sábado, 24 de enero de 2015

Capitulo 192

El sol daba contra mi cara, encandeciéndome un poco, por eso es que decidí enseguida ponerme los anteojos de sol que habían sido parte de mi cabeza (colgados) para después ponerse enfrente a mis ojos aliviándome toda esa luz fuerte que nos regalaba esta estrella enorme.
Camine con mi paso tranquilo a aquella camioneta, les regale un beso a cada uno con una sonrisa, y después, el conductor tomó devuelta su camino.
Baje un poquito el vidrio de mi ventanilla para que entre un aire fresquito, liviano que me hizo relajar, eso es lo que quería, el propósito de este viaje, de este escape: relajar.
La copiloto me saco charla enseguida y el conductor a veces metía algún comentario, si es que lo dejábamos, porque él bien sabe, cuando dos mujeres hablan, no hay opción de poder unirse (como se debe) a una charla.
Quince minutos que me resultaron cinco y sonreí al ver aquella casa, aquel barrio, el sentir este olor tan peculiar que me hacía viajar a mi infancia, aquella que fue tan linda, que ahora me duele pensar tnipara,  que cambiaron las cosas con el transcurso del tiempo.
Baje con mi mochila colgada a mi espalda para entrar después de los dueños de la casa, “sentite como en casa” me dijo él y yo le sonreí. En gran parte la sentia como casa.
Ella, Edi, mi abuela, me dice que deje mis cosas en la “piecita” aquella que siempre que venía a quedarme a dormir (hace bastante que no) era mía, yo solo asentí y le sonreí, para que después de volver me ofrezca a ayudarle en cualquier cosa que ella precise.
Es viernes por la tarde, y después de haber hablado con aquella señora que ya está preparando el agua para unos mates hoy temprano, preguntarle si le molestaba que vaya a pasar este fin de semanas con ellos, y que me diga que no, que ellos mismos me iban a buscar, sonreí feliz, y me dispuse a preparar aquella mochila con ropa para estos casi tres días. Le había dicho que, después de todo lo que paso con nuestros papás lo que más necesitaba era despejarme un poquito, cambiar de aire, sentir un poco de paz (porque además, venía a estudiar, este lunes rindo y… ¡miedo!) y claro que ellos entendieron, y quisieron mimarme, como siempre.
― ¿Y Pepi? –pregunta ella, después de pasarle un mate a él: Gabriel, claro que también quiso sumarse a unos mates.
― Ahí esta –dije, con una sonrisa chiquita y me encojo de hombros- bien, supongo.
Ellos sonríen y muerden su labio inferior a la misma vez.
― Que raro que no quiso venir también –es ella la que habla- hay suficientes camas.
― Si, pero prefirió quedarse –digo y hago una mueca- igual, le di mis llaves del departamento, por si quería pasar el fin de semana ahí. –ahora asintieron entendiendo.
― Me parece bien- dice el abuelo – ¿y tus cosas bien? ¿La facultad?
― Si, bien. Bueno, además de que quería pasar estos días con ustedes, también necesitaba esa paz que solo hay acá para ultimar detalles de los parciales. Ya la semana que viene empiezo y bueno…
― ¿Son muchos Pochi? – la abuela.
― Tres por ahora. Estos son los que me perdí los primeros tres meses que estaba allá –ahora asintieron – pero seguramente más adelante se vienen más.
― ¿Y cuándo es el primero? –curioso, mi abuelo.
― ¡El lunes! – Digo con un poco de ansias, nervios y todo lo que implica que en menos de tres días rinda.
― Ay, por favor. ¿Y así de relajada estas? –dice la abuela y yo largo una carcajada.
En realidad, por dentro estoy muriendo (hace ya tres semanas).

Luego de una rica cena preparada por la mujer de la casa, yo soy la encargada de preparar unos tés mientras ella lava y él seca (todos cumplimos roles), para que una vez que todo este como se debe, volvamos al comedor, él abuelo se despide, porque a él le gusta ver la lotería de media noche y se va a su habitación a verla para que también, nosotras, las mujeres, sigamos hablando, como nos gusta hacerlo, siempre.
― ¿Y Zairita? ¿Ya te volviste a amigar? Me conto mamá que estaban peleadas –muerdo mi labio inferior y sonrío chiquito.
― Si, ya hablamos y arreglamos las cosas –sonreímos- me había mandado cualquiera con ella, va, con todos los chicos… y por suerte me supieron entender y perdonar.
― ¿Ah, con todos era? –Dice y yo sonrío – que bueno que hayan podido hablar entonces, Pochi.
― Si, es que todo fue antes de que yo me vaya, y no había hablado con nadie, no los había vuelto a ver hasta que yo volví del viaje –y ella asintió.
― Volvieron en el momento justo –dice y yo sonreí – o volviste a ellos en el momento justo.
― Una mescla de las dos cosas –sonreímos- son fundamentales. Mucho más Zai que es como mi hermana, y bueno… Pepe, que siempre está –sonrío tontamente.
― Ese chico es un sol –le sonrío – y eso que no lo conozco en faceta de novio –y largo una carcajada - ¿con él también te habías peleado?
― Si –murmuro – y cuando volví también… él sin rencores volvió a mí.
― ¿Y ahora? –rio, un poco nerviosa.
― Ahora estamos bien –sonrío chiquito- volvimos, pero todavía sin etiquetas.
― Muy bien… despacito para que no te estampilles –sonrío y asiento – hay que cuidar ese corazoncito –sonrío.
― ¿Vos tuviste muchos novios abue? –y ella me mira sorprendida y yo largo una carcajada, ella se contagia.
― ¿Qué clase de persona te crees que es tu abuela? –Pregunta divertida y yo rio con ella- En mis tiempo solo pensabas en un hombre para toda la vida
― O sea que el abuelo fue tu único novio –sonrío y ella hace una mueca.
― Fue el único novio oficial. Despues había uno que me tiraba onda, como decís vos –reí – pero Gabriel fue mi único novio, si –sonríe.
― ¡Qué lindo! –digo
― A veces un poco aburrido, pero si… es lindo –reímos- cambiaron un montón las cosas. Hasta en la época de tus papás era igual, no tanto pero… desde chicos estuvieron juntos,  ahora vez a las famosas cambiar de novios como de bombacha –y rio.
― No todas son iguales, abue –le informo – yo solo tuve tres novios: Pablo, Tomás, el chico de Mar del Plata –ella asiente.
― Ese chico me caía bien –reí – lástima que era muy callado.
― Es tímido –sonreí – y bueno, Pedro.
― A Pedro no lo supera nadie, es mi favorito –reí- podrías haberlo invitado, tonta.
― ¿Estás loca? –Reímos- quería decirte gracias –volví a hablar después de unos minutos en silencio- por dejarme venir, los necesitaba –sonrío chiquito y ella acaricia una de mis manos con una suya. Muerdo mi labio inferior – todo lo que paso es tan feo que necesitaba estos mimos –sonrío chiquito.
― Para eso estamos los abuelos: para darles todos a sus nietos lo que sus padres no pueden o no quieren darle –dijo y yo le regale una sonrisa- sé que es horrible Pochi, pero hay que aceptarlo, y para eso necesitas a gente que te quiere, que te acompañe.
― Como ustedes –le sonrío.
― Como nosotros –se para, para acercarse, abrazarme un poquito y dejar un beso en mi frente- te quiero chiquita.
― Yo también te quiero, abuela.

Continuara…

JusPauliter

3 comentarios: