lunes, 24 de marzo de 2014

Capitulo 117

El gran dilema de toda mujer a la hora de salir de la cama es: “¿Qué me pongo?”
Hoy, no era una excepción para vos, y mucho mas hoy.
Pocas veces habías ido a un campo, en excepción de la quinta de Rochi, pocas veces te habías subido a un caballo, pocas veces, o nunca, te pusiste unas alpargatas.
Sin dudas, sos una chica de ciudad, y siempre lo serás… Amas la naturaleza, amas los animales, y la paz que tienen estos paisajes, pero también amas el ruido, el shopping.
 Y el mc.
Cuando Pedro te invito sin dudas pensaste que iba a ser divertido, que la ibas a pasar muy bien junto a él y a su familia, pero… Es domingo, diez de la mañana y das vueltas en tu cuarto porque no sabes que ponerte.
“Ponete algo cómodo Pau” Te dijo por mensaje tu novio.
Cómodo, cómodo, cómodo.
Si fuera tan fácil elegir algo cómodo.
Revolviste unas cinco veces tu placar, hasta que te decidiste por un short y una musculosa, en tu bolsito te llevaste un jean y una camperita por si refrescaba, pero eso ni hablar con este día increíble.
En cinco estamos allá” Volvió a mandarte un mensaje, mientras vos seguías pensando en que si ponerte el short fue buena elección.
Suspiraste y dejaste de pensar, te dijiste a vos misma que no podías ser tan indecisa, era solo un campo, y no te podía superar.
No, claro que no.
‒ ¿Estoy bien para ir a un campo? –Le preguntaste a tu papá.
‒ Jajajaja obvio Pochi, es un campo, solo con que estés cómoda, ya está.
Y seguían con el tema “cómodo” ay dios.
La camioneta de Pedro paro enfrente de tu casa, y al instante Pedro toco timbre. Entonces, después de saludar a tus padres, salieron los dos, para subir a la camioneta de la familia.
‒ ¿Cómo estas Pau?  ¿Te hicimos madrugar? –Pregunto Horacio.
‒ ¿Madrugar a las diez de la mañana? –Preguntaste divertida – No, jajajaja.
‒ Como están de vacaciones… Pedro sufrió hoy, eh –Y reíste.
‒ Estoy acostumbrado a acostarme tarde ahora –Se defendió - ¿El resto?
‒ Ya está allá –Dijo Ana – Solo hay que buscar a Sonia.
Y después de buscar a tu cuñada, salieron para aquel campo que no conocías, pero sabias que era de un amigo de la familia, y por lo que te conto Pedro, eran muy buena onda.
Solo tardaron en llegar una hora. Era increíble, un parque enorme, rodeado de árboles y plantas frutales, unos tres perros llegaron para recibirlos, y reíste con uno que te salto para que lo acaricies. Pedro te guio para seguir a sus padres, y llegar a la casa: por fuera muy pintoresca, con una galería donde tenía miles de plantas y encontraste a un gatito escondido detrás de una, justo al lado de la casa, había una hamaca paraguaya, y supiste de un principio que ibas a ser una de la que la ocupes, sin dudas.
Carlitos y Gigi los recibieron con mucha alegría, incluso a vos, que no te conocía.
‒ ¿Y esta niña, quién es? –Dijo Gigi.
‒ Paulita, una amiga de Pedro –Explico Ana por vos.
‒ Un gusto –La saludaste.
‒ El mío hermosa… Siéntense. Pepe, el resto de los varones están afuera donde hacen en asado, por si queres ir.
‒ Dale… ¿Te quedas? –Te pregunto y vos asentiste, ya estabas sentada al lado de Sonia y Caro.
‒ Bueno, es temprano para preparar las ensaladas, mientras, ¿tomamos mate? –Anuncio la señora de la casa, y todas estuvieron de acuerdo. - ¿Hace mucho conoces a la familia? –Te pregunto Gigi a vos.
‒ Digamos que de toda la vida –Dijiste sonriendo.
‒ Son amigos con Pepe desde el jardín… Aunque ahora creo que no son tan amigos, ¿verdad? –Dijo Ana, y vos te pusiste bordo.
‒ ¿Cómo qué no?  Nos llevamos muy bien –Porque hacerse la boluda te sale de diez puntos.
‒ No en ese sentido… -Dijo Anita con su sonrisa traviesa.
‒ Están muy ricos los alfajorcitos, Gigi –Dijo Caro para que vos largues una sonrisa.
‒ Es verdad, nos tiene que dar la receta –Dijo Lu. Entonces claro que cambiaron de tema, Gigi le explicaba como había hecho los alfajorcitos y vos le murmuraste un “gracias” a ambas para que te sonrían.

