Miedo.
Son las 3:00 am y recibir aquel mensaje, el cual todavía no me atrevo a verlo es raro. Muy.
Me digo que solo es un mensaje, así que decido verlo, sin vueltas.
“necesito que vengas a la plaza, por favor”
Levanto una ceja y suspiro ¿será Pedro? ¿Quién le habrá dado mi número? ¿Y si voy y no es él?
Miedo. Cuando estoy a punto de responderle para preguntarle quién es me llega otro.
“Soy PP” frunzo el ceño y otras miles de preguntas surgen ¿estará bien? ¿Para qué quiere que vaya? ¿¡Yo!?
Suspiro y no pasa ni medio minuto que ya estoy de pie vistiéndome, intentando no hacer ruido para que después, salga por la puerta del costado y que camine esas cuatro cuadras en compañía de mi cigarrillo.
Cuando llego a aquella plaza, lo primero que veo es a él en aquel árbol, suspiro y antes de acercarme me pregunto otra vez que quiere de mí, para después, caminar lentamente a donde se encuentra.
Sin decir nada me siento a su lado, expulso por última vez el humo y lo apago, para que mi mirada se encuentre con la suya. Y al instante él baje su mirada.
No entiendo que hago acá pero no quiero preguntar, no por ahora. Se lo nota raro, como cansado, pienso que es porque son las tres de la madrugada y seguro le toco madrugar hoy. Pero sigo sin entender.
Vuelve a levantar su mirada para encontrarse con la mía y que largue un suspiro.
― ¿Estás bien? –pregunto en un murmuro. Él asiente y me sonríe chiquito. - ¿Entonces? ¿Por qué me mandaste ese mensaje?
Refriega su nuca seguidas veces, se lo nota nervioso, vuelve a bajar la mirada para subirla al instante.
― Necesitaba pedirte perdón por lo de ayer –me dice al fin y yo no dejo de mirarlo – cuando le conté a Gastón lo que te había dicho casi me mata y… tiene razón, no debía decírtelo. –levanto una ceja, ¿esto era? Si ya lo habíamos hablado.
― Pedro, ya te dije que estaba todo bien –le dije, mirando al frente- yo fui la que te pregunto, vos simplemente me dijiste la verdad –ahora volví mi mirada a él – y está bien.
Él asiente y murmura un “igual” al que escuche y no despegue mi mirada de él que se encontraba con la suya en el pasto.
― me sentí mal y… nada, eso –le sonrío chiquito.
― Esta bien Pepe –murmuro – ya está.
Un silencio eterno se creó el que rompió él.
― ¿Te la cruzaste hoy? –me pregunta pero suena más a afirmación que una pregunta. Levanto una ceja ¿Cómo sabia? –me conto –me dice. Y es obvio. Yo asentí lentamente.
― Yo estaba con Agos, y primero me la cruce a Ro… después llego ella y Lali –él asiente- fue incómodo.
― Me imagino –me dice para que lo mire y este también mirándome.
― Yo no sabía qué hacer, ni que decir. Fue muy chocante verla y… saber que ella no quiere ni verme en foto –dije con mi sonrisa – por suerte estaba Agostina que siempre me salva.
Él me sonríe.
― Se hicieron muy amigas ¿no? –pregunta y yo asiento con mi sonrisa.
― Es lo más –murmuro- siempre estuvo.
Él asintió y carraspeó suavemente.
― ¿Tu familia? ¿Anita, Horacio? ¿Todo bien? –él asiente con su sonrisa.
― Ellos siempre siguen igual –Sonrei – un poco más babosos con Lucia –reí. Su sobrinita, si, la hija de Federico y Belén – mis hermanos todos trabajando. Lu esta juntada, Sonia sigue con su trabajo y… Caro ahí anda, buscando –asiento.
― No es fácil encontrar trabajo –él también asiente – me alegro que todo esté bien.
― Gracias –murmura- mamá me rompe las bolas con que vayas a tomar mate uno de estos días –me dice después de unos segundos y yo lo miro- estas invitada por la señora de la casa, así que, cuando quieras –sonreí.
― Bueno, gracias… uno de estos días voy a pasar a saludar –me sonríe- mamá también pregunto por vos –digo y él me mira exagerando una sorpresa y yo rio- aunque no lo creas… no mentira, si después tuviste la re onda –él asiente.
― Me hizo sufrir un poquito igual –reí – y yo que pensaba que al que tenía que tenerle miedo era a tu viejo… pero Ale es la brava – sonreí.
― Papá vuelve loco a Delfi, creo que un poco se calmó con ese tema… pero cuando era más chica la volvía loca –él rio un poquito, asintiendo, seguramente acordándose.
― Pobre Pepi. Hace unos días atrás me la encontré y sigue diciéndome “cuña” –dijo divertido y yo me puse colorada.
― La voy a matar a esa pendeja. ¡No puede ser tan cara rota! –él rio.
― Jajajajaja no me molesta, siempre se portó de diez conmigo y es lo más –sonreí.
― Pero es incómodo –dije y él me miro – a vos no te molesta, pero seguro que a tu novia no le debe gustar mucho. –me miro y le sonreí.
― Puede ser.
Silencio.
Esas últimas dos palabras se repetían por mi cabeza.
Puede ser, puede ser, puede ser, puede ser.
Capaz, pensaba que me diga otra cosa… o no.
