domingo, 30 de noviembre de 2014

Capitulo 158

― Si tuvieras un clon ¿Qué harías?
Le pregunte divertida y él me miro sonriente, no entendiendo muy bien a que iba esta pregunta.
Mis dedos están enredados con los suyos, mientras su pulgar no deja de moverse suavemente dejando caricias pequeñas en mi piel. Nuestros pasos van a compás, parece que nos pusimos de acuerdo en empezar con el mismo pie, al menos yo, ni lo pensé.
― ¿Me estas queriendo decir que tengo un clon y recién me entero? –preguntó y yo largue una carcajada. Negué con la cabeza y mordí mi labio inferior. Él un poco que se contagia de mi risa, pero sigue sin entender a qué quiero llegar.
― Es una simple pregunta –me limite a decir. Lo vi fruncir su ceño.
― Si tuviera un clon… Seria genial, posta. Haría las cosas que yo, particularmente, no quiero. Por ejemplo levantarme temprano esos días en que no quiero moverme de mi cama, ahí podría ir él, o también seria genial que él estudie por mí, y yo podría estar viviendo con vos.
― Y vos te recibirías de larva, Pedro –dije, y esta vez fue él quien rio para, de alguna manera, la cual no me di cuenta, abrazarme y ser capaz de dejar un beso dulce en mi mejilla. Y que sonría, toda hecha una tarada.
― Pero estaría con vos, vos tendrías que hacer lo mimo –reí, para morder mi labio inferior.
― ¿Falta mucho? –pregunte casual, para que él negué con su cabeza y acelere su paso, obligando a que yo haga lo mismo.
Después de un almuerzo… bastante particular con la familia de Pedro, decidimos tomarnos el primer colectivo que salía, para viajar rumbo a su casi ciudad natal: José Mármol, la cual lo llena de recuerdos, recuerdos que quiere compartir conmigo, y eso se siente lindo, importante.
Freno su paso delante de una casa, y me dio a entender que ya habíamos llegado, cuando saco una llave de su campera, para sin dudar mucho, abrir la puerta, y que se dé vuelta para mirarme. Mi cara de terror inundaba el ambiente.
― ¿Qué pasa? ¿No queres entrar? –me pregunto suave y yo sonreí chiquito.
― No es que no quiera –empecé y su cara cambio, para mal, para decepción- pero me da un poco de cosa entrar, y saber que está completamente abandonada –murmure.
― Pero no está abandonada Pau.
― Pero no vive nadie –dije con mi pequeña sonrisa.
― No –se limitó a decir- Espérame.
El entro y el pánico volvió a invadirme. No es que me de miedo de que este abandonada la casa, y que por ahí haya espíritus o alguna de esas cosas, las cuales no creo, pero si me da miedo de que, por el hecho de que no esté habitada, la usen para algunas cosas, desagradables, y no los propietarios, sino cualquiera. Eso es lo que quería explicarle, pero como verán, Pedro también es abarrotado y apenas me dejo hablar que entro a la casa.
Escuche que levanto las persianas, y a los segundos se encontró nuevamente conmigo, me extendió la mano y yo se la agarre. Entramos.
Bueno, solo puedo decir que me hice la cabeza. La casa es muy, demasiado hermosa, esta amoblada, decorada, iluminada como si en verdad viviría alguien.
Me di la vuelta para encontrarme con él y que le sonría, él también.
― Pensé que…
― No te traería si estuviera completamente abandonada –me interrumpió y yo sonreí, para abrazarlo y dejar un beso cálido en su mejilla. Otro en sus labios - ¿Queres conocerla? –me dijo con su sonrisa, feliz de estar acá. Asentí y sin dudar me llevo a recorrer toda la casa.
Su mirada estaba perdida, y yo trataba de saber que estaba pensando, no se lo notaba que estaba pensando en algo lindo, y eso me ponía un poco inquieta. Me acerque a él para dejar un beso dulce en su mejilla, y que al fin me mire. Me sonría.
― ¿Qué pasa mi amor? Estas re colgado. – Murmure y me encontré unas lágrimas en sus ojos, a punto de salir. Mi cara cambio drásticamente - ¿Dije algo malo? –Pero esta vez sonrío y negó. Lo atraje a mí, para abrazarlo y dejar un beso en su mejilla.
― Perdón –me murmuro- yo sé que querías pasar una linda tarde, y todo, también era mi plan… Pero es como que acá viví toda mi infancia ¿sabes? Y estar acá, y que ellos ya no estén… Perdóname.
― Hey, Pepe – hice que me mire. Ahora se encuentra recostado en una de mis piernas, nuestras miradas no dejan de cruzarse y yo no sé muy bien que decir. – Te voy a decir dos cosas. Una: me encanta que me hayas invitado para que venga con vos a conocer Mármol y también está linda casa, se que es importante para vos, como para mi también es importante que este yo acá, con vos –le sonreí – y también, aunque no te entiendo, porque no lo viví, sé que debe ser difícil, horrible, tener que haberte despedido de tus abuelos, y el hecho de que estés acá, como decís vos… en su casa, donde creciste y viviste seguramente, miles de anécdotas no es fácil –él asintió- y es obvio que te pongas así. No está mal llorar, pero si está mal que te aísles y contengas todas esas lágrimas porque estás conmigo–le sonreí y seque sus lágrimas.
― Es que… hace ya tres años que fallecieron, y no me tendría que afectar tanto, creo –sonreí.
― Esas son cosas que no se pueden manejar Pepe, son sentimientos que por algún motivo, sin darte cuenta los guardas, porque te hacen mal, o por el simple hecho de que no queres recordar, no queres movilizarte –el asintió.
― ¿La estas pasando bien? –Pregunta una vez incorporado, seguimos cerquita uno al otro, yo sigo acariciando sus fracciones, secando alguna lagrima que quedo por su rostro y él solo me mira.
― Estoy con vos Pedro. Siempre la paso bien con vos –sonrió, sonreí.
― Pendeja tierna, lo que te amo –dijo para que me abrace y termine con todo mi cuerpo en el pasto, demasiado frio. Nuestras miradas otra vez se encontraron- Gracias por venir, y por estar, y por escucharme, y por ser Paula, mi novia. Por todo –sonreí.
― Te amo mucho feíto –murmure, para que nuestros labios se encuentren en un beso lleno de amor.
 Hace mucho frio, por eso decidimos entrar a la casa, y que el encuentre para hacer dos café, pero antes de instarnos, el vaya por unas frazadas arriba, donde se encontraban los cuartos. Es inmensa esta casa, seguramente a los abuelos de Pepe les gustaba invitar a toda la familia algún fin de semana y pasarla en el patio hermoso que tiene. Pude darme cuenta que este lugar era importante para él, porque además de que me lo conto, había muchas fotos de él y de sus hermanos en el comedor y living de sus abuelos.
Fui llamada por él desde arriba y me levante para subir las escaleras y encontrarme con él, en realidad con una montaña de frazadas que tapaban su cara.
Mi risa se escuchó y lo hizo contagiar.
― ¡Deja de reírte y ayúdame Paula! –Me reprocho y mi risa fue más grande- Dale Paula –pero no podía parar de reír y él ya se había contagiado. Dejo una frazada en una cama y me miro. Reí más - ¿La podes cortar? –Me acerque a él y lo abrace por su cuello, para dejarle un beso lleno de mi risa, y que el sonría, a punto de reír.
― Fue muy gracioso verte tapado de frazadas –todavía no me podía calmar – Fue como venir y digo, “este me quiere mostrar algo”, y encontrarme con vos y las miles de brazadas –reí para que él se contagie
― Dale tonta –me entrego una de las frazadas, y todavía riéndome un poco menos (si sigo riéndome me mata, lo sé) bajamos las escaleras, para instalarnos en el comedor donde él ya había prendido la estufa.

― Tuvimos que hacer cola en el bañito de afuera, mi mamá gritándonos desde un costado que nos apuremos, porque hacia un frio que rajaba la tierra. Y mi abuela alentándonos para que volvamos a los charcos de barro –reímos fuerte los dos y yo negué con mi cabeza.
― Me imagino lo loca que se habría puesto Anita –volvimos a reírnos – ¡tu abuela una genia!
Mientras tomábamos café y él su chocolatada y comíamos torta que había traído yo, él era el encargado de contar algunas anécdotas con sus hermanos en casa de sus abuelos.
― A veces se ponía en el mismo lugar que nosotros y terminaban retándonos a nosotros y a ella también –reímos- en cambio el abuelo era el que controlaba un poco más las cosas, era mucho más tranquilo, él era de contar grandes historias, que nunca sabias si eran posta o puro verso –reímos.
― Sin dudas, los abuelos son absolutamente todo –dije y él estuvo de acuerdo- deberían ser eternos.
― Posta –dijo y sonrió – deberían ser eternos. –nos miramos por un instante.
― Como mi torta –dije divertida, para que no se corte la alegría y él rio, me acerque para abrazarlo y hundirme en su cuello y que me abrace por mi espalda, dejando algunas caricias. Que volvamos a mirarnos, y que sonriamos.
― Te juro que con vos me caso –reí divertida – sos la más linda, ¿sos real? –reí nuevamente para morderme el labio inferior y unirnos en un beso lleno de amor.
― ¿tus besos son reales?  - le pregunte en medio de uno.
― Lo único real es el amor que nos tenemos –me murmuro – esté es el culpable, no tan culpable, de volver todo lo que nos pasa, lo que sentimos real –sonreí y uní nuevamente mis labios en los suyos.
― Te amo mi amor.
― Yo también te amo – murmuro.
Para dejarnos llevar por besos dulces, llenos de amor, llenos de paz.
Llenos de “siempre juntos”

Continuara…

Les quiero contar algo: en el próximo capítulo la historia adelante un año y medio, lo que tiene sus beneficios… y sus consecuencias.
Mañana seguramente les traiga el capitulo y ahí si, pueden preguntar y demas.

Comenten porfi.


JusPauliter

6 comentarios:

  1. Yo queria leer este capítulo!! No pueden ser mas lindos!!
    Wow, que pasará en ese año y medio? Que intriga!
    Espero el próximo!
    @06_Laury

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  2. ayy me encaanto,muy tierno rociibell23

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  3. Que lindo! Extrañaba mucho que esten asi! Jajaaj quiero que vuelvan a estar juntos en el mismo lugar! Jajaja son muy tiernos! Besos

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  4. un año y medio espero que sigan juntos por favor

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