La miro divertida esperando a que diga
algo, pero ella solo se limita a sonreírme y a morder su labio, sin poder creer
lo que escuchó. Largue una carcajada y ella rio un poquito también para
revolearme un almohadón por la cabeza, lo que causo más risa mía y un grito de
ella, retándome.
Le robo una galletita que está a punto
de comer y a ella se le forma una O enorme para revolearme otro de sus
almohadones. Y que vuelva a reír, levante mis manos en son de disculpas y que
no me crea nada, para que vuelva a retarme.
― ¡Córtala, violenta! –le digo
divertida y ella ahora es la que ríe y se acerca para abrazarme, porque ella
siempre me va abrazar. Y yo siempre me voy a dejar.
El abrazo duro menos de medio segundo que, al escuchar que en la radio comenzaba “Mueve la cintura mamacita como va”
nos miremos divertidas, y nos paremos enseguida para improvisar unos pasitos y
reír.
Hoy las dos estamos de muy buen humor,
y cuando nos juntábamos llegábamos a esto: a estar en la habitación de ella
bailando y cantando diveDespués riendo.
Ella es todo.
Había recibido un mensaje de ella
justo cuando salía de la universidad, para que vaya a la casa, y obvio, en vez
de tomar camino a casa, antes de subirme al colectivo, le pregunte bien que
línea debía tomar para llegar.
Y cuando llegue, ella me recibió con
su abrazo eterno, sabía que lo necesitaba. Anoche me había preguntado como la
había pasado en el cumpleaños de Gastón, y después de contarle, ella un poco
que se puso mal por la situación que viví, así que, “lo que menos puedo hacer
es abrazarte” me había dicho cuando llegue a su casa, la cual compartía con su
hermana.
― Necesito shopping –me dice. Ahora
estamos las dos nuevamente sentadas, después de aquel baile con puras risas. Yo
la miro y levanto una ceja- ¿Qué? Que vos no tengas plata no significa que yo
no tenga derecho en ir a un shopping –me dice divertida y ahora soy yo la que
le revoleo un almohadón.
― ¿Quién es la que tiene casa propia?
¿Eh? ¡Yo! Y vos no.
― Cállate, forra –reí- ¿Vamos? Dale,
acompáñame.
― Con la condición de que me compres
algo –ella ríe descaradamente y me contagia un poco - ¡Agostina!
― Move, dale.
Le sonrío triunfante y después de
levantarme le apretó sus mejillas (tal abuela babosa) y muerdo una de ellas,
para que ella se queje y me pegue en mi hombro, causando mi risa.
Cuando llegamos al shopping, ella ya
había visto un vestido re lindo, lo que reí, creo que es peor que yo. Obvio que
entramos y al probárselo se enamoró aún más, mientras ella miraba más ropa yo
estaba colgadisima con una remerita lindísima que había visto, la cual me la
probé y después de preguntarle a Agos a ver cómo me quedaba, ella insistió en
que me la tenía que llevar.
Y mi idea era no comprarme nada.
Ella ya tenía cinco bolsas en manos y
hacia una hora que estábamos acá dentro. Después de pasar por todas las
vidrieras, como gordas fieles, fuimos al Mc, en donde nos pedimos las dos un
cuarto de libra para sentarnos y disfrutar con un vaso de Coca Cola fresquita.
― ¿Tiene novia? –pregunta y yo la miro
obvia. Siempre terminamos hablando de Pedro y… no me gusta.
No en este momento.
― Rocío no me quiere decir nada –rodee
mis ojos- pero el día ese que lo cruce en el supermercado ¿te acordas? –la vi
asentir- estaba con una flaca riéndose, muy juntitos.
― ¿Vos viste bien? Capaz vos te estás
haciendo la cabeza y es una simple amiga.
― Boluda, los vi –me mira sonriente-
¡enserio! Además, no sé porque decís así, porque él tiene el derecho de rearmas
su vida. Como yo.
― Discúlpame pero vos sos la que me
vive hablando de Pedro, ¡boluda! –reí.
― Ay, “discúlpame” ¡Anda! –Mordió su
labio inferior y amago a tirarme con una papita, a lo que reí- Yo te hablo de
él porque me busca, mi idea el primer día que llegue era evitar cruzármelo,
pero… vivo cruzándomelo, ¡Y me da una bronca!
― ¿Bronca? Pero bien que te encanta
que te abrace en la placita donde se pusieron de novios, te encanta que te
acompañe a tu casa de noche y también te encanta que te pida fuego y que se
quede charlando con vos mientras fuman un puchito –Sonrei - ¡Ves!
