El gran dilema de toda mujer
a la hora de salir de la cama es: “¿Qué me pongo?”
Hoy, no era una excepción para
vos, y mucho mas hoy.
Pocas veces habías ido a un
campo, en excepción de la quinta de Rochi, pocas veces te habías subido a un
caballo, pocas veces, o nunca, te pusiste unas alpargatas.
Sin dudas, sos una chica de
ciudad, y siempre lo serás… Amas la naturaleza, amas los animales, y la paz que
tienen estos paisajes, pero también amas el ruido, el shopping.
Y el mc.
Cuando Pedro te invito sin
dudas pensaste que iba a ser divertido, que la ibas a pasar muy bien junto a él
y a su familia, pero… Es domingo, diez de la mañana y das vueltas en tu cuarto
porque no sabes que ponerte.
“Ponete algo cómodo Pau” Te dijo por mensaje tu novio.
Cómodo, cómodo, cómodo.
Si fuera tan fácil elegir
algo cómodo.
Revolviste unas cinco veces
tu placar, hasta que te decidiste por un short y una musculosa, en tu bolsito
te llevaste un jean y una camperita por si refrescaba, pero eso ni hablar con
este día increíble.
“En cinco estamos allá” Volvió a mandarte un mensaje, mientras vos seguías
pensando en que si ponerte el short fue buena elección.
Suspiraste y dejaste de
pensar, te dijiste a vos misma que no podías ser tan indecisa, era solo un
campo, y no te podía superar.
No, claro que no.
‒ ¿Estoy bien para ir a un
campo? –Le preguntaste a tu papá.
‒ Jajajaja obvio Pochi, es un
campo, solo con que estés cómoda, ya está.
Y seguían con el tema “cómodo”
ay dios.
La camioneta de Pedro paro
enfrente de tu casa, y al instante Pedro toco timbre. Entonces, después de
saludar a tus padres, salieron los dos, para subir a la camioneta de la
familia.
‒ ¿Cómo estas Pau? ¿Te hicimos madrugar? –Pregunto Horacio.
‒ ¿Madrugar a las diez de la
mañana? –Preguntaste divertida – No, jajajaja.
‒ Como están de vacaciones…
Pedro sufrió hoy, eh –Y reíste.
‒ Estoy acostumbrado a
acostarme tarde ahora –Se defendió - ¿El resto?
‒ Ya está allá –Dijo Ana –
Solo hay que buscar a Sonia.
Y después de buscar a tu
cuñada, salieron para aquel campo que no conocías, pero sabias que era de un
amigo de la familia, y por lo que te conto Pedro, eran muy buena onda.
Solo tardaron en llegar una
hora. Era increíble, un parque enorme, rodeado de árboles y plantas frutales,
unos tres perros llegaron para recibirlos, y reíste con uno que te salto para
que lo acaricies. Pedro te guio para seguir a sus padres, y llegar a la casa:
por fuera muy pintoresca, con una galería donde tenía miles de plantas y
encontraste a un gatito escondido detrás de una, justo al lado de la casa, había
una hamaca paraguaya, y supiste de un principio que ibas a ser una de la que la
ocupes, sin dudas.
Carlitos y Gigi los
recibieron con mucha alegría, incluso a vos, que no te conocía.
‒ ¿Y esta niña, quién es? –Dijo
Gigi.
‒ Paulita, una amiga de Pedro
–Explico Ana por vos.
‒ Un gusto –La saludaste.
‒ El mío hermosa… Siéntense. Pepe,
el resto de los varones están afuera donde hacen en asado, por si queres ir.
‒ Dale… ¿Te quedas? –Te pregunto
y vos asentiste, ya estabas sentada al lado de Sonia y Caro.
‒ Bueno, es temprano para
preparar las ensaladas, mientras, ¿tomamos mate? –Anuncio la señora de la casa,
y todas estuvieron de acuerdo. - ¿Hace mucho conoces a la familia? –Te pregunto
Gigi a vos.
