― Delf –y este es el momento en el que me doy cuenta de que tengo una voz de dormida que me delata - ¿Todo bien? –vuelvo a preguntar cuando ella no es capaz de decirme un simple “hola”
― ¿Podes venir a casa? –su voz es frágil y la preocupación es más grande.
― ¿Qué paso Delfi? ¿Estás bien? ¿Papá y mamá? –miles de preguntas y ya estoy buscando con la mirada una camperita finita y mi cartera por si tengo que salir rápido.
― No dejan de gritar, mamá amenaza a papá con que se van a separar y papá esta re sacado –su voz rota. Miles de lágrimas salen y rodean mis mejillas – ya sé que es tarde Pau, pero por favor, veni, o voy yo… no quiero estar sola –me murmura y suspiro.
Escucharla así me mata, es Delfi, la Pepi… mi hermanita, sin ella no soy nada. Y estamos hablando de que mis viejos se están peleando a los gritos, fuerte, de que mi mamá quiere separarse ¿entienden? Todo es una mierda, todo.
― Estoy saliendo para allá –digo, ya cerrando la puerta de mi departamento – tranqui Pepi, encerrate en el cuarto o algo. – y ya sé que no es tan chica, que no tiene cinco años, pero tiene dieciocho, tres años menor que yo y me sale la hermana protectora, me es imposible, y mucho más cuando fue ella quien me llamo que me necesitaba.
El viaje a casa solo tomaba unos diez eternos minutos, los cuales se me están haciendo eternos, no dejo de pensar en las palabras que acaba de decirme Delfi: “…mamá amenaza a papá con que se van a separar y papá esta re sacado…” y unas lágrimas volvieron a aparecer, la angustia me inunda formando un nudo en mi garganta, siento que… que no puedo con ellos separados, ni siquiera me los imagino separados, siempre me demostraron cuanto se aman, los unidos que son el uno al otro, y ahora salen con estas peleas, que no es nada nuevo, pero… ahora, justo en este momento me parte al medio, no puedo asimilarlo, no quiero.
Siempre me enseñaron que teníamos que hacer una familia unida, la cual, con altibajos lo logramos, siempre estuvimos juntos, pasamos cosas lindas como también feas, y… no puedo, juro que no.
― ¿Señorita? –escucho y me sobresalto. Me limpio las lágrimas y veo por el espejo retrovisor al chofer – Ya llegamos –me dice suave y yo asiento. Veo en ese aparato cuando le debía y con una sonrisa fingida, después de entregarle el dinero bajo del auto.
Suspiro, y me mentalizo que ahí adentro están mis padres, seguramente todavía discutiendo, una hermana encerrada en una de las habitaciones que me necesita y… necesito ser fuerte, necesito que me vea fuerte para lograr que ella sea fuerte.
Tomo valor y abro la puerta con mis llaves, al instante de abrir la puerta se escuchan los gritos con más claridad y al verme, se callan y recibo la mirada de ellos dos: mis papás. Trago saliva y me mentalizo otra vez: tengo que ser fuerte, no puedo ser frágil. No ahora.
― Pau –dice una Alejandra con su voz suave, nada que ver a la de hace un instante. Me mira sorpresiva - ¿Qué haces a esta hora acá? –murmura y se me acerca.
Papá todavía se encuentra a un costado.
Los miro con cara de indignación, de bronca… de tristeza.
― Me llamo Delfi –digo y sueno fuerte. Sonrío para mis adentro.
Y no sé qué más decir, no sé qué decirles, no me salen palabras, toda la fuerza se está yendo al carajo y sacudo mi cabeza suavemente.
No, no ahora.
― Pau –ahora dice papá y sus ojos son de tristeza, al igual que los míos. Niego con la cabeza, no quiero que me digan nada, solo quiero estar con Delfina.
Y eso es lo que hago, sin decir nada, me voy directo para la habitación de Delfi y me la encuentro a ella sentada en la cama, aferrada a sus piernas, con la mirada a la nada. Cuando me ve, sonríe chiquito y explota. Explota en un llanto y yo solo puedo abrazarla, nada más.