― No me ayudas Agos
― Bueno pero vos tampoco logras algo
con un “¡y me da bronca!” –dijo imitándome exagerada para que riamos- cuando el
flaco vuelve a aparecer en tu vida y te mueve toda la estantería.
Muerdo mi labio inferior y bajo mi
mirada, para volverla a subir y que me esté mirando sonriente para que también
sonría.
― Me da bronca enserio. Porque sabes
que no esperaba esto, yo me esperaba a un Pedro todavía enojado, odiándome, no
se… Y llego, y como si nada él aparece y… ¡Lo odio! –reímos.
― Capaz, es por algo que te busca ¿no?
–Frunzo el ceño – a ver, antes de irte estaba todo mal con el flaco ¿no? –Y yo
asentí- y ahora, hace como si nada… Capaz quiere de alguna manera entenderte,
o… ayudarte a recuperar a tus amigos.
― ¿Por qué lo haría? –le digo, sin
entender.
Ella levanta sus hombros y me mira,
sin saber que decir. Yo bufo, ahora estoy más confundida.
― ¿Por qué no le preguntas? Debe tener
sus motivos. –niego, no quiero preguntar más.
― Me da miedo. La última vez que le
pregunte algo me entere que mi ex mejor amiga no me quiere ni cruzar.
― Pau, ya te dije… después de todo lo
que paso, ¿no era un poco obvio que pase eso? –asentí.
― Una cosa es saberlo y otra es que te
lo digan –dije divertida y ella me sonrío, para morder su labio inferior y
negar.
Me distraigo un poquito para
encontrarme con una pareja de abuelos compartiendo un helado, que al señor se
le caiga un poquito para ella ría y lo ayude a limpiarse su camisa, y que lo
rete obvio. Sonrei
La ternura que trasmiten me puede y
tengo muchas ganas de sacarle una foto.
Vuelvo la vista a mi amiga y también
se encuentra en otra, por eso aprovecho para armar un bollito con una de las
servilletas, y arrojársela en la cara. Que ella me mire sin entender nada para
que ría descaradamente y que se contagie un poquito.
― ¡Te calmas! –reí nuevamente.
― Deja de colgarte Agostina –me sonríe
– voy por una revista –le aviso- ¿me esperas?
― Voy, así aprovecho y me compro un
tabletita de chicles –su vicio cuando está en lugares que no puede fumar.
Y sin más nos levantamos de nuestros
lugares para ir a aquel quiosquito chiquito donde vendían de todo.
Pero en el camino me encuentro con Ro
y le sonrío.
― Es Ro –le digo a Agos que ya me está
siguiendo- ¡Ro! –Le digo, contenta de verla, aunque nos vimos ayer y ella me
sonríe - ¿nos estas persiguiendo? –digo divertida y ella ríe un poquito para
dejar un beso en mi mejilla y luego en la de Agos.
― ¿Cómo están chicas? –nos pregunta y
le sonreímos.
― Todo bien Ro, ¿vos? ¿Estás sola? –le
pregunto y me sonríe chiquito.
― Bien, em no… Estoy con Lali y con
Zaira –dice y mira para atrás, buscándolas, y yo también me encuentro
buscándolas. Un poco incomoda- se quedaron en una vidriera –me dice y yo
asentí. Miro a Agos y ya me está abrazando por la espalda. Le sonrío. –
Ustedes, ¿también comprando? –pregunta con su sonrisa.
― Aprovechando que cobramos –dice Agos
con su sonrisa.
― Yo la vine a acompañar, no puedo
gastar ni medio centavo… ¡Pero! –y ahora reímos las tres- me compre una
remerita re linda – y se la mostré a la rubia.
― ¡Es hermosa Pochi! Por algo sos
diseñadora indumentaria, tenes buen ojo –reímos con Agos.
― Cuando quieras, ya sabes -dice Agos divertida- además, que amamos la
moda, amamos comprar.
― ¡De Pau no es novedad! Tenemos que
salir juntas así me asesoran –dice y nosotras asentimos sonrientes.
― ¡Ro! –escucho una voz…bastante
conocida y me encuentro con Lali y Zaira. – Ya estamos –murmura Zaira.
Nos mira a Agos y a mí y mis ojos se
cristalizan, quiero abrazarla, pero no.
― Hola –Dice al fin Lali para
saludarnos y dejar un beso en la mejilla de mi amiga que no me deja de abrazar,
para después dejar uno en la mía.
