lunes, 22 de septiembre de 2014

Capitulo 144


  Pedro

¿Se acuerdan la primer escena de la película high school musical II? En la que están todos en una clase, con la vista fija al reloj de pared, que parece que no pasa más los minutos.
Bueno, no es que haya mirado muchas veces esta película (la autora sí), pero estoy en la misma situación. Despues de pedirle permiso al profesor de salir quince minutos antes de lo acordado, y que me lo haya dado, solo faltan cinco minutos para que se cumpla y ¡no doy más! Es que a ver si entienden, son tres semanas en que no la veo, y antes estábamos todo el día juntos, solos o con nuestro grupo de amigos, y de pasar a vernos todos los días, a estar tres semanas sin vernos ni un día, es mucho, bueno ya sé que son solo tres semanas, pero entiendan, para mí es mucho.
Cinco minutos eternos, y después de avisarle a la profesora que ya se había hecho la hora de irme, ella me asintió y con una sonrisa me despedí de Tincho y Belén, que ellos me deseen suerte, y que después de un “adiós” para todos mis compañeros, y también de parte de la profesora, salga casi trotando de la universidad, con mi sonrisa, y esas ansias que no acaban, y estoy seguro, no se van a hacerlo hasta que llegue y la vea.  
Vi a papá en la camioneta, y también me encontré con mamá, sonreí al verlos, y me subí enseguida. Tenía veinte minutos para llegar a la terminal, y solo esperaba que tenga un poco de suerte a mi favor y que no haya tanto tránsito. Bueno, pedía mucho, al parecer, porque el botón que acaba de pasar papá fue inmenso.
Llegamos a la amada terminal de ómnibus para que sea acompañado por mis dos papás y que el colectivo ya esté esperando a los últimos pasajeros, inclusive yo, que no habían llegado.  
― Cuídate Pepe –mamá- y un beso enorme a Pau –dijo, para después abrazarme un poquito y que le sonría.
― Te quiero –deje un beso en su mejilla- Chau pa –deje otro beso en su mejilla y él me sonrió.
― Avisa cuando llegues –dijo, para que asienta y suba rápido al micro, gracias a Dios no era el último en llegar, y me sentí un poco mejor.
 Puse la mochila que solo llevaba arriba, para después ubicarme en mi butaca que estaba del lado de la ventana, para que vea a mis papás con sus sonrisas y que sonría, siempre voy a sostener que son los mejores papás que me pudo tocar, siempre me apoyaron en estas cosas, en mis impulsos y siempre voy a estar agradecido. Les sonrió y ellos me saludan con sus manos, reí un poquito para morderme el labio inferior y que suspire. No doy más de las ansias.
Mi amor, buen día. Ya estoy en el micro. En unas horitas nos vemos y te asfixio de un abrazo. Te amo”
Mi compañero de viaje fue un hombre mayor, el cual, supuse me iba a hacer eterno el viaje, pero cuando se sentó y me pregunto con desesperación a ver si había visto el partido de ayer de River, bueno, ya empezó a caerme mejor.
“No sabes como esperaba este mensaje. Buen día mi amor, que tengas un buen viaje, creo que no puedo buscarte, pero Zai ya sabe bien a qué hora llegas así que te va a esperar. Te amo fuerte”
Sonreí y guarde mi celular en mi bolsito. El micro comenzó a moverse, y eran mis papás los que seguían saludándome, como si me fuera mil años, y en realidad el domingo por la noche estaría viajando de vuelta.
Por suerte Camilo, este señor sentado al lado mío, fanático de River tenía muchas ganas de charlar, y claro que yo también, al menos, se me iba a pasar un poco rápido estas dos horas de viaje.
― ¿Tenes familia en Rosario, o vas a pasear? – me pregunta, curioso.
― Mi novia está viviendo allá –le dije, con mi sonrisa y él asintió comprendiendo.
― Yo cuando era joven también tenía una novia viviendo en Rosario. Nos conocimos allá, y cada vez que podía ella venía a visitarme a Capital o iba yo –Me conto, recordando. Yo solo sonreí.
― Bueno, lo nuestro es más o menos parecido. Ella se fue a estudiar allá, a principio de mes y desde entonces no nos vemos. Decidí ir a visitarla
― Me parece perfecto hijo, me imagino que estas primeras semanas son eternas –asentí, con mi sonrisa.
― Lo bueno es que acá en Capital quedo su familia y nuestros amigos en común, así que espero que venga seguido.
― Ah, pero lo tuyo es muchísimo mejor que lo mío –dijo, y yo reí- Cuando yo me puse de novio con Sole era mucho más difícil, los pasajes era mucho más caros, o nos costaba el triple de cómo lo podes conseguir ahora, y a veces, eran meses lo que no nos veíamos. Solo hablábamos por cartas –Dijo, y yo asentí.
― ¿Cómo hizo para llevar una relación con la distancia por medio? –levanto sus hombros y sonreí.
― Solo confiábamos el uno al otro –dijo- obvio que hubo peleas y mal entendidos –sonreí.
― ¿La volviste a ver? –Pregunte, un poco tímido.
― ¿Qué si la volví a ver a Sole? –Preguntó y yo asentí- Pf, la veo todos los días. Le pedí casamiento al año de novios, llevamos cuarenta años de casados y ahora me estoy yendo a visitar a una de mis hijas que tuvo familia la semana pasada, Sole esta con ella –Dijo y yo sonreí. No lo puedo creer.
― Pero… ¿no me dijo que hubo muchas peleas y males entendidos? ¿Cómo es que pudo seguir, y convertirla en tu esposa?
― Claro, ¿vos nunca te peleaste con tu novia? ¿Nunca le pediste perdón? –Yo asentí- te digo, la pelea más grande que tuvimos fue porque ella era de tener muchos amigos, y yo como celoso viejo me enojaba mucho. Fue cuando supe entender que ella solo me correspondía a mí que me deje de hinchar, y a la otra semana fue cuando le pedí casamiento –sonreí.
― ¡Que linda historia! Así que, pudieron con la distancia –sonreí.
― La distancia no es nada, si el amor lo es todo, hijo –Me dio una palmada en una de mis rodillas y le sonreí- y ¿Cómo se llama la muchacha?
― Paula –mi sonrisa de tarado al cien por cien.
De más está decir que este viaje se me paso literalmente volando, cuando quise acordar las casas del gran Rosario se asomaron, al igual que mi sonrisa, y si antes estaba ansioso, ahora mucho más y además de mis nervios, claro.
Si, nervios. Es que hacía mucho no la veía, y se me cruzaba todo sentimiento, no podía dejar de mover mis manos, y Camilo que se reía de mí, es que él se recordó cuando le pasaba lo mismo, a lo que me hizo reír. Pude conocer su gran historia durante todo el viaje, tenía grandes anécdotas las cuales escuche y compartí algunas mías, hablar de algunos temas, además del equipo amado por dos, también de la actualidad, y porque no también de política, aunque reconozco, mucho no me gusta.
El mensaje de Zai que ya me estaba esperando me tranquilizo un poco, ya estábamos dentro de la ciudad, y por inercia miraba a todos lados para ver si en algunos de los edificios se encontraba la universidad de Paula, y si la podía ver, iluso.
El micro entro a esta enorme terminal, para que después de unos minutos frene y que todos los pasajeros se paren, para bajar de este.
Cuando bajamos, ayude con uno de los bolsos de Camilo, para que él me agradezca, y llegue el momento de la despedida.
― Muchas gracias pibe. Suerte con tu chica –Me dio una palmadita en una de mis mejillas.
― Gracias –le sonreí – un gusto compartir estas pocas horas con usted. Felicidades por su nuevo nieto, y un saludo a Sole –esa mujer la cual lo tenía completamente enamorado, se podía notar en sus ojitos.
Un estrecho de mano, otras palmaditas en mi hombro por parte de él, para que salga en busca de su familia que lo esperaba. Yo, solo esperaba a que Zaira ya este acá, y en este momento quiera ojos también en mi nuca, la cantidad de gente en este lugar es terrible.
― ¡Pepe! –la voz chillona de mi amiga y que me de vuelta enseguida. Ella y su metro ochenta se acercó a mí, para que nos sonriamos y nos abracemos – Que lindo verte
― Ay sí, es lindo verme acá –Dije, para que ella ría- ¿Cómo estás?
― Muy bien, ¿vos? ¿Qué tal el viaje?
― La verdad es que pensé que iba a ser eterno –ella me sonrió- pero me toco con un señor que resulto ser fanático de River, y una historia de vida genial, así que nada, entre todo, bien.
― Buenísimo entonces. Creo que si seguimos derecho, salimos para una esquina y ahí están los colectivos, ¿o queres ir caminando? Estamos a bastantes cuadras del depto.
― Vamos en colectivo, olvídate. Además, le dije a tu amiga que la iba a buscar, si vamos caminando no llegamos más.
― Ah, genial. Ella sale a las doce y media, más o menos tenemos una hora, apuremos.
Sin más vueltas, nos subimos a un colectivo para que después de unos quince minutos nos deje a dos cuadras de donde quedaba el departamento. Que lleguemos y deje mi mochila en su living, que ahora está mucho más cambiado de aquella vez que vine hace aproximadamente dos meses atrás, que me ofrezca algo para comer y tomar, pero la verdad es que ya quería salir para la universidad de Paula, así que, sin vueltas, salimos para está siendo ya doce y cuarto. Zai me dijo que no quedaba muy lejos y que llegaríamos justito.
No dejaba de hablar, y les juro, quiero aprestarle atención, pero definitivamente estoy en otra, no veo la hora de bajar, llegar, verla, y abrazarla.
― Bueno, es al pedo que te hable, así que mejor me callo –Dijo, ella en un tono de reproche.
― Ay, perdón boluda. Es que… ¡No doy más!
― Si, ya lo sé –dijo, para que yo ría un poquito y la abrace de costado- igual, no es para menos –le sonreí y deje un beso en su cabeza.
― Te quiero negrita, gracias por bancarme –le murmure y ella me sonrió.
