miércoles, 25 de diciembre de 2013

Capitulo 84


Vos.
Tú mama. 
Un miércoles seis de septiembre del 1984. 
Ocho de la noche.

Hoy.
Vos. 
Tu familia. Tus amigos.
Diecinueve años de aquel miércoles a las ocho de la noche. 

Tu sonrisa. Las de ellos, claro.
Seis de la tarde de este viernes y no dejabas de sonreír por el simple hecho de que estas con ellos, compartiendo tu día, acompañados de risas, anécdotas,  y recuerdos lindos, aquellos que estas involucradas y te dan un poco de vergüenza. Por no decir mucho. 
Tu mamá se encargaba de salir con bandejas con  comida, porque te había insistido en que vos no ibas a mover un dedo, esta vez ella se encargaría de todo, y digamos que no te costó demasiado hacerle caso. 
Estos últimos días que pasaron, te enfocaste en tu viaje de egresados (que solo quedaban cinco días), en tu trabajo y por último en el colegio. Claro que disfrutabas de tardes frías con tus amigos, o porque no quedándote en tu cama mirando alguna película o leyendo. 
Los fines de semanas como solamente trabajas a la mañana te pasas la tarde con los chicos, para que después salgan a tomar algo, o simplemente se quedan en alguna casa (también en Distinto).

Con él… Todo igual. Resentidos ambos.
Él seguía sin dirigirte la palabra. Vos seguías sin dirigirle la palabra. 
Él estaba en papel de resentido. Vos estabas en papel de resentida. 
Él seguía fumando. Vos seguías enojada porque fumaba. 
Así estaban las cosas. 

