimos cuenta en el momento pero fuimos forros al reprocharte siempre de que no venias –dijo haciendo una mueca- pero insistíamos porque, después de lo que paso con Pepe sentimos que te habías aislado muchísimo… nosotras hablábamos todos los días y de un día para el otro no se… cambiaste y no llamaste más y cuando yo te llamaba siempre estabas ocupada o no tenías ganas de hablar –yo asentí- y ese día, no se… era como “¿y ahora?” no sabía que hacer ni que decir… entendí que el enojo en gran parte era con Zaira, y cuando la vi a ella que no podía aguantar más el llanto, sentí una bronca enorme… pero más cuando vos te fuiste, y no habías hablado ni una palabra con ella, Zaira estaba destrozada, y por suerte decidió volverse para Buenos Aires, y ahí es cuando Joaquín empezó a visitarla todos los fin de semanas y bueno –dijo con una sonrisa- es divino y le hace muy bien. Se aman mucho.
Yo sonreí apenada, recordando cuando también dispare contra él y ni siquiera lo conocía como para hablar de él, pero como el enojo era con Zaira disparaba contra ella con todo.
― Zaira me debe odiar –le digo en un murmuro y ella sonríe.
― En su momento fuiste odiada por todos –me dice divertida- Pero Ro también es nuestra amiga, y juro por dios que hasta que no me convenció en ir y hablar con vos no me dejo en paz –dijo y yo reí un poquito secando mis lágrimas y mordiendo mi labio inferior.
― Perdón, enserio –le digo y ella me sonríe- fui una idiota y me di cuenta re tarde, perdí a todos mis amigos por un enojo boludo
― Ya está – me dice- enserio… me costó pero entendí que aunque cueste hay que aprender a escuchar y a perdonar. Y acá estoy, te escuche, te entendí y te perdone –me dice y yo rompo en llanto, no quiero llorar, no quiero que me vea y al instante seco mis lágrimas para verla reír un poquito – basta que no quiero llorar –dice y yo sonrío.
― Gracias –le murmure - ¿puedo pedirte un abrazo? –le pregunto y ella asiente, para apararse y al fin, abrazarla con fuerza.
Que no solamente este feliz de que me haya perdonado, sino también, como ella me dijo, de que este acá, dispuesta a escucharme, a entenderme. Es una gran persona, y me encanta que sea mi amiga… nuevamente.

~~

― ¡Dale que vamos a llegar tarde! Y todavía no compramos el helado –me grita desde el living y yo rio un poquito, para salir del baño ya lista- ah bueno… Vamos a casa de Gastón a cenar no más eh. –Yo sonrío- Ah, para… ya entendí. ¿Es por qué va Pedro no? –Y muerdo mi labio inferior- ¡Como no me contaste nada! Hace más de una hora estoy acá Paula- y yo vuelvo a reír.
― Para que tengamos tema de conversación después –le digo divertida y ella me tira con un almohadón – Dale negra petisa vamos –le digo y ella ríe por su apodo para de una vez por todas levantarse del sillón y salir de mi departamento rumbo al de mis dos amigos rubios.
Cuando se enteraron de que ya habíamos “hecho las paces” con Lali obviamente que nos invitaron a cenar, pero nosotras éramos la encargada de elegir el postre, por ende comprarlo.
Suerte que ella venia en auto (el de sus padres) y de que habíamos encontrado una heladería cerca de lo de Ro y Gas.
Llegamos y por suerte ya habían arreglado el ascensor, así que subimos por este hasta llegar al piso donde se encontraba el departamento.
― Ah bueno, pero que lindas amigas tengo… Encima juntas y ¡sonrientes! –dice un Gastón del otro lado de la puerta para hacernos reír.
― No seas tarado Gastón –le digo con mi sonrisa.
― Eso cállate –dice la morocha y él ríe divertido.
― Uh que les pasa encima que les digo que están lindas y de que me alegro que vengan juntas ¿me tratan así?
― Es que dan ganas de pelarte –le digo y rio un poquito para abrazarlo y que Lali se una a este.
― Vos también sos lindo… ahora déjame pasar –dice Lali y reímos los tres para que entremos de una vez.
― ¿Ro? –pregunto.
― En el patio son las ultimas en llegar –nos dice y no entiendo – Les gano Pedro –me dice más a mí que a Lali y lo miro con odio – Dale Paula, camina.
Bufo, para que ellos rían.
Y así como dijo Gastón, Pedro estaba en el patio junto a Ro charlando animadamente, los cuales cuando nos vieron se callaron y sonrieron.
― Epa –dice Ro y yo rio – Hola bellas –dice y nos abraza  a las dos.
― Hola Ro te podes recibir de “unidora de amigas” –le digo y ella junto a Lali ríen para abrazarme.
― Te quiero tonta –me dice la rubia y yo le murmuro un “yo también” para acercarme a Pedro.
― Hola –le digo con alegría y dejo un beso en su mejilla.
― Hola Pau –murmura y me sonríe - ¿Cómo estás?
― Bien –le digo con una sonrisa pero él me mira raro - ¿Qué?
― Te noto rara –me murmura y yo sonrío – enserio tarada.
― Estoy bien –le digo y él asiente- me amigue con Lali –y ahora sonríe ampliamente.
― ¿Queres un Marlbhoro para festejar? –dice y le pongo cara de asco para que él ría y saque mi cajita de Philip Morris para que ría nuevamente.
― Estos son mejores –le guiño un ojo.
― ¡Hola Pepito! –llega con su alegría Lali y yo rio por la cara de Pedro.
― Zona de fumadores ¿vos fumas? No.
― Ok Pedro ¿Qué te pasa? Acordate que tenes novia eh –le dice divertida y él rodea sus ojos. Lali se va.
Lo miro por un instante y lo noto que cambio su cara drásticamente y yo sonrío chiquito para plantar un beso en su mejilla.
― Sabes cómo es Lali –le digo.
― Se ve que ya volvieron a conocerse después de casi un año sin hablar ¿no? –me dice brusco y yo levanto una ceja.
― ¿Qué te pasa? –le pregunto.
― Nada –me dice y le da una pitada a su cigarrillo yo lo miro por un segundo y vuelvo la vista a la nada.
Suspiro y me da miedo su reacción, no sé si a lo que le dije o a como le deje un beso en su mejilla.
― Tiene razón –me dice después de unos minutos. Lo miro, me mira- tengo novia. –y yo levanto una ceja.
― No entiendo Pedro –lo miro - ¿es por qué deje un beso en tu mejilla? –el niega.
― Porque me está gustando mucho pasar tiempo con vos… y no sé si es bueno.
Yo levanto una ceja y el suspira.
― También pasas tiempo con ella –le digo- la llevas al cine, pasan la tarde juntos, tengo en claro que es tu novia, Pedro.
― ¿Y por eso me besas? –Me dice tranquilo – ¿Por eso vas al cine con Juampi? ¿Para celarme? –Yo levanto una ceja sin entender y él vuelve a suspirar.
― No Pedro –le murmuro- lo del beso… fue solo un impulso –le dije mirándolo a sus ojos- y con Juan simplemente fuimos al cine como amigos, él me acompaño a comprar ropa, yo lo acompañe al cine –levanto una ceja- no veo porque tendría que celarte.
Y eso de hacerme la indiferente me salía tan bien, pero me hacía tan mal.
― Esta bien –me murmura y me sonríe – no tendría que haberte dicho nada –me dice- pero me confundís tanto.
― Perdón –le digo después de segundos en silencio- no es mi idea- o sí.
Él asiente y yo le sonrío tiernamente.
― Voy con el resto –le aviso y solo asiente. Dejo otro beso en su mejilla y camino para dentro de la casa.
Suspirando y sonriendo para mis adentro.