― Hola –murmuro. Y ahora es Zaira
quien nos saluda. Le sonrío chiquito y carraspeo suavemente.
― ¿Cómo estás? –le pregunto
amablemente, pero Rocío no le da tiempo a responder.
― Bueno Pau, nosotras vamos a seguir,
sacamos entradas para ir al cine si no, no llegamos- me dice con su sonrisa. Y también
les sonrío.
― Dale –dije.
― ¡Disfruten! –dijo Agos. Y sin más,
ellas se fueron.
Nos quedamos mirando un momento hasta
que, sin decir nada, me abraza y yo le sonrío.
― Lo que te quiero boluda –le murmure-
gracias.
― Sabes que no tenes que agradecer
nada –me dice y yo le sonrío- dale, vamos.
Llegar a casa después de toda una
tarde junto a Agos, la cual, al principio fue muy divertida, ella es divertida,
ella es la que siempre te sube el ánimo, ella es la que me abrazo hasta que yo,
pude normalizar mi mente para después de comprarme aquella revista y ella sus
chicles, salimos, ella para su casa, yo a que todavía seguía siendo mía… ¡Hasta
mañana!
Al abrir la puerta principal de casa,
un rico olor me invade y sonrío.
― ¡Que rico olor! Eso es lo que
extrañaba allá –dije, divertida, para caminar unos pasos y encontrarme con mis
papás en la mesa del comedor, mirándome divertidos.
Dejo un beso en cada una de sus
mejillas, para después sentarme al lado de papá y que me sonrían.
― ¿Cómo estas Pau? –pregunta mamá y yo
sonrío.
― Bien –sonrío chiquito- estuve todo
el día con Agos, ella es lo más –digo y me sonríen.
― ¿Pasearon mucho? –pregunta esta vez
papá.
Esos cuestionarios que me hacen desde
que tengo trece años, y ahora con casi veintiún año siguen haciéndomelos.
Cuestionarios tan de ellos.
― Tomamos mates en su casa, y después ella
quiso ir al shopping para comprarse ropa, así que la acompañe y aproveche en
comprarme una remerita –ellos negaron a la misma vez. Comprar, tan de mí- después
fuimos al Mc y nada –les sonrío.
Evite el reencuentro con Zaira porque sabía
lo que me iban a decir, lo mismo de siempre: que nos dejemos de joder, que
ambas nos extrañábamos, y miles de cosas más, es que ellos no entienden, y yo
no tengo ganas de darles explicaciones. No ahora.
Con papá pusimos la mesa para poder
cenar, y que al instante llegue mamá con la comida, y que entre charlas y un
poquito de risas cenemos.
Ya estoy recostada en mi habitación,
con mis auriculares escuchando U2 que es capaz de relajarme, mientras leo una
novela que empecé a leer hace un mes, y como allá estaba en otra, o simplemente
colgaba mucho, decidí retomarla, merecía ser retomada, es una muy linda
historia, y ahora, me pongo a pensar ¿Cómo es que colgué tanto allá? Claro que
estaba totalmente en otra, era como… Otra Paula, así me había dicho Agos, y
creo que tenía razón, me había mostrado diferente, había demostrado que no me
importaba nada, porque en verdad era así, solo estaba ahí por un trabajo al
cual cumplí y respete esta gran posibilidad que me dieron, que seguramente sea única
en mi vida, una convivencia constante con mis dos mejores amigos y con un chico
al cual no conocía, Sebas, pero se hizo querer… de una manera extraña, porque
no éramos amigos, pero tampoco éramos novios, yo había finalizado una relación muy
importante, y él me respeto, siempre me respeto, siempre fue dulce y divertido
conmigo. Es una gran persona.
Pero no lo sentia como una persona a
la cual podría enamorarme completamente, capaz, porque todavía no podía (puedo)
sacarme de la cabeza a Pedro, o porque... sin dudas, es eso, no hay más motivos
y es una lucha constante conmigo misma, porque siento que esto que me pasa
tarde o temprano me va a hacer mierda, pero es inevitable.
Necesito olvidar, olvidarlo.
JusPauliter
Necesito asi un reencuentro o celos de Pedro por verla con alguien, nose algo asi...ay. :'(
ResponderEliminarNo seas mala! quiero que se reconcilien con sus amigos y que vuelvan con Pepe! al menos que comiencen verse mas, algún que otro beso! algo!!! dale!!!! jaja
ResponderEliminarhay cuanto falta para que se reconcilien?.besos espero el siguiente
ResponderEliminar