Por eso, en el día de tu cumpleaños, él no hizo presencia, y claro que te molesto, aunque lo hayas visto esta mañana, vos lo querías acá presente, porque a pesar de que ambos son resentidos, que estén peleados son amigos. O algo así. 
Recibiste muchos regalos, y eso te encantaba, te hacía sentir mimada. 
Y parecieron solo minutos para vos este día, porque se te paso literalmente volando. 
Podías ver a tu familia reírse de alguna pavada que seguramente Delfi había dicho, y reíste al escuchar sus risas. Tu amigo Thiago no dejaba de cargar a Rochi porque la rubia friolenta estaba demasiado, demasiado abrigada, y él se aprovechaba de ella, pobre. Su novia lo peleo un poquito y abrazo a su mejor amiga quien le hizo burla al morocho, para que ella con su mejor amiga rian, y que te contagies. 
Zai contaba que esta tarde temprano había visto unos abuelitos caminando de la mano y que había muerto de amor, se mentalizaba que ella quería llegar así de viejita con algún viejito que la quiera. Gastón y Thiago que bufen por la ternura que derrochaba Zaira, y que las chicas estén de acuerdo con ella, porque ustedes también quieren lo mismo.
- Pau – Tú hermana llegando a donde estaban ustedes en medio de unas risas, ella levanto la ceja y un poco que se contagió – Te esperan… Afuera. 
- ¿Quién? - Tu sorpresa, y la sonrisa de tus amigos. 
- Dale Paula –Insistió Delfi. 
Bufaste y les hiciste la cruz a tus amigos, porque claro que ya te imaginabas quien te esperaba. 
- Hola – Vos y una pequeña (pequeñísima) sonrisa. 
- Feliz cumpleaños.
Habías cruzado el umbral de la puerta cuando la cerraste detrás de ti, y querías salir corriendo, no querías, no. ¡Resentida! ¡Histérica! ¡Loca! Esas tres palabras te la dijo alguien dentro tuyo gritando, para que entres en razón. Imposible.
- Gracias – Cortante al cien por cien. 
Y que él si se sentia estúpido, ahora que se sienta el triple. Si vos te darías cuenta el tipo (tipazo) que tenes frente tuyo Paula. 
- ¿Cómo la estás pasando? – Sabe cómo remarla. 
- ¿Bien? –Silencio- ¿Por qué no viniste?
Eso era lo que más te dolía… Además de otras cosas, pero eso más.
- Bueno… Estoy acá. –Te dijo con una pequeña sonrisa, a lo que vos revoleaste los ojos.
- Ya casi que se van todos. 
- Sabes porqué Paula. – Y no, no lo sabias. O sí, pero no. No. 
- No, no lo sé. – Ylél que bufo ahora fue el. 
- Tal vez porque hace más de una semana que no nos hablamos, tal vez porque estas enojada conmigo… ¿Para qué? ¿Para sentirme mal? No. –Levantaste una ceja.
- ¿Entonces?
- Entonces… Vine porque, porque a pesar de todo eso quería darte mi regalo y mandarte los saludos de mi mamá –Él fue quien revoleo los ojos y vos sonreíste. 
Fue cuando escuchaste la puerta que se abría y un “¡No seas corta mambo!” de casi todos tus amigos y que escuchen una puteada de tu tío, y protestar “solamente quería fumar, che” A lo que ustedes dos rieron. 
- Gracias por el regalo Pepe – Porque a pesar de todo, siempre vas a ser agradecida.
- Espero que te guste… Lo podes cambiar si no. –Y le sonreíste. 
- ¿Vas a pasar? Hace un poco de frio.
- Prefiero irme –Y asentiste- Espero la termines de pasar bien.
- Gracias - ¡Basta de agradecer loco! – Eu, mañana… ¿estás en tu casa? 
- Eh… Seguro que sí. ¿Por? 
- Solo preguntaba – Mentirosa, mentirosa, mentirosa. El asintió y dejo un beso en tu mejilla a lo que vos, torpe como sos te asustes, porque pensabas que ese beso no iba a ser en la mejilla si no en… Y que te caigas para atrás, de culo. 
Y claro que él ría. ¿Sabes por qué te pasa? ¡Por arisca! 
- Ya sé que soy feo, pero tampoco para tanto –Dijo riendo mientras te ayudaba a levantarte. Y que vos te muerdas el labio- ¿Estás bien?
- Si –Reíste un poquito – Por ahí… Mañana paso por tu casa, así les llevo un poquito de torta a tus viejos.
- ¿Y a mí? –Te miro fijo, fijo a tus ojos y que vos también lo mires fijo a los de él, para que se queden colgados. Y que él baje la mirada.
- P-Para vos no, no viniste, perdiste –Sonreíste divertida.
- Acordate que en octubre cumplo yo eh.
- Me acuerdo, me acuerdo –Y se sonrieron – Bueno… Me voy a dentro.
- Si, chau –Y dejo nuevamente un beso en tu mejilla.
Cuando entraste a tu casa, tu tío te paro y vos reíste.
- ¡Ya! ¿Quién es? ¿Cuántos años tiene? ¿Por qué no entro? Va, va, va –Y reíste. 
- Pedro un amigo, dieciocho, porque se tenía que ir. ¿Listo?
- ¿Qué clase de amigo?
- Edgardo, déjalo en paz – Tu abuelo. 
- Un amigo, como cualquiera tío. Chau. 
Llegaste a donde estaban tus amigos y se callaron todos. Vos levantaste una ceja divertida y te cruzaste de brazos.
- ¿Qué paso? –Dijiste.
- Nada. ¿Allá? – Lali.
- Nada –Sonreíste.
- Dale, conta –Alargo la última vocal Romí. Es que ama la pareja que haces con Pedro.
- ¿Qué te regalo? – Zaira vio el paquete que tenías en la mano. Tu sonrisa.
- Un perfume –Y se los mostraste.
- Apa, se portó Pedrito. –Gastón.
- Merece aunque sea un chape, chiquito –Thiago. Y que tus amigos rian, vos te mordes el labio.
- Voy por unas gaseosas –Te levantaste. 
Una excusa, por cobarde. Y resentida.
¡Resentida! 

Continuara…
JusPauliter.

2 comentarios: