Hace unos días atrás imprimí algunas fotos con marco polaroid para hacer una clase de muro en una de las paredes de mi habitación. Cuando vi como quedaba en una imagen de we heart it me gustó muchísimo. Y acá estoy, a punto de colgar el mural, cuando esta vez si siento mi puerta golpear una tres veces seguidas y frunzo mi ceño, no esperaba a nadie, no le había dicho a nadie que había llegado, después de haber pasado un fin de semanas con mis abuelos, por el simple hecho de que así estaba bien: en la soledad que en estos momentos me gusta, no me molesta.
Mi silla hace un ruido horrible cuando es corrida hacia atrás para que yo tenga espacio en pararme, me dirijo hacia la puerta principal con mis pasos lentos y pregunto un “¿Quién?” antes de mirar por la perilla. Un Pedro detrás de la puerta aparece, como también aparece una sonrisa en mis labios.
Sin decir absolutamente nada, entra a mi departamento, y yo levanto una ceja, para cerrar la puerta, cruzarme de brazos y dirigirle una mirada divertida. ¿Por qué se manda así sin decir nada?
Atrevido.
Veo que me hace como un escaneo con su mirada por todo mi cuerpo, para frenar en mis ojos y yo que sonría.
― ¿Y? –pregunto y él frunce su ceño.
― ¿Y qué? –eleva una ceja. Su voz suena dura, como enojado, y no entiendo el porqué. Seguro una impresión (o eso es lo que quiero).
― ¿No me vas a saludar, no nada? –me pregunto si todo el dialogo que vamos a tener se va a basar en preguntas.
Lo veo elevar una de sus cejas y yo frunzo mi ceño, ahora sí que esto se siente raro y no entiendo mucho.
― ¿Pasa algo? –murmuro y me acerco un poco a él, viendo que no tiene la mínima intención de saludarme.
Niega con su cabeza y muerdo mi labio inferior, no creyéndole nada. Me acerco lo suficiente para mirarlo detenidamente y la que eleve una ceja ahora sea yo.
― Pedro, ¿Qué pasa? – Peor que una mina, miles de vueltas.
Acá la vueltera soy yo, búscate tu papel flaco.
― Te estuve llamando todo el fin de semana, ¿es poco? –elevo una ceja, si, nuevamente. Su tono es mucho más duro que él de antes - ¿Por qué me excluís de tu vida?
― ¿Eh? –obvio que no entiendo y obvio que estoy esperando a que sonría y me diga que esto es una joda.
― Estuviste un fin de semana con el celular apagado y no sos capaz de reconocerlo, de haber avisado… aunque sea un mensaje.
Bueno, ahora si entiendo que no es una joda, que me está hablando enserio y me dan ganas de reírme, sí, porque esto es cualquiera, ¿ustedes se dan cuenta del planteo estúpido que me está haciendo?
― Pedro, te llame antes de irme –le digo seria – y como no me atendiste te deje un mensaje de voz –reí porque ese mensaje era el horror, creo que fue la primera vez que había dejado uno y me pareció divertido hablarle sola al teléfono – y después, cuando estaba allá intente llamarte, pero la señal era malísima, así que apague el celular –eleva una ceja.
― ¿Y te tengo que creer? –mi mirada se cruza fijamente con la suya. ¿Enserio no me cree?
― ¿Por qué te mentiría boludo? – y como si nada, el tema de la confianza volvía a aparecer.
Es mi karma, mi tema tabú.
― Que se yo –dice, enojado – pero siempre me aíslas de todo, y me hace dudar – PAH en la nuca. Mi mirada es de dolor, estoy a punto de llorar y lo que menos quiero es hacer eso, delante de él. Creo que se da cuenta de sus palabras claramente no medidas y se acerca, y yo me alejo.
― Andate, por favor –le murmuro – si no seguís confiando ándate –lo miro fijamente y seco una de mis lágrimas rápido. Asiento con mi cabeza – enserio Pepe, anda.
― Espera –me dice y se acerca nuevamente a mí – Pau… me la re mande –acaricia una de mis mejillas y yo agacho mi cabeza – perdóname –murmura y levanta mi cabeza.
― No tenes que decir nada –le digo y me armo de valor – yo sé bien como son las cosas. Al menos intentaste… otra vez. –Silencio- quiero estar sola, por favor –murmuro.
Muerdo mi labio inferior, y agacho nuevamente mi cabeza. Siento sus pasos mientras se aleja de mí y al instante la puerta cerrarse. Un suspiro enorme se me escapa, tapo con mis manos mi cara para que unas interminables lagrimas salgan y que todo mi cuerpo se afloje, que vaya a uno de los sillones, y abrace mis piernas.
Solo dedicarme a descargar todo esto que contuve mientras lo tenía enfrente y no soporte la idea de llorar delante.
Suspiro, después de unos minutos en los que logre calmarme, y me dije a mi misma que mañana tenía que dar el parcial tranquila y confiada, y que ir a caminar un poco no me iba a hacer mal.
Me dirigí a la cocina, para ver que había para cenar, y obviamente que encontré: nada.
Bufo, porque yo misma odio ser así: odiar ir al supermercado y evitar ir con todas mis ganas hasta las últimas consecuencias: encontrarme con mi heladera completamente vacía. Me acuerdo que a dos cuadras hay una mercadito por eso, agarro mis cosas y salgo a este. Aprovecho a relajarme mientras el airecito primaveral choca con mi rostro que me hace relajar y sacar toda esa tensión que logre tener.
― ¡Pauli! – escucho que gritan de algún lado y me sobresalto. Paro el paso y busco con mi mirada por todos lados, hasta verlo, y que una sonrisa enorme se me escape.
Muerdo mi labio inferior y hago esos pasos que nos separan para abrazarlo efusivamente y que él también me abrace. Río de la felicidad y me separo un poquito para verlo: está mucho más grande, más lindos y me impulso a dejar un beso sentido en su mejilla.
― ¡Qué lindo verte por acá! Pensé que estabas en Rosario –me dice, yo rio y negó, secando un par de lágrimas que se me escaparon, es que me emociona volver a verlo- Hey, ¿Por qué lloras?
Le sonrío y acaricio su mejilla para volver a abrazarlo.
― Es que me encanta volver a verte –le digo, todavía abrazada - ¿Vivís por acá?
― No pero mi hermana si –dice y yo asiento, muerdo mi labio inferior - ¿vos que haces solita? Ya es tarde –rio y seco mis lágrimas nuevamente – basta de llorar –me abraza.
― Hace mucho no te veía y estas muy lindo eh –el ríe divertido – yo si vivo por acá, hace un par de semanas me mude. Y como no tenía nada en la heladera vine a ver que podía hacer de cenar.
― Comamos juntos –dice y yo elevo una ceja – sálvame de mi hermana preguntándome miles de cosas, por fa –y largo una carcajada.
― ¿Estás seguro? –Él asiente – bueno –sonrío.
***
En mi mano derecha una ensaladera con ensalada de zanahoria y en mi mano izquierda unas milanesas de pollo, directo a la mesa donde él me espera ya sentado, ansioso por cenar y hablar; hacia muchísimo no nos veíamos y hablábamos.― Tuvimos un reencuentro “cuco” –él y sus ocurrencias, yo y me levante de ceja.
― ¿Y cómo sería eso? –pregunto con mi sonrisa divertida.
― Si, yo te vi y te grite entonces vos empezaste a girar en el lugar buscándome, y cuando nos vimos fue una cara de sorpresa –dice y yo rio y asiento.
― ¡Es verdad! Me sorprendiste.
― Fue muy divertido verte girar en el lugar –dice mientras ríe y yo finjo un enojo.
― ¡Hey! –Y ahora reímos los dos – Contame de tu vida, Sebas –digo, después de tomar un traguito de jugo. Me mira como no sabiendo muy bien que contar y yo rio - ¿Seguís tocando la batería? –él asiente con su sonrisa.
― Si, y me invitaron a tocar la semana que viene unos chicos –su felicidad, la mía- me dijeron que les había gustado como toque un día en la escuela y como ellos tenían una presentación…
― ¡Buenísimo! Así que seguro están ensayando mucho –él asiente con su sonrisa.
― Y tu amigo ¿sigue tocando la batería? –pregunta. Ese “amigo” es Pepe y yo sonrío y asiento.
― Creo que hace bastante no toca, pero si, le sigue gustando –sonreí.
― Estaría bueno que toquemos juntos, a ver quién supera a quien –dice, agrandado y yo largo una carcajada.
― ¿Vos decís que arruga? –pregunto divertida y él asiente, para que riamos los dos juntos.
Y simplemente pasar tiempo con él, volver a reencontrarnos me hizo muy bien, volví a morir de amor con sus gestos que algunos, no nos vemos normales, como sus palabras dulces cuando me contaba todo el amor que le tiene a su nuevo sobrinito, o como empecé a contarle un poco de lo que había pasado hace unas horas antes con Pedro y de cómo me hablo sentidamente, de una manera especial que logro tranquilizarme y llegar a pensar que las cosas se iban a acomodar. De cómo nos abrazamos fuertemente y prometimos juntarnos una tarde completa porque claro que no habíamos hablado de todo, y tanto él como yo queríamos enterarnos de nuestras cosas. De su presencia, de esa facilidad con la que se hace querer, de ese rostro tan tierno… de él en sí.
Continuara…
Necesitaba que vuelva, lo necesitaba enserio.
Gracias por bancarme estos días de faltazo.
Y VAMOS QUE QUEDA POCO!!!
JusPauliter.
muy buen capitulo.. espero con ansias el proximo
ResponderEliminarya quiero leer el proximo besos
ResponderEliminarojala pronto pau se reconcilie con pepe!!!
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