Le hice señas al taxista para que pare, pero este ni cinco de bolas y siguió de largo. Bufe, pelotudo.
Ya eran las cinco y media, y no quería llegar tan tarde, aunque bueno, ya lo es. Sé que seguramente ya están los demás y mi idea había sido salir temprano para ir temprano y volverme temprano.
Pero esto de ser indecisa.
Me propuse caminar hasta la esquina, seguramente así era más fácil parar un taxi. Lo ideal hubiera sido subirme a la línea de colectivo que me dejaba cerca de lo de Gas, pero no, quise ir en taxi.
Y acá estoy.
Lo bueno que en la otra cuadra había una parada, así que, camine hasta esta, y después de preguntarle si estaba libre al tachero, y asentirme, subí.
“Voy en camino” le conté a Ro que me había preguntado, también vía mensaje de whaveíasi venia.
― ¿Señorita? –me pregunto el tachero. Un hombre grande. Levante una ceja al verlo por el espejo retrovisor. Todavía no habíamos arrancado- ¿Me puede decir la dirección?
Reí nerviosa, me disculpe y obvio, se la dije. Entonces ahí sí pudo arrancar.
El viaje iba a ser largo, así que me decidí por escuchar la radio que tenía en sintonía el chofer y mirar por la ventana.
Hace ya dos años que no vivía lo que se dice vivir completamente en esta linda ciudad, y aunque la inseguridad es constante nada le saca lo lindo a esta ciudad, viví en Rosario, y después por unos seis meses en New York y aunque es totalmente distinto a esto, no cambio esto.
Bueno, eso lo digo ahora que recién vuelvo.
El taxi freno frente al edificio en donde viven mis amigos, después de pagarle y agradecerle, baje con mi cartera y la bolsa en donde llevaba el regalo del cumpleañero.
Seis pisos por el ascensor y que llegue al departamento D, dentro se escuchaban miles de voces y alguna que otra risa.
Nervios.
Toma aire como si fuera a tomar alguna decisión difícil, bueno, en realidad lo era, era no solo entrar a ese departamento sino, seguramente (re)encontrarme con todos. Y eso no sé si es bueno o malo.
Suspire y golpee con mi puño tres veces la puerta.
Más nervios.
Daba golpecitos con mis uñas en mi cartera, hacia bucles a mi pelo, me apretaba mi nariz, no doy más de los nervios y ¿es que tanto van a tardar en abrir?
Cuando estaba decidida a tocar nuevamente, la puerta se abre y el cumpleañero es quien me recibe con una sonrisa, la cual, al verla me saca una a mí.
― ¡Pochi! –su felicidad, siento que todos al escuchar ese grito (todavía sin saber quién está dentro, pero ya adivinando) se hace un silencio y si estaba incomoda ahora aún más.
― ¡Feliz cumple rubio! –dije, sonando feliz y le regalo un abrazo enorme y después un beso en su mejilla- ¿Cómo la estás pasando?
― Muy bien –su sonrisa- Veni, pasa. –me invita - ¿vos, todo bien?
― Si, todo bien. Esto es tuyo, espero que te guste. Estuve toda la tarde eligiéndolo.
― ¿Vos te llamas Paula o “indecisa”? –Me molesta y muerdo mi labio inferior para que ría- Estamos todos en el patiecito, ¿vamos?
“estamos todos…” ¡Miedo!
Asiento, me sonríe y me toma de la mano para guiarme al patio.
No está muy lejos aquel patio en donde se encuentran “todos” y como me gustaría que sea eterno aquel pasillo que pasa por el comedor, luego por la cocina, lavadero y ahí está la puerta que al abrirla, toda las miradas fueron para nosotros.
Y yo me tilde.
Agradecí que Gas todavía me tuviera de la mano, porque creo que me caía si no.
― ¡Pau! – me destildo la voz de Ro y le sonrío, ahora soy capaz de actuar de estar bien, y por eso la abrazo- ¡Qué lindo que estés acá! –me dice y le sonrío.
― También es lindo verte loquita – vuelvo a abrazarla y por el rodillo de mis ojos veo como me miran atentamente.
― Veni, acércate –me murmura y yo asiento.
Una mesa enorme, ocupada casi toda por lo que eran antes mis amigos que no dejan de verme y sonrío un poco incomoda. Empiezo a saludar como si nada a todos con un beso en su mejilla y también recibo su saludo.
Fuf.
Ro me hace sentar a su lado, donde del otro lado esta Romina.