¡Y al fin el colectivo paro! ¿Está permitido gritar de la emoción? Más o menos salí trotando, escuchando las quejas de Zaira, que no le daban más las piernas y que yo ría.
Acá estoy, enfrente de la universidad, algunos estudiantes están afuera y me fijo en mi teléfono la hora: 12.25. Inhalo, exhalo.
Cinco minutos para verla. Zaira que me mira divertido y sabe que no aguanto más, lo sabe, se da cuenta y no deja de reírse.
― Pedro, afloja un poco, te me vas a morir –Dijo, para que yo suspire y que mi cuerpo se relaje un poco.
― ¡No sale más boluda! –Ella rio.
― Ya te contagio las ansias Paula, boludo, vos no eras así.
― Es todo culpa de ella, date cuenta.
12.30 se escuchó el timbre de hora de salida y el cuerpo me tembló, mi vista se clavó en aquella puerta enorme y en todos los estudiantes que salían. Ninguno era ella, y ya me preguntaba si ya había salido o la hora de su salida era mucho más tarde.
Hasta que la vi.
Ella. Su pelo atado al parecer en un rodete, su vista a un costado, iba riendo y hablando con un grupito. Su sonrisa, la mía, mis ojos cristalinos. Y mis tremendas ganas de salir corriendo a abrazarla. Pero que me contenga, necesito que me mire, que se dé cuenta que estoy acá, que quiero abrazarla, fuertísimo.
Uno que esta con ella me señala con la mano y es cuando mi mirada cruza con la de ella, su sonrisa es porque me está viendo y mi sonrisa es por el mismo motivo. Que a ella no le importe nada, y que sus pasos sean tan rápidos como los míos que fui capaz de moverme y acercarme. Fue los últimos tres pasos que ella corrió un poquito, para sonreírme y que mis brazos se entornen en su cuerpo. El sentir su olor cálido, su respiración, su sonrisa, y que en este preciso momento me dé cuenta de que lo que sentia que la extrañaba estando allá, no se compare ni un poquito con lo que siento ahora, estando abrazado a ella, incapaz de soltarla.
Nos separamos un poquito para que sus ojos otra vez se crucen con los míos y que le sonría, feliz de verla, de tenerla otra vez acá, conmigo.
 ― Hola mi amor –murmura ella y salgo de mis miles de pensamientos para no dejar de sonreírle. Que mi nariz roce la suya.
― Hola –le murmure y ella me sonrió mucho más para sienta una especie de emoción y que al fin, mis labios rocen los suyos. Que la abrace un poco más, y que ella enrolle sus brazos en mi cuello y que ahora sus labios toquen por completo los míos y que una especie de electricidad erice mi piel. Con una de mis manos acaricie una de sus mejillas y que el contacto sea mayor, que el beso sea más intento, y que me sienta tan bien, tan en paz, que sienta tanto amor.
Despues de unos cuantos segundos nos separamos un poquito para que nuestras respiraciones se normalicen, pero que no nos soltemos, no ahora.
― Te extrañe tanto mi amor –murmure y ella me sonrió. Que nuestras frentes estén juntas y que ella muerda su labio inferior.
― Yo también te extrañe, muchísimo –susurro- no quiero que te vayas más –dijo, divertida y yo le sonreí –te rapto o no sé –Dijo, para que riamos.
― Yo feliz –Sonreímos y volvimos a abrazarnos, fuerte- te amo muchísimo.
― ¿Enserio me amas? –pregunto, y sabía a qué venia esa pregunta; después de todo lo que había pasado, no era para menos que dudara.
― Mucho –sonreí y ella mordió nuevamente su labio.
― Yo también te amo, mucho – Dejo un beso dulce, al cual me sume.
Y que en este preciso momento, seamos solamente nosotros dos.
Siempre.

Continuara…
AYYYYY bueno al fin llego el reencuentro.
Agradezco muchísimos sus comentarios, su espera, valió la pena ¿no?
Espero que les haya gustado, o al menos superar las expectativas. Esto recién comienza!!!
Capitulo totalmente dedicado a mi Mortu, loviu.
[Espero miles de comentarios, bueno no sé si miles, pero al menos muchos. Por fi]

JusPauliter

7 comentarios:

  1. Me encantoooo, esperaba este momento....

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  2. Hermoso el cap y vos no das mas de grosa escribiendo, ame el reencuentro!

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  3. Me encantoo mal,, lo ame!!! Geniaaa que sos. Que lindo reencuentro, y ellos mas amor!!! Y valió la pena haberlo esperado con muchas ansias! Besos
    @pepepauoli

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  4. Ayyyyyyyy.... Me gusto es poco decir: ME ENCANTO!!
    PP no puede ser mas dulce. Todo el capítulo fue hermoso!! Supero ampliamente mis expectativas!
    Que suerte que es recién comienza, ya quiero mas (yo y mis ansias, me las habrán contagiado tus personajes?)
    Besooo

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  5. Aaay llegó, llegó por fin el momento...y espero que no se termine rápido la felicidad!

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