Como cuando éramos chiquitas, y ella se lastimaba, lloraba y lloraba y yo como no podía hacer mucho, simplemente la abrazaba y aunque no se le iba el dolor de la lastimadura o mágicamente se le cicatrizaba, sentia un alivio el estar con ella. Obviamente que cuando estábamos las dos en plena adolescencia nunca ni un abrazo ni un “te quiero”, hasta que yo crecí un poquito y me di cuenta que es mi hermana… Que es lo más importante que tengo, al igual que mis papás y que sin ellos no soy nadie. Y ese es el punto, sin ellos no soy nadie, sin esta familia unida, sin esta loca que me toco como hermana, con su locura tan linda, sus momentos de rebeldía, sus travesuras, porque si, con 18 años seguía haciendo travesuras, con sus momentos sentimentales en los cuales me decía o demostraba lo importante que soy también para ella. ¿Cómo no estar en estos momentos? En los cuales teníamos que estar unidas, confiar, confiar en que todo se iba a arreglar y que íbamos a salir adelante como la linda familia que siempre fuimos.
― Fue horrible, te juro –me dice, secándose sus lágrimas, después de minutos abrazadas, ella se separó un poco- fue horrible- repite, su voz no se reincorpora y yo ya tengo lagrimas a punto de salir- escuchar a mamá diciendo –hipó- diciendo que se iban a separar –y su llanto nuevamente, el mío. Quería demostrarme firme pero no puedo, no cuando estamos hablando de mis papás – me muero si se separan boluda, te juro que me muero – negué y nos volvimos a abrazar.
Un abrazo eterno, un abrazo que dice más que mil palabras, que demuestro compañerismo, que demuestra amor, que significa un “unidas”.
― Pepi –murmure
― No quiero que se separen, no quiero Pau, no quiero –su llanto, el mío.
Mordí mi labio inferior y tape mi cara con mis dos manos, no podía más, no puedo verla así, yo tampoco quiero que pase eso, juro que no.
― Quiero que siga todo bien, como antes, que no hayan más peleas y que se quieran como antes –dijo.
― Me matas boluda –le digo, con mi voz rota – me matas –y la abrazo nuevamente- daría todo porque todo sea como antes – me apoyo en sus hombros- doy todo por esta familia, y no quiero, no puedo… no me imagino a esta familia rota –suspire – va a sonar boludo, pero ahora más que nunca tenemos que estar unidas, tenemos que estar unidos como familia, somos dos contra dos –dije divertida- nosotras contra papá y mamá, demostrémosle que nosotros damos todo porque esta familia siga adelante.
― ¿Cómo? –murmuro.
― Uniéndonos –dije – uniéndonos como familia.
Me quedo mirando por un segundo completo para después suspirar.
― ¿Vemos una peli? –me dice y yo le sonrío, para después asentir.
Y acá estamos, las dos acostada en su cama de plaza y media viendo Disney que en este momento está pasando Juegos de Gemelas, ambas (y seguro medio mundo más) la vio miles de veces, pero como la amamos, nos enganchamos (como las mil y una veces que la vimos) y la miramos riendo en esos momentos que son divertidos que siguen causando risas.
Me despierto y veo la hora en mi celular: 01:30, Delfi está dormida hace rato, después de ver la peli, nos quedamos charlando de cosas banales y quedamos dormidas, todo parecía estar en silencio, los gritos ya no se escuchaban “brindaba la paz” aunque sea por un momento.
Me levanto cuidadosamente, no quiero que se despierte, me calzo las zapatillas y después de salir de la habitación cierro la puerta. La luz del living esta prendida y noto que alguno de los dos, o los dos, me está esperando.
Y es papá quien se encuentra sentado en uno de los sillones, mientra hace zapping tratando de encontrar algo divertido. Cuando me siente cerca despega la vista del televisor para encontrarse conmigo y sonreírme chiquito, que se acerque y sin decir nada, me abrace.
Que me funda en sus brazos y sienta esa contención, la cual yo se la había dado a Delfi, y ahora era el turno de él que me la de a mí que me encontraba igual o peor que mi hermana. Al sentir su abrazo fuerte, no pude contener mis lágrimas y por eso, si es posible, me abrazo un poquito más fuerte.
― Tranquila mi amor –me murmuro mientras acariciaba mi espalda – Todo va a estar bien –me prometió y lo mire con mis ojos hinchado y mis mejillas mojadas. El suspiro y trato de sonreírme, seguramente él también estaba mal- Las amo, y quiero lo mejor para ustedes –me dice mientras secaba una de mis lágrimas- y si eso significa separarme de tu mamá… lo voy a hacer – y rompí en llanto, él nuevamente me abrazo.
― No voy a poder –le dije hipando- no lo voy a soportar papá –le dije mirándolo- por favor –le suplique- no nos abandones –y rompí en llanto- por favor.
― Mi amor –su voz se rompió y me abrazo- siempre voy a estar con ustedes, siempre… no importa las circunstancia, siempre –y yo negué.
― No destruyan la familia… Quiero que siempre estemos los cuatro juntos –dije con lágrimas- yo… yo puedo ayudar –dije- enserio… puedo alquilar el departamento o venderlo y volver para acá, ayudarlos trabajando, lo que sea –dije desesperada- pero no se separen papá… por favor.
Y me abrazo fuerte, para que logre calmarme, y él también se calme.
― Te amo hija –me dice en un susurro- prometo que vamos a salir adelante ¿sí? –Me dice acariciando una de mis mejillas- Las cosas con tu mamá siempre fueron difíciles, pero vamos a salir adelante, yo lo único que quiero es que ustedes estén bien.
Mi sonrisa chiquita y que esta vez lo abrace yo. Sé que las cosas entre ellos siempre fueron complicadas, pero siempre salieron adelante, solo esperaba que está no sea la excepción, sin exagerar, ellos lo son todo en mi vida y no me puedo imaginar las cosas diferentes, no ahora, y tampoco creo que pueda mañana o pasado.
~
La mañana en la universidad se me había hecho eterna y no sé si es porque estaba en otra o en realidad había sido pesadísima. Creo que me quedo con la primera suposición, es la que más encaja en este momento en el que estoy pasando.
Despues de aquella charla con papá que me dejo mucho más tranquila, me dijo que me quede en casa, ya era tarde para volver en taxi, que mañana él se encargaba de llevarme a casa a buscar las cosas y llevarme a la universidad, y la verdad que le agradecí la invitación me veía incapaz de llegar al departamento y encontrarme sola, sabía que iba a ser mucho peor, por eso, él me busco algunas frazadas y me acomode para dormir en mi antigua habitación. Y tal como él había dicho, al despertarme papá ya me estaba esperando con el desayuno servido (amaba esto), Delfi se levantó al ratito y con una sonrisa, lo cual agradecí hoy era otro día llegue a la conclusión. La abrace en forma de saludo, y después de desayunar, papá me llevo. Mamá seguía durmiendo, según papá tenia turno de tarde. Al llegar a la universidad fue Agos quien (con el paso de los años llego a conocerme mucho) me abrazo al ver mi cara y le agradecí, muchísimo.
Ahora me encuentro caminando junto a Sabi que me invito a almorzar, en la parada del colectivo, cuando me llega un llamado del cual no sé quién es porque dice en mayúscula número desconocido frunzo el ceño y Sabi me mira divertida y me dice gritando “¡Atende!” y le hago caso.
― ¿Hola?
― ¿P-Paula? –escucho una voz femenina.
― Si ¿Quién habla? –pregunto, un preocupada.
― Soy Lali –silencio – Em…
― ¿Está todo bien? –no entiendo su llamado y me preocupa de que le haya pasado algo a Ro o Gas. Por otra cosa no me llamaría, lo sé.
― Solo quería saber si… ¿Podríamos hablar? Quiero decir, juntarnos a hablar… Ya sabes, de todo lo que paso.
Y mi sonrisa inmensa, olvidando todo lo que me está pasando.
― Si –murmuro- Si –digo aclarándome la voz.
Y solo espero a que las cosas se vayan acomodando.
Solo eso.
Continuara…
Capitulo difícil pero necesario para la historia, lo sé, no me digan nada, tampoco me gustan estos capítulos, pero juro que cada vez falta mucho menos para que todo se arregle.
Este capítulo (si me permiten) me movilizo muchísimo, y no se… basta chau
(estoy infumablemente sensible)
Comenten!!!!!!!!!!!!!!!
JusPauliter
Que lindo y triste el capitulo... que bueno que Lali la llamó, esperemos que vuelvan a esa amistad que tenían y ojala todo esto ayude a que Pepe la contenga mucho a Pau.
ResponderEliminarQue vuelvaaaaa la amistadddd, era tan linda.
ResponderEliminarLindo y triste el capítulo.. Ojala se arregle con los amigos! O aunque sea con Lali y de a poco con los demás... Con lo que le paso creo que lo va a necesesitar..
ResponderEliminareste cap me llego me paso algo parecido muy bueno besos espero el siguiente
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