Continuara…
1/4 
para recibir bien el año *aplausos*

lunes, 29 de diciembre de 2014

Capitulo 175

El sonido de mi celular me sobresalto, me asusto y me hizo largar una puteada, para levantarme del sillón en el que me había quedado dormida viendo una película, completamente aburrida. Encuentro el celular sobre la mesa del comedor y sonrío porque no tarde en encontrarlo el nombre de mi hermana aparece y hago una mueca, no es de llamarme mucho y menos a esta hora: 22:27. Suspiro y atiendo, un poco preocupada.
― Delf –y este es el momento en el que me doy cuenta de que tengo una voz de dormida que me delata - ¿Todo bien? –vuelvo a preguntar cuando ella no es capaz de decirme un simple “hola”
― ¿Podes venir a casa? –su voz es frágil y la preocupación es más grande.
― ¿Qué paso Delfi? ¿Estás bien? ¿Papá y mamá? –miles de preguntas y ya estoy buscando con la mirada una camperita finita y mi cartera por si tengo que salir rápido.
― No dejan de gritar, mamá amenaza a papá con que se van a separar y papá esta re sacado –su voz rota. Miles de lágrimas salen y rodean mis mejillas – ya sé que es tarde Pau, pero por favor, veni, o voy yo… no quiero estar sola –me murmura y suspiro.
Escucharla así me mata, es Delfi, la Pepi… mi hermanita, sin ella no soy nada. Y estamos hablando de que mis viejos se están peleando a los gritos, fuerte, de que mi mamá quiere separarse ¿entienden? Todo es una mierda, todo.
― Estoy saliendo para allá –digo, ya cerrando la puerta de mi departamento – tranqui Pepi, encerrate en el cuarto o algo. – y ya sé que no es tan chica, que no tiene cinco años, pero tiene dieciocho, tres años menor que yo y me sale la hermana protectora, me es imposible, y mucho más cuando fue ella quien me llamo que me necesitaba.
El viaje a casa solo tomaba unos diez eternos minutos, los cuales se me están haciendo eternos, no dejo de pensar en las palabras que acaba de decirme Delfi: “…mamá amenaza a papá con que se van a separar y papá esta re sacado…” y unas lágrimas volvieron a aparecer, la angustia me inunda formando un nudo en mi garganta, siento que… que no puedo con ellos separados, ni siquiera me los imagino separados, siempre me demostraron cuanto se aman, los unidos que son el uno al otro, y ahora salen con estas peleas, que no es nada nuevo, pero… ahora, justo en este momento me parte al medio, no puedo asimilarlo, no quiero.
Siempre me enseñaron que teníamos que hacer una familia unida, la cual, con altibajos lo logramos, siempre estuvimos juntos, pasamos cosas lindas como también feas, y… no puedo, juro que no.
― ¿Señorita? –escucho y me sobresalto. Me limpio las lágrimas y veo por el espejo retrovisor al chofer – Ya llegamos –me dice suave y yo asiento. Veo en ese aparato cuando le debía y con una sonrisa fingida, después de entregarle el dinero bajo del auto.
Suspiro, y me mentalizo que ahí adentro están mis padres, seguramente todavía discutiendo, una hermana encerrada en una de las habitaciones que me necesita y… necesito ser fuerte, necesito que me vea fuerte para lograr que ella sea fuerte.
Tomo valor y abro la puerta con mis llaves, al instante de abrir la puerta se escuchan los gritos con más claridad y al verme, se callan y recibo la mirada de ellos dos: mis papás. Trago saliva y me mentalizo otra vez: tengo que ser fuerte, no puedo ser frágil. No ahora.
― Pau –dice una Alejandra con su voz suave, nada que ver a la de hace un instante. Me mira sorpresiva - ¿Qué haces a esta hora acá? –murmura y se me acerca.
Papá todavía se encuentra a un costado.
Los miro con cara de indignación, de bronca… de tristeza.
― Me llamo Delfi –digo y sueno fuerte. Sonrío para mis adentro.
Y no sé qué más decir, no sé qué decirles, no me salen palabras, toda la fuerza se está yendo al carajo y sacudo mi cabeza suavemente.
No, no ahora.
― Pau –ahora dice papá y sus ojos son de tristeza, al igual que los míos. Niego con la cabeza, no quiero que me digan nada, solo quiero estar con Delfina.
Y eso es lo que hago, sin decir nada, me voy directo para la habitación de Delfi y me la encuentro a ella sentada en la cama, aferrada a sus piernas, con la mirada a la nada. Cuando me ve, sonríe chiquito y explota. Explota en un llanto y yo solo puedo abrazarla, nada más.
Como cuando éramos chiquitas, y ella se lastimaba, lloraba y lloraba y yo como no podía hacer mucho, simplemente la abrazaba y aunque no se le iba el dolor de la lastimadura o mágicamente se le cicatrizaba, sentia un alivio el estar con ella. Obviamente que cuando estábamos las dos en plena adolescencia nunca ni un abrazo ni un “te quiero”, hasta que yo crecí un poquito y me di cuenta que es mi hermana… Que es lo más importante que tengo, al igual que mis papás y que sin ellos no soy nadie. Y ese es el punto, sin ellos no soy nadie, sin esta familia unida, sin esta loca que me toco como hermana, con su locura tan linda, sus momentos de rebeldía, sus travesuras, porque si, con 18 años seguía haciendo travesuras, con sus momentos sentimentales en los cuales me decía o demostraba lo importante que soy también para ella. ¿Cómo no estar en estos momentos? En los cuales teníamos que estar unidas, confiar, confiar en que todo se iba a arreglar y que íbamos a salir adelante como la linda familia que siempre fuimos.
― Fue horrible, te juro –me dice, secándose sus lágrimas, después de minutos abrazadas, ella se separó un poco- fue horrible- repite, su voz no se reincorpora y yo ya tengo lagrimas a punto de salir- escuchar a mamá diciendo –hipó- diciendo que se iban a separar –y su llanto nuevamente, el mío. Quería demostrarme firme pero no puedo, no cuando estamos hablando de mis papás – me muero si se separan boluda, te juro que me muero – negué y nos volvimos a abrazar.
Un abrazo eterno, un abrazo que dice más que mil palabras, que demuestro compañerismo, que demuestra amor, que significa un “unidas”.
― Pepi –murmure
― No quiero que se separen, no quiero Pau, no quiero –su llanto, el mío.
Mordí mi labio inferior y tape mi cara con mis dos manos, no podía más, no puedo verla así, yo tampoco quiero que pase eso, juro que no.
― Quiero que siga todo bien, como antes, que no hayan más peleas y que se quieran como antes –dijo.
― Me matas boluda –le digo, con mi voz rota – me matas –y la abrazo nuevamente- daría todo porque todo sea como antes – me apoyo en sus hombros- doy todo por esta familia, y no quiero, no puedo… no me imagino a esta familia rota –suspire – va a sonar boludo, pero ahora más que nunca tenemos que estar unidas, tenemos que estar unidos como familia, somos dos contra dos –dije divertida- nosotras contra papá y mamá, demostrémosle que nosotros damos todo porque esta familia siga adelante.
― ¿Cómo? –murmuro.
― Uniéndonos –dije – uniéndonos como familia.
Me quedo mirando por un segundo completo para después suspirar.
― ¿Vemos una peli? –me dice y yo le sonrío, para después asentir.
Y acá estamos, las dos acostada en su cama de plaza y media viendo Disney que en este momento está pasando Juegos de Gemelas, ambas (y seguro medio mundo más) la vio miles de veces, pero como la amamos, nos enganchamos (como las mil y una veces que la vimos) y la miramos riendo en esos momentos que son divertidos que siguen causando risas.
Me despierto y veo la hora en mi celular: 01:30, Delfi está dormida hace rato, después de ver la peli, nos quedamos charlando de cosas banales y quedamos dormidas, todo parecía estar en silencio, los gritos ya no se escuchaban “brindaba la paz” aunque sea por un momento.
Me levanto cuidadosamente, no quiero que se despierte, me calzo las zapatillas y después de salir de la habitación cierro la puerta. La luz del living esta prendida y noto que alguno de los dos, o los dos, me está esperando.
Y es papá quien se encuentra sentado en uno de los sillones, mientra hace zapping tratando de encontrar algo divertido. Cuando me siente cerca despega la vista del televisor para encontrarse conmigo y sonreírme chiquito, que se acerque y sin decir nada, me abrace.
Que me funda en sus brazos y sienta esa contención, la cual yo se la había dado a Delfi, y ahora era el turno de él que me la de a mí que me encontraba igual o peor que mi hermana. Al sentir su abrazo fuerte, no pude contener mis lágrimas y por eso, si es posible, me abrazo un poquito más fuerte.
― Tranquila mi amor –me murmuro mientras acariciaba mi espalda – Todo va a estar bien –me prometió y lo mire con mis ojos hinchado y mis mejillas mojadas. El suspiro y trato de sonreírme, seguramente él también estaba mal- Las amo, y quiero lo mejor para ustedes –me dice mientras secaba una de mis lágrimas- y si eso significa separarme de tu mamá… lo voy a hacer – y rompí en llanto, él nuevamente me abrazo.
― No voy a poder –le dije hipando- no lo voy a soportar papá –le dije mirándolo- por favor –le suplique- no nos abandones –y rompí en llanto- por favor.
― Mi amor –su voz se rompió y me abrazo- siempre voy a estar con ustedes, siempre… no importa las circunstancia, siempre –y yo negué.
― No destruyan la familia… Quiero que siempre estemos los cuatro juntos –dije con lágrimas- yo… yo puedo ayudar –dije- enserio… puedo alquilar el departamento o venderlo y volver para acá, ayudarlos trabajando, lo que sea –dije desesperada- pero no se separen papá… por favor.
Y me abrazo fuerte, para que logre calmarme, y él también se calme.
― Te amo hija –me dice en un susurro- prometo que vamos a salir adelante ¿sí? –Me dice acariciando una de mis mejillas- Las cosas con tu mamá siempre fueron difíciles, pero vamos a salir adelante, yo lo único que quiero es que ustedes estén bien.
Mi sonrisa chiquita y que esta vez lo abrace yo. Sé que las cosas entre ellos siempre fueron complicadas, pero siempre salieron adelante, solo esperaba que está no sea la excepción, sin exagerar, ellos lo son todo en mi vida y no me puedo imaginar las cosas diferentes, no ahora, y tampoco creo que pueda mañana o pasado.

~

La mañana en la universidad se me había hecho eterna y no sé si es porque estaba en otra o en realidad había sido pesadísima. Creo que me quedo con la primera suposición, es la que más encaja en este momento en el que estoy pasando.
Despues de aquella charla con papá que me dejo mucho más tranquila, me dijo que me quede en casa, ya era tarde para volver en taxi, que mañana él se encargaba de llevarme a casa a buscar las cosas y llevarme a la universidad, y la verdad que le agradecí la invitación me veía incapaz de llegar al departamento y encontrarme sola, sabía que iba a ser mucho peor, por eso, él me busco algunas frazadas y me acomode para dormir en mi antigua habitación. Y tal como él había dicho, al despertarme papá ya me estaba esperando con el desayuno servido (amaba esto), Delfi se levantó al ratito y con una sonrisa, lo cual agradecí hoy era otro día llegue a la conclusión. La abrace en forma de saludo, y después de desayunar, papá me llevo. Mamá seguía durmiendo, según papá tenia turno de tarde. Al llegar a la universidad fue Agos quien (con el paso de los años llego a conocerme mucho) me abrazo al ver mi cara y le agradecí, muchísimo.
Ahora me encuentro caminando junto a Sabi que me invito a almorzar, en la parada del colectivo, cuando me llega un llamado del cual no sé quién es porque dice en mayúscula número desconocido frunzo el ceño y Sabi me mira divertida y me dice gritando “¡Atende!” y le hago caso.
― ¿Hola?
― ¿P-Paula? –escucho una voz femenina.
― Si ¿Quién habla? –pregunto, un preocupada.
― Soy Lali –silencio – Em…
― ¿Está todo bien? –no entiendo su llamado y me preocupa de que le haya pasado algo a Ro o Gas. Por otra cosa no me llamaría, lo sé.
― Solo quería saber si… ¿Podríamos hablar? Quiero decir, juntarnos a hablar… Ya sabes, de todo lo que paso.
Y mi sonrisa inmensa, olvidando todo lo que me está pasando.
― Si –murmuro- Si –digo aclarándome la voz.
Y solo espero a que las cosas se vayan acomodando.
Solo eso.