‒ Digamos que de toda la vida
–Dijiste sonriendo.
‒ Son amigos con Pepe desde
el jardín… Aunque ahora creo que no son tan amigos, ¿verdad? –Dijo Ana, y vos te
pusiste bordo.
‒ ¿Cómo qué no? Nos llevamos muy bien –Porque hacerse la
boluda te sale de diez puntos.
‒ No en ese sentido… -Dijo
Anita con su sonrisa traviesa.
‒ Están muy ricos los alfajorcitos,
Gigi –Dijo Caro para que vos largues una sonrisa.
‒ Es verdad, nos tiene que
dar la receta –Dijo Lu. Entonces claro que cambiaron de tema, Gigi le explicaba
como había hecho los alfajorcitos y vos le murmuraste un “gracias” a ambas para
que te sonrían.
Ya casi que todo estaba
listo, entonces vos, junto a las hermanas de Pedro salieron a donde estaban los
varones para preguntar si faltaba mucho, y como también ya casi que estaba el
asado, vos te quedaste a un lado con Pedro.
‒ ¿Cómo la estás pasando? –Están
sentados, alejados del resto.
‒ Bien –Sonreíste – Es divina
Gigi.
‒ ¿Vistes? Y hace un budín de
frutos rojos riquísimo –Y reíste.
‒ ¡Que obeso!
‒ ¡Hey! –Y rieron, y en eso
se acerca Caro.
‒ Están a full, tortolitos.
‒ ¿Quiénes? –Preguntaron al unísono
y se les escapo una risita.
‒ A mamá sí, pero a mí no eh –Y
reíste.
‒ ¿Qué me perdí? –Pregunto Pedro.
‒ Ay no, la que me hizo pasar
Ana hoy boludo –Vos y tu exageración.
‒ Menos mal que tiene unas
cuñadas copadas… ¿O me van a mentir que no son novios? Y que solo la invitaste
porque se llevan súper bien, en vez de haber invitado a alguno de los chicos. –Y
reíste junto a él.
‒ Shh, no digas nada igual. –Dijo
Pedro – Tengo que juntar valor para las cargadas de papa.
‒ Jajajaja olvídate. ¡Que
lindos son! –Dijo Caro.
‒ Bueno, ¿y? ¿Qué paso con
mamá?
Salías del baño, y la viste, sonreíste
y fuiste hacia ella, para ocuparla. Pero
él ya te había ganado.
‒ ¡Pedro! Hace más o menos
dos horas que tengo unas ganas de echarme acá y no levantarme en todo el día –Y
que el ría.
Son las tres de la tarde y después
de almorzar en un clima alegre y de mucha charla, el resto sigue charlando y
jugando a juegos de mesas, mientras vos, habías pedido permiso pasar al baño, y
que cuando salgas para volver veas aquella hamaca paraguaya, entonces que te
olvides completamente de que tengas que volver para relajarte un poco… Hasta
que lo viste a Pedro muy cómodo.
‒ Bueno, podemos compartirla –Te
dijo e intento hacerte un lugar.
‒ No entro ahí… -Pesada al
cubo.
‒ Si, entras, dale –
Paciencia al cuadrado elevado al cubo
(para los que todavía no empezaron las clases).
Y cómo pudiste te subiste para
quedar pegado a él, porque digamos que muy grande no es.
‒ ¿Estas cómoda? – Titulo del
día: “Comodidad”. Reíste.
‒ Si –Y te abrazo.
‒ Yo ahí también –Y que le sonrías
para despeinar un poco su pelo.
‒ Cuando seamos grandes ¿nos
venimos a vivir a un lugar como este?
‒ ¿Vos decís?
‒ Si, vos podrías poner un
taller donde diseñas y yo otro de producción… -Y que rías.
‒ No vamos a tener mucho éxito.
‒ Puede ser, pero con los
vestidos de novias que vas a hacer vamos a ser millonarios, y yo produciendo…
la rompemos.