Ya casi que todo estaba listo, entonces vos, junto a las hermanas de Pedro salieron a donde estaban los varones para preguntar si faltaba mucho, y como también ya casi que estaba el asado, vos te quedaste a un lado con Pedro.
‒ ¿Cómo la estás pasando? –Están sentados, alejados del resto.
‒ Bien –Sonreíste – Es divina Gigi.
‒ ¿Vistes? Y hace un budín de frutos rojos riquísimo –Y reíste.
‒ ¡Que obeso!
‒ ¡Hey! –Y rieron, y en eso se acerca Caro.
‒ Están a full, tortolitos.
‒ ¿Quiénes? –Preguntaron al unísono y se les escapo una risita.
‒ A mamá sí, pero a mí no eh –Y reíste.
‒ ¿Qué me perdí? –Pregunto Pedro.
‒ Ay no, la que me hizo pasar Ana hoy boludo –Vos y tu exageración.
‒ Menos mal que tiene unas cuñadas copadas… ¿O me van a mentir que no son novios? Y que solo la invitaste porque se llevan súper bien, en vez de haber invitado a alguno de los chicos. –Y reíste junto a él.
‒ Shh, no digas nada igual. –Dijo Pedro – Tengo que juntar valor para las cargadas de papa.
‒ Jajajaja olvídate. ¡Que lindos son! –Dijo Caro.
‒ Bueno, ¿y? ¿Qué paso con mamá?

Salías del baño, y la viste, sonreíste y fuiste hacia ella, para ocuparla.  Pero él ya te había ganado.
‒ ¡Pedro! Hace más o menos dos horas que tengo unas ganas de echarme acá y no levantarme en todo el día –Y que el ría.
Son las tres de la tarde y después de almorzar en un clima alegre y de mucha charla, el resto sigue charlando y jugando a juegos de mesas, mientras vos, habías pedido permiso pasar al baño, y que cuando salgas para volver veas aquella hamaca paraguaya, entonces que te olvides completamente de que tengas que volver para relajarte un poco… Hasta que lo viste a Pedro muy cómodo.
‒ Bueno, podemos compartirla –Te dijo e intento hacerte un lugar.
‒ No entro ahí… -Pesada al cubo.
‒ Si, entras, dale – Paciencia al cuadrado elevado al cubo  (para los que todavía no empezaron las clases).
Y cómo pudiste te subiste para quedar pegado a él, porque digamos que muy grande no es.
‒ ¿Estas cómoda? – Titulo del día: “Comodidad”. Reíste.
‒ Si –Y te abrazo.
‒ Yo ahí también –Y que le sonrías para despeinar un poco su pelo.
‒ Cuando seamos grandes ¿nos venimos a vivir a un lugar como este?
‒ ¿Vos decís?
‒ Si, vos podrías poner un taller donde diseñas y yo otro de producción… -Y que rías.
‒ No vamos a tener mucho éxito.
‒ Puede ser, pero con los vestidos de novias que vas a hacer vamos a ser millonarios, y yo produciendo… la rompemos.
‒ O nos rompen a nosotros –Reíste y dejaste un beso en su nariz – Es lindo lo que decís. Y este lugar da mucha paz.
‒ Pensalo seriamente… -Se sonrieron para que te bese dulcemente – Que lindo que hayas venido, la pasó muy bien con vos.
‒ Más vale que la pasas muy bien conmigo, si soy lo más.
‒ Ay, que novia creída tengo –Y rieron para que se besen.
‒ Me amas, me lo dijiste muchas veces.
‒ Si, te amo –Sonreíste, te mordiste el labio inferior y lo besaste.
‒ Te amo.