Continuara…
Capitulo difícil pero necesario para la historia, lo sé, no me digan nada, tampoco me gustan estos capítulos, pero juro que cada vez falta mucho menos para que todo se arregle.
Este capítulo (si me permiten) me movilizo muchísimo, y no se… basta chau
(estoy infumablemente sensible)
Comenten!!!!!!!!!!!!!!!

JusPauliter

domingo, 28 de diciembre de 2014

Capitulo 174

― Sin dudas merezco un premio por el mejor amigo, ¿Quién te acompaña a comprar ropa? ¿Quién, eh? ¿Fabri? ¿Gas? No, yo, Juampi.
Rio y lo abrazo de costado para dejar un beso en su mejilla. Era verdad, acabamos de entrar a Abasto Shopping especialmente para comprarme un poco de ropa, y también el estreno del cine, ese fue el trato: me acompañaba a comprar ropa pero después lo tenía que acompañar a ver “Grandes Héroes” si, esa que es animada.
Pibe de 21 años.
Sí.
Lo agarre de un brazo y de un tirón lo lleve a una de las vidrieras. Un jardinero de jean y una remerita. Amor a primera vista.
― ¿Cómo me veo con ese jardinerito puesto? –le pregunto a él y por primera vez en el día me dedica una mirada a todo el cuerpo. De arriba hacia bajo yo rio.
― Y, con el cuerpo que tenes boluda… ¿Cómo te va a quedar mal? –Sonrei y plante un beso en su mejilla.
― Vos sí que sos el mejor amigo que puedo tener. ¡Vamos, entremos!
Y no le quedó otra que seguirme.
Dentro del local obviamente que vi miles de cosas más que me gustaron y obviamente que no solamente volví loca a la vendedora si no a mi amigo que tuvo que verme probar las diez prendas que ya me iba probando.
― Me gusta –dice con su sonrisa y yo bufo.
Décima vez que me dice lo mismos y con el mismo tono. Rio, divertida y él se contagia para encogerse de hombros y dedicarme una mueca de “yo no tengo la culpa” claro que no la tenía. Suspiro y después de pagar todo lo que compre me doy cuenta que llevo dos bolsas y acabo de llegar.
Hora y media que estamos acá dentro y Juan me mira divertido. Ahora llevo unas tres bolsas más y él sigue sin poder creerlo.
― Y eso que te acompañe yo y que soy malísimo en aconsejarte con la ropa –me dice y yo rio – no me imagino si venís con Agos o Sabi.
― Nene, vos tendrías que ser como una mina, ¿Cómo es que estas estudiando diseño de indumentaria y no te gusta ayudar a las mujeres?
― Soy futuro diseñador, no futuro concejal de ropa –me dice y yo largo una carcajada- Ahora mi película.
― Yo creo que no es necesario mirar una película… animada.
― No te me vengas hacer la madura eh, dale Paula, yo ya te banque, ahora me bancas vos a mí –me dice serio y yo sonrío. Suspiro y asiento.
Salimos caminando para la cola a comprar las entradas, obviamente que en la cola eran todos nenitos de diez años para bajo y yo que pedía que me trague la tierra ya, en este instante.
― Disculpen, ¿están para mirar “El aprendiz”? –nos dice él chico que atendía la boletería.
― No, estamos para “Grandes Héroes” –dice mi amigo
― Vinimos con mi ahijadita –le dije al chico con una sonrisa, y mi amigo me codeo. No se cómo aguante la risa.
― Entonces… ¿tres? –pregunta el chico.
― No, no… te está mintiendo, vinimos nosotros dos solos – dice Juan y yo me pongo de todos los colores – lo que pasa que le doy vergüenza. –y ahora él chico ríe. De mí
Yo casi que salgo corriendo, no quería volver a cruzarme con ese chico por favor, que vergüenza.
Tan acelerada que termine chocándome a no sé quién.
― Perdón –murmure y levante la mirada – Pedro –dije ¿Qué hacia acá?
― Pau –me dice con una pequeña sonrisa- ¿siempre que nos vamos a encontrar me vas a chocar? –me pregunta divertido y yo solo sonrío chiquito. Camila está a su lado, enredando su mano con la de él con una sonrisa.
― Hola Pau –dice ella.
― Hola –les sonrío
Y en eso lo veo llegar a Juan que no para de reírse y que me contagia un poco a mí.
― Hola chicos –les dice a ellos entre risas. Ellos les sonríen- El chico me dijo que eras una gran actriz – Y yo reí fuerte.
― Boludo, nunca pase tanta vergüenza me parece- él ríe nuevamente, la pareja no entiende nada y no quiero contarles. Vergüenza
Por primera vez en estos cinco minutos que me los encontré me dedico a más o menos violar con la mirada a Pedro. Esta vez llevaba una bermuda de jean clarito con una camisa a cuadrille, como a él siempre le gusto usar y su infaltable rosario. Qué lindo que es, y como me gustaría estar en el lugar de Camila, la cual lleva un vestidito floreado, sueltito, bastante lindo.
― Entonces salió más o menos corriendo y ahí es cuando, creo, se encontró con ustedes –Escuche la última parte de mi relato y vi como ellos tres se reían.
Mire a Juan y seguía riéndose descaradamente, mordí mi labio inferior y le pegue en uno de sus brazos.
― Todo es culpa tuya que queres mirar esa película horrible
― Despues de casi dos horas haciendo compras, me lo merezco –dice y lo fulmino con la mirada, para que él me sonría tiernamente y me abrace dejando un beso en mi mejilla - ¿Ustedes van al cine, chicos? –les pregunta.
― Si, vamos a ver “El aprendiz” dijeron que está muy buena –comento Camila que siguió hablando pero yo me colgué en la mirada de él, esos ojitos marrones color miel que anoche se encontraron tan cerca de los míos, esos labios dulces que después de tanto tiempo se encontraron con los míos, necesitaba tanto ese beso, aunque haya sido pequeño, aunque él ahora se encuentre de la mano de su novia (como debe ser) y yo, que gracias a Dios tengo al mejor amigo del mundo que se banco mis idas y vueltas para comprar unas cinco prendas y que después lo acompañe a él a mirar una película que seguramente es horrible, pero… en las buenas y en las malas.
― Bueno, ¿vamos Pau? –Dice mi amigo y al escuchar mi nombre reacciono- ¿Vamos? –me pregunta nuevamente y yo sonrío divertida.
― Colgué, si, dale vamos –le digo y por inercia me encuentro otra vez con la mirada de Pedro clavada en la mía – Chau Cami –le digo a ella y dejo… bueno en realidad choco mi mejilla con la suya en forma de saludo.
― Chau Pau, que disfrutes de la película –me dice divertida y yo hago un gesto como “pff, no sabes cuánto” para que ría.
― Bueno, nos vemos Pau –ahora dice él y deja un beso sentido en mi mejilla yo sonrío chiquito y asiento.
― Nos vemos.
Y cuando solo estábamos a diez pasos de ellos mi primera frase a mi amigo fue:
― ¡Te odio! ¿Cómo les vas a contar boludo? Quede como una enferma no solo delante de Pedro si no también delante de la novia – y él rio descaradamente para que me lo quede mirando y muerda mi labio inferior.
― Uno: Pedro ya te conoce “enferma” –dice marcando las comillas con sus dedos – dos: se ve que no te importo nada la presencia de la novia porque casi que lo matas con las mirada que le hacías. Y tres bueno no se me ocurre nada
― Tarado –murmure - ¿Qué yo lo estaba mirando? ¡Él me miraba! Tenía los ojos clavados en los míos, ¿Qué queres que haga?
― No sé, pero a mi comienza a darme lastima Camila, pobre, flor de cornuda.
― Ay no digas eso Juan, fue un simple beso… insignificante.
― Si dale, ¿y las ganas que se siguen teniendo? A mí no eh, ¡A mí no! –Y reí por el tono que tomo diciendo el “A mí no” para que él se contagie
― Deja de decir boludeces y vamos a ver esa horrible película, dale.
― Un alfajor a que salís riéndote – me extiende la mano y yo sonrío.
― Un Águila –le estrecho mi mano formando el trato
― Trato –me dice y yo sonrío.
Y obviamente que le tuve que garpar el Águila que se ganó y yo me tuve que comer todas sus cargadas en el camino de vuelta a casa.
Ese amor/odio que le tengo a este Juan.
Y a Pedro también.

Continuara…
Dedicado *aunque es malisimo* a "Escritoras y Agos" que depaso les cuento que me encanta compartir ideas y demás con ustedes (Agos infraganti te banco *guiño*). Las quierooo<3
Ah, y ya que estamos a un costado del blog están las novelas de estas chicas, por si se quieren pasar para leerlas. 
GRACIAS POR SUS COMENTARIOS EN EL CAPITULO ANTERIOR. 
ah porq mayus
JusPauliter

sábado, 27 de diciembre de 2014

Capitulo 173

Abroche mi cinturón de seguridad y deje un beso en su mejilla, él solo se limitó a sonreírme y prender el motor del auto, para que rápidamente las casas pasen, al igual que los autos.
Él prendió el estéreo y encontró una canción que le gusto, que yo no conocía, y la dejo. Mi mirada se desvió en mi ventanilla, las luces de la ciudad hacían a esta misma más viva en la noche, la hacían más linda, los autos no paraban más, al igual que el tiempo, tiempo al que teníamos contado, porque en diez minutos empezaban a tocar nuestros amigos y por lo menos yo, quería llegar a tiempo.
― ¿Qué tal tu día? –pregunto, para matar el tiempo, y las ansias de llegar. El desvía por un segundo su mirada para mirarme y que me sonría chiquito.
― Tranquilo –se limitó a decir, yo no despegue mi mirada de la suya.
― ¿Es tuyo? –claramente no soporto el silencio, y creo que él no me soporta a mí. Me mira, sin entender- El auto –ahora asiente.
― Despues de casi un año ahorrando me lo compre –dice, orgulloso y yo sonrío.
― Me alegro –en verdad. Me sonríe en forma de agradecimiento.
Y otra vez ese silencio.
Bufo, porque no soporto estar en silencio y me dedico a mirar por la ventanilla, si otra vez, el viaje me resulta eterno, y mucho más con un Pedro que supuestamente no quiere hablar, y yo que tengo muchas, en realidad muchísimas ganas de hablar. Me digo a mi misma que me tengo que calmar, no tratar, calmar, ya, largo un suspiro enorme.
Despues de diez minutos, Pedro logro encontrar un lugar para estacionar el auto, y una vez que lo hice, desabroche mi cinturón, para bajar y esperarlo a que dé la vuelta del auto y que vayamos caminando juntos para el bar, en donde ya se encuentra a mis amigos cantar. Lo miro enojada, porque odio llegar tarde y él lo sabe, por eso se me ríe un poquito y sigue caminando hasta la barra.
― Dos cervezas –le pide al barman después de preguntarme que quería tomar.
― Enseguida –le dice y en medio segundo el chico volvió con dos latitas de cerveza.
― Gracias –le agradecí, después de discutir de que no quería que me pague.
― ¿Vamos a una mesa? – me pregunta, y yo miro a mi alrededor por primera vez.
Hay mucha gente, está casi lleno, con mesas ocupando todo el espacio, al fondo, está el mini escenario en donde se encuentran nuestros amigos, y les sonrío, aunque sé que no me van a ver. Es Ro que comienza a cantar “melodía de Dios” de Tan Biónica y sonrío.
En ese momento me doy cuenta que todavía no le respondí a Pedro y que me está mirando, esperando a que reaccione. Le sonrío divertida, y él me devuelve el mismo gesto.
― Dale – le digo, asintiendo con la cabeza por miedo a que no me escuche o entienda.
Visualizo una mesa para dos, y me guio hasta esta que estaba a pocos metros del escenario. Nos sentamos uno al frente del otro y pude ver su look por primera vez –ventajas de sentarme primero que él- un jean oscuro, que le quedaba bastante justo a su cuerpo, con una remera color celeste claro y su infaltable rosario de madera oscura. ¡No da más! (o no doy más yo). Me mira, divertido y tengo miedo de que sea porque…
― Estoy lindo ¿no? –me dice divertido y yo muerdo mi labio inferior ya totalmente ruborizada.
― Creído – Le dije, indiferente y largo una gran carcajada que me contagio un poquito.
Mi mirada nuevamente se centra en la pareja que está en el escenario, dejaron de cantar, y ahora ellos, como en el show anterior, se dedicaron a agradecer a los que vinieron a hacerles el aguante. Sonrío y siento felicidad por ellos, se nota que aman esto: cantar, cantar juntos, y de que vengan a escucharlos muchas personas, para ellos debe ser… impagable.
― Están los chicos –me dice y yo lo miro con preocupación, con miedo de que se vaya con ellos y me quede sola.
― ¿Vas a ir? –le pregunto. Mi voz parece débil como suplicando de que no me deje sola. Se le escapa una sonrisa y por eso baja su mirada.
― No te voy a dejar sola –me dice y muerdo mi labio inferior. Necesito calmarme, calmar mis hormonas y mi pulso que esta por estallar.
Le regalo una sonrisa porque no se bien que decir y también me sonríe. Eso se siente tan bien.
― Estuve con Zaira hoy –le digo, como si nada. Levanta una ceja y sonríe chiquito – Yo estaba en casa de Ro –hablando de vos como la mayoría de mis charlas con Rocío, con Agostina, Sabina, Juan, etc. Es que… ¡dios!- y llego ella, al parecer estaba de buen humor o no sé, porque la anterior vez que la vi como que se asustó… Y esta vez no –sonreí. Y también sonrió.
― O sea que… ¿Todo bien? –me dice y yo hago una mueca.
― No sé –murmuro- hablamos porque estaba Rocío y más o menos nos obligó a que mantengamos una charla y que no estemos las dos calladas –dije y él rio – y aunque haya sido una boludez, me alegro de que, no como la otra vez se ponga rígida y el clima sea… horrible.
― Tiene…o tenía sus razones también –me dice y yo revolee mis ojos.
― Ya lo sé –murmure- pero por eso… que hoy la haya pasado bien, fue genial –y me sonríe.
― Me alegro Pau –me dice- enserio te digo… no solo por vos, por ella, que no la paso bien –asentí y le sonreí chiquito.
― ¿Vos con Thiago hablaste? –le pregunto y niega al instante.
― Esta enojado mal –me dice – me dijo que no puedo ser así, que él siempre estuvo conmigo cuando… bueno, cuando vos te fuiste, y que me cagaba en la amistad que tenemos – lo miro sin pestañar. Levanta sus hombros como sin saber que más decir.
Yo desvió mi mirada, y me encuentro otra vez preguntando, sabiendo que a él le gusta ser sincero conmigo, que no va a tener filtro alguno, y eso… en momentos me gusta, y en otros me pregunto, me reprocho de preguntarle, corriendo el riesgo de que me ponga así, de que no me guste lo que me diga y de que me ponga mal, porque viniendo de él me afecta el triple de lo que me afectaría con cualquier otra persona.
Soy así, él es así, y yo soy así con él.
― Voy al baño –le aviso y sin esperar su respuesta me levanto y me dirijo casi corriendo hasta este.
Una vez dentro, suspiro, sé que no me va a seguir y sonrió. Necesitaba este espacio.
Acomodo un poco mi pelo al verme en el reflejo del espejo y me sobresalto cuando escucho unas voces conocidas y veo entrar a Zaira y a Lali al baño.
Les sonrió chiquito.
― Hola –les murmuro y es Zai quien me sonríe también.
― Hola Pau –me dice la morocha (más alta) con su sonrisa y le devuelvo el gesto con una mía- ¿todo bien?
― Si –murmuro y dejo un beso en la mejilla de Lali - ¿ustedes?
― Bien, con el resto de nuestros amigos –dice Lali y mi sonrisa se borra – digo, porque Pedro está a dos de la nuestra y no es capaz de saludar.
― La –murmura Zai.
― Voy a volver –les digo – que la sigan pasando lindo –les sonrío y me voy como entre: casi corriendo.
No se puede estar en un lugar tranquilo que todos me bombardean directa o indirectamente.
― ¿Estas bien? –Me dice Pedro una vez que estoy sentada enfrente de él – te fuiste así… que pensé que
― Estoy bien –lo interrumpo - ¿fuiste por mas cerveza? – le pregunto sonriendo.
― Si no queres es mía –me dice refiriéndose a la lata que está enfrente de mis ojos.
― Me queres emborrachar, ojito –le digo divertida y él rio mordiéndose su labio inferior – me encanta la letra de esta canción –le digo con mi sonrisa. Gastón canta “que otra cosa puedo hacer” del grande Gustavo Cerati y amo. Amo al cantante, las letras, y en especial esta canción tan, tan hermosa.
― Es hermosa –me dice y yo sonrío – vos también eh –y rio con vergüenza, con mis mejillas coloradas.
― Cállate –me quejo y él ríe más.
El reloj de mi celular marca 02:30 cuando estoy afuera con mi pucho, esperando a Pedro que vuelva del baño. Despues de que los chicos terminen con su mini show vinieron a nuestra mesa para que lo saludemos y felicitemos, y que se vayan a donde estaba el resto de… si, de su grupo de amigos. Despues de la tercera lata de cerveza le dije “basta” a Pedro y que me lleve a casa, creo que si tomaba una gota más de alcohol las cosas iban a ser diferentes y para mí… no tan divertidas.
― ¿Vamos? –su voz me sorprende, me sonríe y le sonrío. Le ofrezco mi cigarrillo y él lo toma para darle una pitada y devolvérmelo – a mí también me gustan más los Marlbhoro –reí divertida.
― ¿Cuándo vas a parar con eso? –le pregunto divertida logrando su risa.
― Nunca – y se ríe imitando a un villano para que riamos los dos. Ambos estamos bien, si es que se lo preguntan – dale, vamos.
Y otra vez me encuentro en ese auto, después de un viaje no tan eterno al anterior, porque ahora él si tenía ganas de hablar y eso lo hizo más fácil y más corto al viaje.
― No te invito a subir porque tengo sueño –le digo y él rio divertido.
― Esta bien –me dice con su sonrisa- que descanses entonces, señorita –levanto una ceja divertida.
Suspiro y me apoyo mi cabeza en la butaca, sin mirarlo con mi sonrisa. Él también no deja de mirarme.
― La pase muy bien –le digo – a pesar de… de que bueno, seguro vos no la pasaste tan bien.
― ¿Por qué lo decís?
― Estaban tus amigos en dos mesas y bueno… no sé.
― También son tus amigos –me lo quedo mirando. Suspira- en algún momento lo fueron.
― Lo mío fue hace mil años, ya estoy acostumbrada, digamos –le digo con una pequeña sonrisa y él me mira.
― No te tenes que acostumbrar a lo que te hace mal –me dice y yo suspiro.
― Yo te hago mal –le murmuro y me mira.
― No –también me murmura.
― Te alejo de tus amigos
― Es mi decisión
Mi mirada pertenece en la suya, sin lograr despejarse, muerdo mi labio inferior y él sonríe dulcemente. Bajo mi mirada por un instante y al subirla me encuentro con él serio, creo que aun un poco más cerca de lo que estaba antes. Y un impulso me hace acercarme a él y chocar suavemente mis labios con los suyos formando un beso corto, escuchar un suspiro suyo y del miedo, separarme, y volver mis ojos a los suyos.
Bajo mi mirada y me siento culpable, demasiado culpable por eso atino a decir algo, pero no encuentro las palabras y vuelvo a bajar mi mirada. Él se encuentra lo más lejos posible y unas lágrimas rodean mis mejillas.
― Perdón –murmuro y me mira – perdón enserio –mi voz se rompe y atino a abrir la puerta para irme, pero él me toma del brazo, por eso vuelva mi vista y todavía esta serio.
― Me confundís mucho –me murmura – venís… y logras que mi cuerpo se vuelva una revolución con un simple beso – no dejo de mirarlo- no tengo que decirte –me dice y yo asiento con más lágrimas en mis ojos.
― No hace falta decir nada –le digo- solo fue un impulso –él asintió. Nos miramos por un momento, hasta que me acerque a dejar un beso en su mejilla y que le sonría chiquito- Nos vemos Pepe –murmuro.
― Yo también la pase muy bien – me dice, logrando una sonrisa- nos vemos –y ahora él deja un beso en mi mejilla, para que después de sonreírle y bajar del auto.
Cerrar la puerta del departamento y largar un suspiro.
― Lo bese –murmure, tocando mis labios.