‒ O nos rompen a nosotros –Reíste
y dejaste un beso en su nariz – Es lindo lo que decís. Y este lugar da mucha
paz.
‒ Pensalo seriamente… -Se
sonrieron para que te bese dulcemente – Que lindo que hayas venido, la pasó muy
bien con vos.
‒ Más vale que la pasas muy
bien conmigo, si soy lo más.
‒ Ay, que novia creída tengo –Y
rieron para que se besen.
‒ Me amas, me lo dijiste
muchas veces.
‒ Si, te amo –Sonreíste, te
mordiste el labio inferior y lo besaste.
‒ Te amo.
Reíste y fue la tercera vez
que dijiste que no. Son ocho personas diciéndote que no tengas miedo, de que es
divertido, y de que mates el miedo, porque nunca habías subido.
‒ Subís conmigo –Te dijo
Pedro con su voz toda lindita, tierna, esa insuperable. Bueno, esa.
‒ ¿Mira si se vuelve loco y
nos hace caer? Nos quebramos una cadera o una pierna y chau vacaciones, chau
viaje… ¡O peor! ¿Mira si nos golpeamos la cabeza?
‒ Son re mansitos, dale,
exagerada –Te dijo Pedro – Subo yo primero.
‒ Esta bien… Pero si me
quiero bajar, me bajas –Y te sonrió.
…
‒ No, boludo… Para, por
favor, no... Ay, no. – Ahora están los dos en el caballo, salieron andando y
vos no das más del miedo. El freno.
‒ Vamos a hacer algo,
¿dale?... Le vamos a poner un nombre al caballo.
‒ ¿Por qué?
‒ Haceme caso. Dale, el que más
te guste.
‒ Em… Chicho.
‒ ¿Chicho? –Dijo riendo.
‒ ¿Qué? ¡Me gusta!
‒ Ok… Ahora, háblale a
Chicho.
‒ Boludo, ¿vos me estas
jodiendo? ¿Cómo le voy a hablar a un caballo?
‒ Dale, es para perderle el
miedo… Mi vieja cuando era chico y le tenía miedo a que hayan fantasma y eso, me hacía imaginármelo
y ponerle un nombre.
‒ ¿Y cómo se llamaba?
‒ Voldemort –Y rieron juntos –Es
que lo odiaba. Bueno, al menos acarícialo, y perdele el miedo… a Chicho.
‒ Malísimo el nombre –Empezaste
a acariciarlo – Me da miedo sus ojos, son enorme.
‒ Mira cómo te mira… Ojo eh-
Y te agarro de la cadera para que te asuste, vos concentrada en las caricias al
caballo.
‒ ¡Ay estúpido! No… No me
hagas esto –Tu voz se quebró –Sos un estúpido, bájame. –Pero él no paraba de reírse.
‒ Dale Pedro, bájame…
‒ Hey no pasa nada –Dejo un
beso en tu mejilla - ¿Queres bajar? –Y vos asentiste.
Entonces él se bajó primero y
después te bajo a vos.
‒ ¿Te asustaste? –Dijo divertido
– Perdóname… -Te seco las lágrimas.
‒ Sabes que le tengo miedo.
‒ Fue sin querer, perdóname –Te
beso - ¿Me perdonas? –Y vos asentiste – Veni, vamos a acariciar a Chicho que
con tu grito seguro también se asustó. Y vos reíste.
Entonces, juntos acariciaron
a aquel caballo que se dejó dar de comer y que después, junto a Pedro volvieron
a donde estaban los demás cabalgando, después de un largo rato le habías
perdido el miedo.
Un muy lindo día habías
pasado, habías disfrutado que sea un poco diferente, diferente divertido,
diferente lindo.
Diferente cómodo.
Continuara…
JusPauliter.
hay que lindo cap me encanto besos espero el siguiente
ResponderEliminarQue lindo capitulo!!!!!!!! Chicho??? jjajajaj buenísimo el nombre
ResponderEliminarQue lindo capitulo,me encanto!!!
ResponderEliminarMe encantan estos momentos tiernos!!!