Reíste y fue la tercera vez que dijiste que no. Son ocho personas diciéndote que no tengas miedo, de que es divertido, y de que mates el miedo, porque nunca habías subido.
‒ Subís conmigo –Te dijo Pedro con su voz toda lindita, tierna, esa insuperable. Bueno, esa.
‒ ¿Mira si se vuelve loco y nos hace caer? Nos quebramos una cadera o una pierna y chau vacaciones, chau viaje… ¡O peor! ¿Mira si nos golpeamos la cabeza?
‒ Son re mansitos, dale, exagerada –Te dijo Pedro – Subo yo primero.
‒ Esta bien… Pero si me quiero bajar, me bajas –Y te sonrió.
‒ No, boludo… Para, por favor, no... Ay, no. – Ahora están los dos en el caballo, salieron andando y vos no das más del miedo. El freno.
‒ Vamos a hacer algo, ¿dale?... Le vamos a poner un nombre al caballo.
‒ ¿Por qué?
‒ Haceme caso. Dale, el que más te guste.
‒ Em… Chicho.
‒ ¿Chicho? –Dijo riendo.
‒ ¿Qué? ¡Me gusta!
‒ Ok… Ahora, háblale a Chicho.
‒ Boludo, ¿vos me estas jodiendo? ¿Cómo le voy a hablar a un caballo?
‒ Dale, es para perderle el miedo… Mi vieja cuando era chico y le tenía miedo a  que hayan fantasma y eso, me hacía imaginármelo y ponerle un nombre.
‒ ¿Y cómo se llamaba?
‒ Voldemort –Y rieron juntos –Es que lo odiaba. Bueno, al menos acarícialo, y perdele el miedo… a Chicho.
‒ Malísimo el nombre –Empezaste a acariciarlo – Me da miedo sus ojos, son enorme.
‒ Mira cómo te mira… Ojo eh- Y te agarro de la cadera para que te asuste, vos concentrada en las caricias al caballo.
‒ ¡Ay estúpido! No… No me hagas esto –Tu voz se quebró –Sos un estúpido, bájame. –Pero él no paraba de reírse.
‒ Dale Pedro, bájame…
‒ Hey no pasa nada –Dejo un beso en tu mejilla - ¿Queres bajar? –Y vos asentiste.
Entonces él se bajó primero y después te bajo a vos.
‒ ¿Te asustaste? –Dijo divertido – Perdóname… -Te seco las lágrimas.
‒ Sabes que le tengo miedo.
‒ Fue sin querer, perdóname –Te beso - ¿Me perdonas? –Y vos asentiste – Veni, vamos a acariciar a Chicho que con tu grito seguro también se asustó. Y vos reíste.
Entonces, juntos acariciaron a aquel caballo que se dejó dar de comer y que después, junto a Pedro volvieron a donde estaban los demás cabalgando, después de un largo rato le habías perdido el miedo.
Un muy lindo día habías pasado, habías disfrutado que sea un poco diferente, diferente divertido, diferente lindo.
Diferente cómodo.

Continuara…

JusPauliter.

3 comentarios:

  1. hay que lindo cap me encanto besos espero el siguiente

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  2. Que lindo capitulo!!!!!!!! Chicho??? jjajajaj buenísimo el nombre

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  3. Que lindo capitulo,me encanto!!!
    Me encantan estos momentos tiernos!!!

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