Continuara…

EJJJJJEMMM, ah.
No sé cómo no me morí de amor cuando lo escribí, me pareció súper, híper tierno no se ustedes. Querían un beso, ahí tienen beso y eso que no las hice sufrir
*comenten bich*

JusPauliter

Capitulo 172

Bufo y camino hasta el ascensor una vez más, pero ni miras de que este llegue a donde este yo, me niego a subir cuatro pisos por escalera y por eso insisto en que tiene que bajar el ascensor. Ya hace como diez minutos que estoy esperando, y me decido, no voy a esperar como una estúpida, solo son cuatro pisos… bueno, podría haber sido peor.
Mi mente y mi cuerpo me obligan a subir cada escalón con rapidez y que solo falten cuatro escalones para llegar al tercer piso. Bien, solo veinte escalones más.
Que me atienda divertida y yo bufe, porque sigo enojada, no quería subir unos sesenta escalones, si los conté ¿y qué?
― Me olvide de decirte –dijo y largo una carcajada.
― ¡Te voy a matar Rocío! – Reímos las dos y me abraza un poquito.
― ¿Algo fresquito?
― Mínimo por los sesenta escalones que tuve que subir –dije y ella se dirigió a su cocina riendo.
― ¿Todo bien Pochi? –me pregunta volviendo con un vaso de agua fría y sentándose en una de las sillas de su comedor. Yo me encuentro en diagonal suya.
― Sip –le digo con una sonrisa, la cual contagia una de ella- ¿vos?
― Sip –me imita y yo rio un poquito para morder mi labio inferior- ¿Qué onda la uní?
― ¡A full! –Le digo- ayer y antes de ayer estuve estudiando como cinco horas seguidas. Ya en cuatro semanas es el primer parcial, me voy a morir.
― No digas boludeces, te va a ir genial.
― Si, si entendiera mejor los temas.
― Tenes tiempo boluda –asentí- ¿Planes para esta noche?
― No muchos –digo- vienen mis viejos a cenar a casa hoy –le digo y asiente- y después…-digo con una sonrisa. Ella levanta una ceja.
― ¿Despues?
― Me invitaron para ir a verte con el rubio –digo con una sonrisa
― ¡¿Quién?! –pregunta y yo rio - ¡Jodeme que hablaste con Zai! Ay me muero boluda.
― No, Ro –le digo – ojala boluda, pero no.
― ¿Entonces? Porque solo sé que ella va a ir, y creo que también iba Thiago y Lali –asentí.
― Pedro –y su sonrisa inmensa- ayer bueno… fue bastante raro todo, me dijo que se había peleado un poco con Thiago y quería ir, entonces me invito a mí -levanto una ceja y ella no para de sonreír- ¡Podes parar! –le digo divertida.
― ¡Como voy a parar, boluda! ¿Entonces van a ir juntos? –Asentí - ¡Ayy!
― Pero es raro boluda.
― ¿Por qué?
Y bueno básicamente le conté lo mal que me hizo sentir en casa de Ana con él, su novia y su ego altísimo y de cómo después me llamo para pedirme perdón y de cómo vino a casa, de cómo nos colgamos mirándonos el uno al otro y de cómo sentí que éramos solo nosotros en el mundo, solo nuestras miradas que no se podían despejar, y por ultimo de cómo me invito al mini show de nuestros amigos y de cómo me abrace a él, de cómo me sentí en paz, como antes. En un momento me sentí “como antes”
― No entiendo porque me invito a mí y no a su novia… y no quiero preguntar más, te juro. Cada vez que pregunto me arriesgo muchísimo.
― Loca, si no te arriesgas vas a pertenecer siempre en el mismo lugar.
― ¡Pero me da miedo, boluda!
― La última vez que preguntaste ¿Cuándo fue?
― Recién cuando te pregunte como estabas –le dije divertida y ella rio para morder su labio inferior.
― ¡Tarada! Te hablo enserio.
― Ayer –le dije- ¿y sabes que respondió a mi pregunta? –pregunte con una sonrisa y una mordedura de labio. Falta el suspiro de estúpida de que no doy más y estamos- Me dijo, tal cual eh –le dije y ella rio un poquito- “Siento que… que” su voz toda temblorosa
― ¡Dale tarada! –dijo divertida.
― “Siento que… que es inevitable estar cerca de vos” –mi sonrisa a más no poder.
― ¡Ayyy, boluda! –y yo reí divertida – Y ahí chape desenfrenado.
― ¡Ay, Rocío! –Dije divertida - ¡Tiene novia!
― ¿Y? Para… ¿Qué le preguntaste?
― Cuando me dijo que se había peleado con Thiago, sabía que yo tenía algo que ver… Me dijo que en una gran parte –ella elevo una ceja- pero que no me tenía que sentir culpable, porque él era el que elegía estar cerca mío –su sonrisa, la mía- ¡Para! Y después de eso de que le era inevitable estar lejos de mí –ella asintió- me dijo que era muy importante para él. Y no entiendo como no me morí ahí
― Yo no entiendo como no lo chapaste boluda, hace más de ocho meses que ni un besito le das y viene y te dice eso, yo no sé…
― ¡Ay Rocío! –dije, retándola- ¡No puedo! Aunque quisiera…
― Queres –me acusa con su dedo índice y yo muerdo mi labio inferior- ¡Queres!
― Aunque… quiera –reí divertida- no puedo. Él tiene novia, la quiere, y ella también lo quiere. Yo sobro.
― Eso no lo elegís vos.
― Pero tampoco puedo meterme en su relación, no así como si nada.
Timbre.
Me mira por un instante, y yo sin entender porque lo hace, levanto una ceja, ella me sonríe y va hacia la puerta y atiende. Al parecer esperaba a alguien.
― ¡Como no me vas a decir que tenía que subir cuatro pisos por las escaleras! Me preparaba psicológicamente – Zaira y que rían ellas dos juntas.
Zaira.
La puta madre.
― Deja de reírte boluda, casi que te llamo para que me traigas una botella de agua, encima el calor que hace.
― Jajajajajaja perdóname boluda –la abraza- viste, no es solo con vos –me dice Rochi y yo sonrió tímidamente. No sé muy bien que hacer o que decir.
Zaira intercambia mirada por un momento con Ro y después de una pequeña sonrisa ella se acerca a mí a saludarme.
― Hola Pau –me dice con su voz dulce. Yo le sonrió, sorprendida.
― Hola Zai –y no puedo evitar mi sonrisa- ¿Cómo estás? –le pregunto como si fuera una pregunta casual, en realidad quiero que sea así.
― Bien –murmura. Ella también quiere que sea así.
Nuestras miradas se dirigen a Rocío que no deja de sonreír, yo muerdo mi labio inferior, sé que fue plan de ella y en momentos la odio, pero también la amo.
― ¿Mates? –dice como si nada.
― Terere –dice Zaira – Me estoy muriendo, porfa –dice y la rubia ríe. Yo solo sonrío
Silencio, hasta que la dueña se acerca a nosotras con el termo para empezar la ronda de tereres a pedido de la morocha que está enfrente mío con su celular en sus manos y una sonrisa traviesa.
― ¿Qué onda esa sonrisita? –Ro, que siempre quiere saber todo.
― Que chusma sos, Rocío –dice, divertida- si vos vieras lo que me escribe este chico… a veces lo amo tanto –su tono enamoradizo, el que escuche varias veces- me dice que soy muy importante para él y que no se… puro chamuyo para que afloje, pero me puede –dice divertida me mira y yo le sonrío. Rocío solo ríe y me mira.
― ¿Qué? –le pregunto con una sonrisa.
― Me parece que está de moda esa frasecita – dice y yo muerdo mi labio inferior. Zaira nos mira sin entender – Pepe –le modula y yo le pego divertida.
Zaira me mira sin poder creerlo y yo largo una carcajada.
― ¿Me jodes? –me dice y yo rio, negando- ¿Pero no tiene novia?
― Sip –le digo- de amigos, solamente… supongo –digo y ella ríe.
― Hasta las bolas –dice y Ro asiente.
― Noo, o sea… no creo, yo lo veo bien con su novia, no quiero entrar en su juego.
― Creo que nunca me dijo eso –dice Ro – y eso que somos amigos hace rato, y nunca nos peleamos – y yo elevo una ceja- bueno, me callo –le sonrío en forma de agradecimiento- ¿Y ahora qué pasa con Joaco? –le pregunta esta vez a Zai y ella simplemente sonríe.
Cerca de las siete recibo un mensaje de papá que en una hora están en casa, por eso decido irme, después de unas charlas con ellas dos.
Asumo que fue raro… pero a la vez fue lindo, se sintió bien volver a entablar una charla con Zaira, aunque no hayamos arreglado nuestras cosas, simplemente volver a pasar una tarde con ella y enterarme un poquito de sus cosas y ella de las mías.
― La pase muy bien –le digo a la rubia, ya en la puerta- gracias –sonrío y atino a abrazarla.
― Yo también la pase muy bien y me alegra mucho que aunque sea… hayan compartido una tarde –le sonrío- se merecen devuelta esa hermosa amistad que tenían, por eso les hice esta trampita –dijo divertida y yo reí.
― Te quiero rubia, nos vemos después –le digo con una sonrisa.
― ¡Cierto! Ojito con mi amigo eh – dice y yo rio- yo también te quiero.