Situación incomoda es mínimo con lo que siento.
Veo a mí alrededor. Todos cambiados.
Están todos, solo falta Zaira y me pregunto el porqué, pero no quiero preguntar. No deja de ser incomodo el clima, hasta que llega Gas divertido con mi regalo. Y rio.
― Te odio, me vas hacer llorar – En una de sus mano tiene un retrato con una foto de nosotros dos, es de antes de irme, pero es hermosa. Y en la otra mano un jueguito de la play 3, a la cual, por lo que me conto Ro, no para de jugar, y estaba averiguando hace bastante por este jueguito. Y ya que lo vi, se lo compre.
― La que me va a odiar es Ro –dije con mi sonrisa y me pare porque me quiere abrazar –tonto.
― Te quiero tanto, tanto. ¡Muchas gracias! Y me encanto la foto –sonreí.
― Yo también te quiero Gas –deje un beso en su mejilla.
― ¡Mira boludo! –Ahora le dice a Pedro que lo mira con la misma felicidad y rio. No dejan de ser unos nenes- ¡A ver si me ganas ahora con este!
― Te tengo de hijo desde hace un montón Gastón, no sé qué decís –miro a Ro que ríe divertida, al igual que el resto.
La tarde va pasando, totalmente divertida, a lo que logro relajarme y distenderme un poquito. Me había olvidado los divertidos que eran, y que siempre con ellos la pasabas muy bien, hasta hoy, cuando hacía meses que no los veía y había pasado miles de cosas, feas, claro.
Me ofrezco a ayudarle a Ro con las tortas, en realidad tengo miedo de quedarme sola, Gastón esta en otra con Pedro y Thiago que no dejan de hablar de aquel juego y Romina, Celeste y Lali no me dirigieron ni una palabra. No me quejo igual, es lógico.
― ¿La estas pasando bien? –me pregunta la rubia y le sonrío.
― Si, que se yo. Acá lo importante es que Gas disfrute y claro que es obvio que está disfrutando –ella ríe y muerde su labio inferior.
― No te miente cuando te dice que está feliz con su juego –reí y asentí – es un nene, y Pedro y Thiago nunca se quedan atrás. –sonreí.
― Eso es obvio- dije con mi sonrisa.
Volví con un plato de cosas dulces a la mesa, y al instante me aleje un poco para poder fumar sin molestar a los demás. Se lo molesto que es.
Mi vista es a la nada, sonrío y me propongo disfrutar del primer cigarrillo del día. Un vientito suave corre a lo que hace que uno de mis mechones se ponga en mi rostro, para que lo saque con mi mano libre y vuelva a colocarme el cigarrillo en la boca para darle otra pitada.
Tercera pitada y recién ahora me doy cuenta que Pedro me está mirando un poco divertido. Lo miro y no entiendo que me mira tanto.
― ¿Me das? –frunzo el ceño. El ríe – Fuego, Paula.
Yo rio divertida y suspiro.
― Si, obvio- y lo busco para él en mi cartera.
― Gracias –me lo entrega y yo asiento, mientras largo el humo - ¿Hace cuánto fumas? –pregunta curioso y yo lo miro.
― Antes de irme empecé –murmure y él asintió- igual, no es que fume todos los días. Solo las veces necesarias –volvió a asentir.
Silencio.
Lo miro y él también me mira.
― ¿Qué? –pregunta.
Niego y murmuro un “nada” que no lo convenció mucho, por eso no aparto la vista de mí. Sonrío.
― Me divertí mucho cuando empezaron a festejar con Gas, por el juego – largo una carcajada a lo que yo reí un poquito – no piensan cambiar más ¿no? –pregunte divertida.
― Hey, cambiamos bastante ¿Qué decís? –Sonrei y mordí mi labio inferior – vos tampoco cambias más –me dice, serio y yo no dejo de tildarme viendo esos ojos marrones claritos- digo, siempre con tus mordeduras de labio, tan tuyo –reí y de inercia volví a morderme el labio.
― Odio hacerlo, te juro, pero me puede –dije y él rio.
Más silencio.
Se escuchaba buena música, y ya Gas estaba bailando con Lali divertidos, mientras Rochi no dejaba de entrar con comida. El resto seguía charlando y riendo.
Todavía me parecía raro que Zaira no este. Y como sentia que con Pedro podía hablar, me atreví a preguntarle.
― ¿Puedo preguntar algo? –le dije, algo tímida.
Lo vi asentir mientras expulsaba el humo y al instante tiro el cigarrillo ya fumado para terminar de apagarlo.
― ¿Por qué no vino Zaira? – Él me mira sorprendido – digo, están todos y es raro que ella no haya venido.
Levanta sus hombros.
― No es raro –murmura- sabe que volviste.
Levanto mi ceja y mis ojos se cristalizan. Mi respiración es irregular y no quiero llorar. Vuelvo a mirarlo y me encuentro con su mirada.
― Me pidió que cuando te vayas le avise –murmuro. Baje mi mirada y seque mis lágrimas que estaban a punto de salir- Pau – dice mientras apoya una de sus manos en la parte alta de mi espalda. Me obligo a volver a mirarlo- no te lo digo de forro –asentí.
― Fui yo la que pregunto ¿no? –asintió.
Otra vez silencio.
Me odia. Le hice tanto mal que me odia, lo sé, no hace falta que me lo aclaren, y también sé que ellos, lo que de vez en cuando nos miran sin entender mucho, me odian, porque la hice sufrir mucho, porque seguro ellos también sufrieron y también a Pedro… Que siempre estuvo, aun ahora, que volví y estuvo ayer, está hoy.
Y nunca supe valorarlo.
― Me voy –murmure y él me miro. Asentí – Chau Pepe –murmure y deje un beso en su mejilla, para tomar mi cartera y entrar al departamento donde se encontraban los dueños divertidos.
― Apa, al fin te soltaron ¿no? Digo mucha charla con el señor Alfonso –dice divertido Gastón y yo sonrío. Unas lágrimas rodean por mi mejilla – Hey, chiquita- dijo, cuando se dio cuenta de mis lágrimas para abrazarme- ¿Qué paso? ¿Te dijo algo? Lo cago a trompadas.
― No Gas –dije con mi voz quebrada- enserio –sonreí- él no hizo nada. Tengo que irme.
Y llego Pedro.
― Pedro ¿Qué le dijiste? –dice Gastón.
― Para Gas, enserio que no dijo nada. Soy yo –le sonreí.
― ¿No queres hablar? –Me dice Ro –podemos ir a la habitación –negué.
― Esta bien Ro, enserio –ella asintió- los dejo, pero nos estamos hablando ¿sí? –Gas asiente- termínalo lindo –dejo un beso en su mejilla y lo abrazo un poquito.
― Chau Pepe –me despido nuevamente de él y no le dejo decir nada que ya me estoy despidiendo de Rochi que me acompaña hasta la puerta, insistiendo en que hable, pero no tengo ganas y me entiende.
Me regala un abrazo larguísimo y pido el ascensor que no tarda en llegar, para entrar y así bajar.
Y otra vez me encuentro en la búsqueda de un taxi, o mejor dicho un taxista que esté dispuesto a llevarme a casa, pero todos los que pasan siguen de largo y me frustro más de lo que estoy. Camino hasta la esquina dispuesta a esperar alguno, no quiero llamar a papá para que me busque, no en mi estado.
― ¡Pau! –Escucho y al darme vuelta me encuentro a Pedro- perdón por decirte eso, no quería hacerte sentir mal.
― Esta bien Pedro, es la verdad, de alguna forma me lo esperaba que sea así –él me mira y asiente.
― Te llevo –me dice- tengo el auto enfrente.
― No hace falta –le digo- gracias. Dale, anda, volvé.
― ¿Por qué no queres? –me dice.
― Porque no es justo. No me podes llevar a todos lados, además estas en el cumpleaños de tu amigo, y… ahí está un taxi –me mira, mientras freno el taxi- Chau Pedro –lo saludo con mi mano y subo a aquel taxi.
Esta vez le digo la dirección de casa enseguida al taxista, para que salgamos lo más rápido posible.
Y llegar a casa.
Ir a mi habitación y que por fin deje salir mis lágrimas.
Que triste! No termino de entender a Pedro!
ResponderEliminarQue se arreglen pronto!!!
Ay pobre q dificil, yo ni hubiese ido.....
ResponderEliminarLindo el capitulo pero quiero que se reconcilien con Pepe y con sus amigos! es lindo que Pepe se le acerque para no dejarla sola pero ya quiero que vuelvan a estar juntos! por favor!!!!!!! dale!!!! jajaja besos
ResponderEliminarAy que triste :( igual está bueno un poco de barro sino es aburrido todo color de rosas. :D
ResponderEliminarQue triste toda la situación!!!
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