Lo vi sacar su cajita de cigarrillos y a los segundos se estaba prendiendo uno, también lo vi cerrar los ojos al inhalar el humo, como si quisiera disfrutarlo, y después abrirlo una vez expulsado el humo.
― No te convido porque a vos te gustan los Philip Morris –me dice divertido y yo sonrío vergonzosa – es muy loco que fumes –me dice después de una segunda pitada. Yo lo miro y asiento, lo sé. – Siempre estuviste en contra de los fumadores y ahora sos parte del club –dice y no sé si lo hace divertido o un poco enojado.
Me encojo de hombros y sonrío levemente sin saber que decir.
― Es verdad… Pero creo que no lo veo como una adicción a lo mío –le digo y creo que no entiende- no fumo mucho, uno o dos por días, y a veces puedo estar sin una semana. Veo a Agos que también fuma y ponele hoy, tuvo que comprarse una tableta de chicles porque como estábamos dentro del shopping no podía fumar –me mira y asiente.
― Yo soy así –murmura- no me molesta, acepto que me estoy cagando la vida… Y punto –ahora asiento yo.
Y otra vez el silencio se vuelve presente.
― Pepe –obvio que no puedo estar ni un minuto en silencio, no cuando tengo miles de preguntas. Él me mira, esperando a que siga hablando - ¿Puedo? –y el asiente.
― Pregunte –reí.
Mi mirada se fijó a unos perritos que jugaban (a su manera) y sonreí divertida, claro que el perrito más grande tenía mucho más ventaja de ganar esa “lucha”.
Decidí ir por esa pregunta, entonces volví a mirarlo y me encontré con su mirada.
― Me intrigas, dale –sonó divertido, a lo que reí y asentí.
― Em bueno, es que por ahí –sus ojos se vuelven más grande como “dale flaca, no des más vueltas”, rio un poquito y ya estoy decidida- ¿Por qué haces como si nada? –pregunto y creo que no me entendió.
― ¿Cómo “como si nada”? –Definitivamente.
― Si… Bueno, el resto de los chicos están enojados o eso es lo que demuestran, no digo que este mal, pero vos… al parecer haces como si nada hubiese pasado, y no sé, es como que para mí, al volver esperaba a un Pedro enojado, y no a este Pedro que… desde que llegue siempre estuviste acá conmigo y… ¡Es raro!
Me mira y baja la mirada al instante, como pensando lo que le dije o lo que me iba a decir, espero que diga algo, aunque no sé si estoy segura, tengo miedo de lo que me va a decir.
― Creo que no me conoces si llegaste a pensar eso. –me dice y, definitivamente no me esperaba esta respuesta. O si- Hace ocho meses que pasó todo eso, y claro que en su momento me dolió y estuve enojado, como seguro vos también lo estuviste –me mira y asiento lentamente- pero… Pau, nos conocemos desde chiquitos, vivimos miles de cosas juntos, y… logramos una gran confianza creo, todo lo que paso, creo que fue porque estábamos viviendo miles de cosas, buenas y malas… y a veces las cosas buenas también destruyen una relación… No te estoy hablando solamente de nuestra relación, si no también la relación que tenías con Zaira y con el resto de los chicos.
― Ya sé, pero…
― Con el tiempo trate de entender todo lo que paso… trate de ponerme contento porque vos estabas allá, en New York disfrutando de tus amigos y con la gran posibilidad que te habían dado, me quede con eso, y miles de veces se los plantee a los chicos… Supongo que tenían razón, que soy un tarado, por pensar en vos y no en mí, porque te encuentro acá, llorando y lo único que me sale es ir y abrazarte, pero… ¿viste cuando simplemente no te podes alejar de una persona, aunque sabes que te va a hacer mal?
Mis lágrimas rodearon por mis mejillas y asentí lentamente.
― Yo… -negué con mi cabeza y me sonrío dulcemente-
― No hace falta decir nada, Pau –murmura y me seca una de mis lágrimas, para dejar un beso en mi mejilla.
Suspire y sonreí.
― ¿Puedo pedirte un abrazo? –le pregunto y él me sonríe, para que abra sus brazos divertido y que ría un poquito para abrazarlo, y que también me abrace. – Gracias –le murmuro.
― Te lo sumo a tu cuenta –me dice y yo rio para abrazarlo un poquito más fuerte.
Esos abrazos que simplemente… sanan.
Continuara...
Merezco comentarios!!! SI, LOS MEREZCO.
Mañana seguramente suba otros dos, no se si voy a poder subir hasta el martes que viene.
JusPauliter.
Ay si este merece comentario, pero xq después tanta esperaaa? Q bueno q Pedro haga lo q sienta y no lo q le dicen sus amigos... al fin al menos una charla juntos.
ResponderEliminarjejeje q vuelteros q son los dos...
ResponderEliminarba en realidad «hay tal crisis».
=).
me encanto el cap❤.
besoss
te mereces muchos comentarios me alegraste el dia ♥
ResponderEliminarayyyy ojala pronto vuelvan a estar juntos!!!
ResponderEliminarayyyy ojala pronto vuelvan a estar juntos!!!
ResponderEliminaraaaaa m encanta tu novela
ResponderEliminarespero con ansias mas cap.
te dejo mi twitter q es @yaninapaz para q m pases cuando subas mas