Mi celular vibra recibiendo un mensaje, el segundo que me llega de parte de Pedro y lo abro con una sonrisa.
“Bueno no digo nada… Avísame cuando estés entonces”
Sonrío y tecleo rápido un:
“Te aviso” para volver a concentrarme, o tratar, en la anécdota que está contando papá hace ya como cinco minutos.
― Entonces me dice “¿Y cómo vas a venir a una ferretería a comprar helado?” – y el largo una carcajada para que el resto riamos. Nunca entendí a que se debía ese final y no quise preguntar, sé que es capaz de contarla otra vez y la verdad, juro, no quiero aunque me muera de la intriga.
― Quiero verte borracho –dice Delfi divertida- debes ser un desastre.
― En algo tenían que salir a tu padre –dijo mamá y nosotros largamos un “boe” enorme al que nos contagiamos de nuestras risas.
― Pa, ¿no me llevas? Me están esperando en casa de Juani los chicos –dice Delfi y papá al instante mira el reloj. 00:10
― ¡Ya son las doce y diez! –te dije- Si, vamos a ir, porque se nos hace re tarde hasta que llegamos a casa si no.
― ¿No precisas nada hija? – mamá y yo niego.
― No ma, tranqui –le sonreí
A los cinco minutos me vi acompañándolos a la puerta, a los cinco ya en mi habitación vistiéndome y maquillándome a los veinte, mandándole un “ya estoy, Pepe” y suspirando de los nervios, y a los quince viendo su respuesta “estoy abajo”
Sonrei.
¡Nervios!

Continuara…
JusPauliter.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Capitulo 171

Sonreí mientras subrayaba el último título de la fotocopia para comenzar a leer y que tenga su atención. Seguimos en la misma posición que hace ya dos horas, yo resalto las ideas principales, se las comento y ponemos el tema en común para después escribir ideas principales. Y sin duda, estudiando en compañía es mucho más llevadero que hacerlo sola.
Solo me faltan dos renglones cuando mi celular suena en aviso que una llamada está entrando, por eso interrumpo mi lectura para tomarlo y que me encuentre en la pantalla el nombre de Luz.
Que sonría, y que sin dudar, atienda.
― ¡Luz! –esa alegría, esa alegría mía.
― ¡Pochi! –esa alegría, esa engría suya- ¿Cómo estas flaca?
― Todo bien, estudiando un poquito con Agos –la morocha que me mira con su sonrisa- ¿ustedes? ¿La peque?
― Huy, interrumpí, perdón…
― No hay problema –dije con mi sonrisa.
― Nosotros todo bien, Lina con José en el patio disfrutando del pasto.
― Esta hermoso para estar afuera –dije con mi sonrisa- ¡y no estar estudiando! –dije divertida, lodolejo
la risa de mi amiga como la de Luz.
― La verdad que si… Flaca, yo te llamaba para molestarte un poquito.
― ¡Que raro vos! –Reí –no mentira ¿Qué paso?
― Hoy teníamos programado con José salir a cenar como novios –dijo divertida- la gorda se iba a quedar con su niñera pero me fallo y bueno, pensé en la madrina… pero si estas estudiando, olvídate.
― ¿olvídate qué? Obvio que puedo, aparte hace ya dos días que no la veo y la extraño –rio.
― ¿Entonces no te jode? –me pregunta.
― Obvio que no, tráela a casa, o sea a mi casa –dije divertida.
― ¡Ay es verdad boluda! Bueno y de paso conocemos tu refugio –dijo divertida y yo reí.
― Dale Luchi, bueno, nos vemos después.
― Nos vemos flaca, que te sea leve el estudio.
― ¡Ojala! Adiós.
Corto y una sonrisa se me escapa, Agos me mira divertida y yo revoleo los ojos.
― Van a tener que venir a cenar a casa –dije.
― Y si no queda otra –me dice y yo le revoleo un bollo de papel que ella esquiva, por eso su risa y mi mordedura de labio inferior.
― Te odio – su risa.
― Mentira, me re amas.
Re.
― Te juro que no me da más la cabeza ¿podemos parar un poco? –le pregunto, pero suena más a que le suplique que le pregunte. Ella levanta una ceja y sonríe divertida.
― Ya es mucho para vos, paremos porque te va a salir humito –mordí mi labio inferior, visualice otro bollo de papel y sin decir nada, lo tome y se lo revolee por la cabeza.
Esta vez no lo atajo.
Obvio que reí y ella contra ataco para levantarse, tomar un almohadón y pegarme varias veces, para que yo ría y que le diga unas diez veces seguidas que pare.

Al llegar a casa, ya de tardecita, lo primero que hice es abrir las ventanas para que entre ese airecito fresco y entrar a darme una ducha relajante, y rápida. En media hora llegaría mi prima con mi ahijada y mis amigos a cenar.
Ordene algunas cosas rápido en el living, y cuando volvía de mi habitación el timbre sonó y detrás de la puerta apareció la pequeña pero linda familia de mi prima.
Miles de consejos y recomendaciones para solo cuatro horas que voy a estar con Lina, cuando logre dejarla tranquila a Luz, ellos se fueron y me quede con Lina en el living, ella hacia poco se había despertado de una pequeña siesta por eso estaba como con fiaca, así que, le prendí el tele con unos dibujitos y se quedó ahí, mientras yo seguía ordenando.
A los quince minutos llegaron los chicos con su chispa, la cual sobresalto a Lina e hizo llorar, y lo único que hice fue acercarme a donde ella estaba para alzarla y que me abrace.
― Pequeño detalle –dice Juan y yo sonreí.
― ¿Y esta preciosura? ¿Fuiste madre y recién nos enteramos? –Dice Sabi para que ría un poquito y muerda mi labio inferior.
― ¡Tarada! Es Lina, mi ahijadita. Quede a cargo de ella, mientras sus papás se fueron a cenar –miro a la bebe que seguía amarrada a mi cuello – hace un ratito se despertó y bueno ustedes que parecen nenes de cinco años con sus energías- dije divertida.
― Bueno eh, ¿nosotros que sabíamos? Así que estas de madre, pobre criatura –Habla Juan y Lina lo mira yo sonrío – hola hermosa, mira que madrina te toco, pobrecita… vos no tenes la culpa de nada –le dice a la beba que no sabe lo que dice pero se sonríe – tengo razón ¿no? Pero por suerte está el tío Juampi que es mucho mejor que Paula –yo lo miro y frunzo el ceño - ¿queres venir con el tío Juampi? –le dice nuevamente, estirándole los brazos, pero ella no, se vuelve a abrazar a mi cuello, lo que causa risa de todos.
Con ayuda de Sabi preparamos la cena para nosotros cuatros y para Lina que ahora se encontraba en el living volviendo loco a Juampi y Agos mientras jugaban a las muñecas.
Cuando todo estuvo listo, Agos nos ayudó a poner la mesa, y mientras yo le daba de comer a Lina ellos comían una picadita que había traído Juan.
― Extrañaba tus ensaladas de papa –me dice Juan y yo sonreí. Típico de mí la ensalada.
― Ay yo también. Allá era fea la papa –dice Agos y yo reí.
― O le salía fea a ella allá, lo que pasa que se desconcentraba bastante ¿no? –Dice Juan y yo mordí mi labio. “Te odio” module y el largo una carcajada.
― En las vacaciones de invierno ¿Dónde tenes pensado ir a pasear Polet? –dice Juan.
― ¡A Mendoza! –dice Agos, como si fuera una adivinanza, lo que causo risa de ellos tres.
Lina me miro como no entendiendo a que se debían esas risas.
― Están locos mi amor, ignóralos. –le dije y logre una de sus sonrisas.
― ¡Hey, quiero conocerlo! ¿Por qué todavía no me mostraste una foto? –me reprocha Sabi.
― ¿Me jodes? ¡No tengo, boluda!
― ¿Qué no? –dice Agos y yo la fulmino con la mirada- No me mires así porque no me generas miedo –me dice señalándome con su dedo índice y yo rio – tiene miles, seguro por las noches se babosea y se imagina de nuevo allá.
― ¡Ay esa tonadita me vuelve loca! –me imito Juan y yo reí fuerte. Lo odio.
― ¡Basta Juan Pablo! –le grite y el rio aún más - ¡No te soporto! –dije divertida y ahora reímos los cuatro.
Los chicos se fueron alrededor de las doce y media, Lina ya se había dormido hace rato y todavía no entiendo como logro hacerla dormir Sabi, según mi prima, es algo imposible hacerla dormir sin su mamadera antes, pero esta vez fue una excepción.
No tenía sueño, por eso me quede en el living, haciendo zapping, intentando encontrar algo entretenido, pero absolutamente nada de nada.
Mi celular comienza a sonar a todo lo que da y me desespero porque no sé dónde lo deje y quiero atender ya, antes de que se despierte Lina, pienso por un momento y mi mirada se esparce por todo el departamento hasta que me acuerdo que lo había dejado en la mesada antes de lavar los platos.
Logro atender antes de que corte, obviamente, sin mirar antes quien era.
― ¿Hola? –pregunto.
― Pau –dicen del otro lado de la línea y me quedo pensando en que esa voz me es totalmente conocida pero no logro saber específicamente quien es – em perdón por llamarte a esta hora – Y ahora sé que es Pedro y por un lado la bronca invade mi cuerpo y por otro quiero seguir escuchando ¿Qué quiere? - ¿Podrías…Venir a la plaza? – un QUE enorme en mi cabeza, espero no haberlo dicho en voz alta- yo sé que es tarde, pero…
― No puedo –dije, sin más.
Un silencio enorme se formó, lo escuche suspirar y luego mascullar algo que no logre entender.
― Esta bien –murmuró- solo…quería que hablemos.
¿De qué? ¿De cómo pasaron juntos la tarde él y su novia? ¿De cómo disfruto que me ponga incomoda?
― Estoy en mi departamento con mi ahijada y la verdad no quiero hablar Pedro, a parte ¿de qué tendríamos que hablar nosotros? –no pude evitar mi enojo.
― De lo que paso hoy a la tarde –murmuro – no quise ponerte incomoda… ni sabía que habías ido
― No hace falta que lo hablemos –dije- ¿sabes? Si, estuve un poco incomoda, pero no porque haya conocido a tu novia, me pareció divina y se nota que se quieren. ¡Te felicito! Pero vos con tu actitud de soberbio, de que no pasa nada, yo estoy feliz con mi novia y a vos te supere, arréglatela, no me va. No me va cuando después de unas cuatro horas me terminas llamando para que hablemos boludo ¿Quién te entiende?
― Pero por eso te llamo Paula –dice con esa tranquilidad que lo caracteriza – sé que me porte como un estúpido y si te llamo es porque lo hable con Camila y ella misma me dijo ¿entendes? Estuve mal y solamente te llamo para pedirte perdón –un silencio eterno. ¿Ella le dijo? Entonces no salió de él – Me hubiera gustado pedirte perdón en la cara, pero entiendo tu situación, y no hace falta mentirme si estas con alguien o no queres verme.
― No te estoy mintiendo Pedro –dije un poco enojada- ya está, perdonado, todo bien. ¿Listo? Chau, que descanses.
― Hey, espera –me dice- te invito una cerveza…paso por tu departamento y te busco
― Enserio que esta Lina conmigo Pedro –digo y el bufa – veni a mi departamento. Te mando la dirección por mensaje.
― ¿No te jode?
― ¿Vos me estas jodiendo? Por algo te digo que vengas.
― Bueno –pausa- en quince estoy allá.
Y no sé porque me encuentro sonriéndole al celular como una tarada.
Cuando me doy cuenta de que en quince minutos llega, salgo más o menos corriendo al baño para acomodar un poco el pelo, salgo, espío a Lina que duerme en mi cama toda desparramada para sonreírle y que toquen timbre.
Mierda.
― Hola –me saluda del otro lado de la puerta con su sonrisa.
― Hola –murmuro y deja un beso en mi mejilla – pasa –me doy cuenta de decirle cuando el levanta una ceja y me mira expectante.
― Permiso –murmura – ¡qué lindo! Felicitaciones –me dice y yo sonrío.
― Gracias… ¿Queres tomar algo?
― Lo que vos tomes –me dice y yo le sonrío chiquito para perderme en el pasillo que da a la cocina y sacar dos cervezas - ¿hace mucho te mudaste?
― Este es el cuarto día que estoy acá –digo, volviendo a él que ya está ocupando uno de los sillones individuales. Yo ocupo el de dos cuerpos y me pongo cómoda – lo amo –digo sonriente y él ríe un poquito.
― Se nota… Además es muy lindo, tiene mucha onda.
― Si, todavía le falta… quiero poner unos retratos pero todavía no se bien que fotos –digo haciendo una mueca. Y me levanto, porque tengo veinte fotos ya elegidas y solo cinco retratos - ¡Complicado! –digo y le entrego las fotos.
La mayoría son estando yo con mi familia, dos o tres allá, en New York, con los chicos de Rosario y una foto con… ¡Con él! Ay no, no quiero que la vea.
Atino a sacárselas pero ya es tarde porque me esquiva y ya está viendo la foto que esta él. Mis mejillas se ponen no coloradas, bordo y muerdo mi labio inferior.
― No voy a ponerla igual –le avise antes de que diga algo.
― En la mesa de luz la vas a poner. –me dice, divertido.
― En tus sueños, Pedro.
― Mejor en los tuyos –dice y ríe un poquito. Vuelvo a morder mi labio inferior y le pego suavemente en su hombro - ¡Hey, violenta! –se queja y ahora la que ríe soy yo.
― Vos empezas - lo acuso.
Timbre y me sobresalto, hasta que caigo que deben ser mi prima con José y no me equivoco.
― Se nos hizo re tarde, perdón, perdón –entra Luz y me abraza- ah, pero estás bien acompañada –dice cuando seguramente, ve a Pedro sentado en uno de los sillones.
― ¿Cómo estas Luz? –dice Pedro que se acerca a saludarla.
― Muy bien y ¿vos? ¿La chanchita?
― Duerme hace rato –le digo con mi sonrisa- veni, está en mi habitación – los volvió locos a los chicos –dije divertida- y Juan que no se queda atrás, se pone en la altura de la gorda- muerdo mi labio inferior.
― Eso es lo que ella quiere –dice divertida- mi vida, mírala –totalmente enamorada.
― Es un ángel, y ya sabes cuando quieras, la podes dejar con la madrina.
Una vez que Luz baja con la gordita, yo cierro la puerta y vuelvo a donde esta Pedro, esta vez ocupando mi lugar, así que me senté al lado de él.
― ¿Te volvió muy loca mamá hoy? –pregunta divertido.
Yo sonrío.
― No, pero siempre amo preguntar –dije divertida- es un amor tu vieja –le digo y sonrió.
― Un poco metida… ¡Me saco tu número de mi celular, boluda! –y yo reí.
― No le quedó otra.
― Pero yo ya le había dicho que te había avisado que te esperaba –asentí.
― Yo era la que no me decidía en ir así que tuvo que llamar –dije divertida y él asintió.
Silencio eteeeeeeeeeerno. Con muchas E más.
Suspire y sentí su mirada, entonces lo mire.
― ¿Mañana vas a ver a Ro y Gas? –preguntó y yo negué.
― No tengo con quien ir –dije en un murmuro, él simplemente asintió.
― Yo voy a ir solo… si queres podemos ir –me dice y me lo quede mirando- anoche me pelee un poco con Thiago y no tengo ganas de seguir discutiendo –levanto una ceja, sorprendida- boludeces que me plantea.
― ¿Tengo que ver en algo?
― En gran parte –murmura- pero no te sientas mal… soy yo él que decido estar cerca de vos.
― ¿Por qué? –y me queda mirando- ¿Por qué queres estar cerca mío sabiendo que te voy a hacer mierda?
Y me queda mirando. Siento por un instante que el tiempo se para y simplemente somos nosotros dos, no sé por cuanto pertenecemos así, pero siento que puede llegar a ser eterno y se siente tan bien.
Baja su mirada y habla
― siento que… que –su voz nerviosa me pone más nerviosa a mí – que me es imposible estar lejos de vos –me murmura y me siento morir.
Bajo mi mirada y vuelvo a subirla al instante.
― Sos muy importante –vuelve a decir y ahí si fallezco.
Le sonrío enternecida y él me devuelve el gesto.
Solo atino a abrazarlo.
A hundirme en sus brazos y sentir su rico perfume.

Continuara…

Amo más las puteadas que cualquier otra cosa, les juro que me divierto mucho. MIL gracias por sus comentarios del capítulo anterior, son lo más.
Espero que se porten bien en este porque yo me porte de diez.
Ahre.

Capitulo 170

Camino esas tres cuadras que la mayor parte de mi adolescencia camine sola o junto a mis amigos o también en compañía de él, no entiendo porque lo estoy haciendo, tampoco entiendo en que momento le dije que sí. Supongo que el cariño que le tengo a Ana como también a Horacio es bastante importante, porque no sé si lo haría si no fuese así. Sé que va a ser un momento raro, puede llegar a ser incomodo, no porque por ahí llegaría Pedro, porque es obvio que puede llegar a pasar, si no, se cómo es Ana, y sé que ella me invito para sacarme data (además de que se la vio muy contenta de porque hice el viaje) que no le pudo sacar a su hijo. Suspiro y camino las dos casas que tengo para llegar a casa de la familia Alfonso y una vez que estoy enfrente de esta, mis nervios crecen y un impulso bastante raro me hace golpear con mi puño tres veces la puerta.
Se sintieron unos pasos llegar a la puerta, la llave girar dos vueltas y vi que el picaporte se bajaba para que cuando se abra la puerta detrás de está aparezca Horacio con su sonrisa y un gesto de sorpresa.
― ¡Pau! –me dice y yo le sonrío un poco tímida- ¡Pero qué lindo que viniste! ¿Cómo estas flaca?
― Bien, muy bien ¿usted Hora? También me sorprende venir por acá, pero ayer me invito Anita así que, acá estoy –dije divertida.
― Ana y esa costumbre de forzar reencuentros –dice negando con su cabeza- pasa Pau, ponete cómoda.
― Si, gracias –murmure.
Camine lentamente hacia el comedor y me senté en una de las sillas, al ratito volvió Horacio con Ana que le murmuraba algo, pero cuando me vio calló.
― ¡Paulita! Qué lindo que viniste, no sabes cuánto me alegro –me dice mientras yo le sonrío y me levanto para abrazarla – Estas enorme –dijo y yo reí un poquito- y muy linda.
― Vos también estás muy linda Anita eh, ese cabello rubio, toda una modelo –le dije divertida para que ella ría.
― ¿Me queda bien? – Pregunta no muy convencida- me lo hice ayer porque teníamos el bautismo de Lucia –dijo sonriente.
― ¡Hermoso te queda! –le dije y ella me sonrío.
Horacio se despidió poniendo de excusa que tenía que hacer unos mandados, pero creo que era para quedarnos solas.
Volví a quedarme sola en el comedor, mientras ella iba en busca del equipo de mates y un platito con tortas fritas que me había prometido. Mi mirada voló al living, en donde en uno de los muebles había miles de retratos con fotos familiares. Sonrei. Admiraba la unión que tenían, en como enfrentaban todos los problemas juntos, o en cómo se alegraban cuando a uno de los integrantes de la familia le pasaba algo lindo o que esperaba hace mucho.
En mi familia también éramos unidos, pero, no se notaba tanto… creo que es porque ellos son muchos, nosotros solo somos cuatro, y siempre tratamos de estar cuando nos necesitamos.
A pesar de la distancia.
Bueno ahora no hay distancia que me separe con ellos, y en gran parte, la decisión de que me haya vuelto para acá es por esto: puede que tenga amigos alla, en Rosario, los cuales siempre estuvieron para mí, pero este es mi lugar, acá esta mi familia, y… los amigos pueden ir y venir. La familia no. La familia siempre esta, nunca te abandona.
― No me digas que no es hermosa… capaz soy yo que estoy muy babosa, pero mira esos ojitos, esa sonrisita –me sorprende Anita que llega a mi lado con una foto de su (amada) nieta junto a sus abuelos (ella) y Horacio.
Yo sonrío. Es idéntica a Federico, solo que sus ojitos son claros como los de su mamá.
― Es preciosa Anita –le sonrío – esa sonrisa debe unir mucho a la familia ¿no?
― La verdad que si –dice ella una vez sentada al frente mío – esa beba es la unión –y yo sonrío.
Me pregunto quién hace la unión en mi familia, supongo que la hacemos entre todos, porque no se me ocurre a nadie específicamente.
― ¡Contame! ¿Cómo te fue allá Pau? ¿Hace cuando llegaste? –sonrío. Bombardeo de preguntas en tres…dos… uno.
― Hace ya una semana que llegue –dije con una sonrisa chiquita – la verdad que la pase muy bien… Conocí muchos lugares, supe integrarme al lugar y a la gente enseguida por suerte… y bueno, el trabajo, mis compañeros de departamento, todo genial.
― Ah, ¿te ponían con cualquiera allá en el departamento? ¿Era un departamento? –asentí.
― No te ponen con cualquiera, yo compartí con dos amigos de Rosario, que bueno ahora se vinieron a vivir acá y un chico que es de Mendoza pero hace ya tres años esta allá trabajando –dije con mi sonrisa.
― Que bien Pau. ¿Y tenías muchas horas de trabajo?
― No… o sea, lo normal. Era como una trabajadora más –dije y ella asintió- es una linda experiencia, la verdad que aprendes mucho
― Si, bueno… a Pedro le habían ofrecido hacer algo parecido – murmure un “ah” – pero si o si tenía que saber hablar en inglés o francés… y va muerto –dijo divertida y yo sonreí.
― El idioma te limita mucho… yo me fui sabiendo lo básico, pero allá aprendes si o si, no te queda otra –dije sonriente.
Y ella asintió. Un silencio se creó y no lo puedo creer, ¿Cómo silencio y estamos hablando de que me junte con Anita persona la cual no puede callarse ni por un minuto y yo ni por medio?
― ¿Y con los chicos? ¿Ya te reencontraste? –pero es ella la que tiene miles de preguntas guardadas y rompe el silencio.
Sabía que me iba a preguntar esto, estuve pensando las posibles preguntas que me iba a hacer y esta es una de ellas.
Sonrei chiquito.
― Los vi en el cumpleaños de Gastón –murmure y ella asintió- y hará… dos días, me encontré con Zaira en un shopping –dije, haciendo una mueca, recordando lo incomodo que fue.
― No parece que lo dijeras con alegría… ¿siguen peleadas? –asentí lentamente y ella mordió su labio inferior yo reí un poquito- Pero… ¿Cómo?
Suspiro y sonrío. Hablar de este tema me incomoda, no sé bien que decir y… Fuf.
― Cuando yo me fui –comencé, sin saber muy bien lo que iba a decir – em… deje muchas cosas inconclusas… sin hablar, bien –hice haciendo una mueca, buscando las palabras exactas. Ella me miraba con atención- me iba… y no me importaba nada, solo el viaje. Sin darme cuenta que en seis meses volvía –dije con una sonrisa irónica- que se yo… todo lo que paso o más bien lo que hice no me jugo muy a favor… y está bien. –murmuro. Nada está bien.
Desvió mi mirada, porque ya estoy odiando hablar de esto y de que no pueda hacer nada, me siento obligada a quedarme en el molde, a no hacer nada. Ya es demasiado tarde.
― No creo que Zaira y el resto de los chicos sigan enojado –me dice con esa dulzura que la caracteriza- y no creo que hayas hecho algo tan grave como para que todavía no se hablen Pau. Sos una gran personita ¿Quién puede estar enojada con vos durante tanto tiempo? –me dice y yo sonrío chiquito, con mis lágrimas ya rodeando mis mejillas.
― No, Aní. Enserio, me porte como una histérica, una mala amiga, una cerrada de mierda… y tienen razón en estar enojados. Y mucho más Pedro –le digo- que no sé cómo, a pesar de todo lo que paso… sigue bancándome, no lo entiendo. –me sonríe y acaricia una de mis mejillas.
Suspiro y seco mis lágrimas, para volver a mirarla y sonreírle.
― Pepe siempre va a estar con vos –me dice, y lo sé, por eso asiento- te quiere mucho –me murmura y sin permiso alguno otra vez lagrimas rodeando mis mejillas.
― Yo también lo quiero –mi voz está rota, y odio mostrarme tan débil- enserio que lo quiero mucho –dije- pero vivo haciéndolo mierda y me da mucha bronca que siga estando… tendría que odiarme –le digo intentando sonar divertida.
― No digas eso chiquita –me dice y se levanta para abrazarme – vas a ver que todo se va a resolver –me dice y deja un beso en mi cabeza.
― Ojala –le digo y le sonrío- gracias Anita.
Y cuando me está por responder se escucha que la puerta se abre y unas risas se escuchan, al instante, aparece Pedro con la misma chica que la vi con él en el supermercado a la que ahora reconozco como Camila.
Al verme, a él se le borra todas las facciones de felicidad o de diversión para que se vuelva rígido, serio. Y entro en pánico, sé que no le gusto que este acá.
― ¡Chicos! Volvieron temprano –dice Anita con su sonrisa - ¿Cómo la pasaron? –pregunta otra vez y Pedro logra desviar su mirada de la mía.
― Bien, Anita – pero la que habla es ella, una morocha de pelo cortito con una voz dulce- estuvo muy divertido ¿no, Pepe? – le pregunta y al instante la mira con su sonrisa.
― Es genial –dijo con su sonrisa-
Carraspeo y al fin se da cuenta que estoy acá.
― Nosotras estábamos charlando un poquito con Pau –dice Anita con su sonrisa- para ponerme al tanto porque vos no me contas nada eh –le reprocha a su hijo.
― No tengo porque contarte ma –le dice un poco enojado – Hola Pau –y al fin me saluda. Me acerco un poco y el deja un beso en mi mejilla, yo me limito a sonreír – Cami… Paula-me presenta y yo sonrío o eso intento.
― Todos en esta casa hablan de vos –me dice con su sonrisa- un gusto Pau
― Un gusto –murmuro con una sonrisa.
― ¿Se suman a los mates? Hay tortas fritas –dice Anita. Ellos se miran por un momento y terminan asintiendo.
― Yo tengo que irme Aní –le digo o eso intento, mi voz todavía no se recupera y mucho menos ahora con esta… presentación.
― ¿Enserio?  ¿Por qué no te quedas un ratito más? Te podrías quedar a cenar.
― En realidad no puedo –digo con una sonrisa chiquita- mamá me está esperando para acompañarla a comprar un poquito de ropa.
― Bueno, pero prométeme que vas a venir seguido.
― No seas pesada, vieja –la reta Pedro y yo sonrío incomoda. Es obvio que no quiere cruzarme. Él ya estaba sentado en una de las sillas con Camila al lado con sus dedos enredados en su mano.
Auch.
― Bueno, bueno eh. Entonces ¿nos vemos?
― Seguro –dije, mi voz sonó peor que antes. Me abrazo y yo agradecí –te quiero, gracias.
― Yo también te quiero Paulita ¿vas a estar bien? –Hago una mueca y ella solo sonríe – llámame cualquier cosa.
― Adiós –elevo la voz para que ellos me escuchen y después de verla a ella decirme “Chau Pau, hasta luego” y a él solo sonreír chiquito… como disfrutando cerré la puerta y suspire.
Dios ¡Como odie todo esto!
Me siento la persona más estúpida del mundo, sabía que podría llegar  a pasar esto, pero nunca me imaginé que iba a hacer así de incomodo… él lo hizo incomodo, porque su novia al parecer parecía buena onda… bueno, podría haber sido peor, mucho peor.
Me limite a guardar mis lágrimas, no quería llegar mal (o peor) a casa y que mamá me bombardee con sus preguntas, no quiero más preguntas, no.
No más.
Trate de relajarme y con una sonrisa totalmente fingida abrir la puerta para encontrarme con aquella pareja que me aman y yo los amo, sentados en el living, abrazados y al parecer divirtiéndose un poco.
Los amo.

Se la veía frustrada, pasando miles y miles de hojas, yo solo mirando como pasaban estas mismas tan rápido sin decir nada. No quería.
Me llamo para que vaya a la casa a estudiar juntas y como siempre me dan ganas de juntarme con ella, aunque sea para estudiar, le pedí a mamá que me deje en casa de mi amiga después de pasar casi toda la tarde buscando algún vestido que ella se sienta cómoda para una cena con amigos que tenía mañana. Y por eso acá estoy, en casa de ella, en su habitación, con miles de apuntes y libros rodeándonos, ella intentando buscar una fotocopia, yo solo mirando, pensativa.
Sí, porque no pude dejar de pensar en todo lo que paso en casa de Pedro, en cómo se mostró con su novia, en cómo le dijo de una manera indirecta a su mamá que no quería volver a verme en su casa, y de cómo me afecto todo eso… Insisto en que ya hacen más de seis meses de que no estamos juntos y en que estas cosas no me tendrían que afectar en lo más mínimo.
― ¡Acá esta! – Grito, se podría decir de la felicidad porque su sonrisa era plena, la cual me hizo reír un poquito – Ya estaba entrando en pánico ¿y a vos que te pasa? ¡Deja de hacerte la cabeza Paula Chaves! –me dice divertida y yo le sonrío. Bajo mi mirada y la siento bufar. A los segundos unos brazos se envuelven en mi cintura por un costado y levanto mi mirada para encontrarme con ella mirándome seria- ok, ¿basta, si? La cortas –me dice y yo me quedo mirándola – enserio Pau, no podes vivir mal por un tipo que claramente… está haciendo la suya como si nada.
― Estoy harta de hacerme la cabeza por todo, te juro –le digo- pero todos me hacen miles de preguntas, me pasan miles de cosas horribles y ¿Cómo queres que este?
― ¿Ahora?  Concentrada en estas malditas fotocopias –me dice con esas mismas en su mano - ¿después? Linda para salir a comer con esta belleza, o sea yo –reí – el tonto de Juampi y la diosa, mucho menos que yo de Sabi ¿ok? –Sonreí mordiendo mi labio inferior- por unos cuarenta minutos ¿podes dejar de pensar en Pedro y en esas risitas que tenía con su novia? –Mordí nuevamente mi labio – dale o me vas a obligar a que te consiga un novio para que te olvides de ese gil ¿Qué decís? –le sonrío.
― Que te calles y que nos pongamos a estudiar ya. Esto es malísimo de tener que estudiar un viernes, enserio –dije y ella asintió sonriente, para que después de dejar un beso en mi mejilla vuelva a su lugar dispuesta a seguir o a comenzar con nuestro estudio.
Y ¿Cómo mierda hago para olvidarlo?

Continuara…

Si o si subo dos, pero si comentan *aunque sea insultandome* me voy a poner feli' chau 

JusPauliter